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Categoría: Educativos

Instante fugaz...

Todas las personas cuando iniciamos una relación amorosa, apostamos, al principio muy poco y cada vez un poco más. Apostamos ante la familia, ante los amigos, apostamos ante nosotros mismos, con entrega e ilusión, le decimos al mundo, ¡hemos apostado en serio, eh! y, salvo pequeñas excepciones, el mundo normalmente se alegra por nuestra alegría, se enorgullece con nosotros por nuestra decisión. Y hemos apostado tanto que en nuestra mente no cabe que tal vez nos hayamos equivocado; cuando estamos cansados, cuando estamos dolidos, cuando apreciamos diferencias notables entre nuestra realidad y la de los demás, nos decimos: no puede ser, ¿cómo voy a haber tenido tal ceguera yo?, debe ser que están ciegos los demás. Y así pasan los días, los meses y los años, ante las pequeñas frustraciones nos decimos, tal vez fue un mal momento, un mal día, ante las desilusiones más grandes simplemente nos repetimos, no puede ser, el mal momento lo debo tener yo y ante las grandes congojas que nos invaden no somos capaces nada más que de decir, hemos apostado bien, un día todo cambiará, nos hemos apostado el corazón y en tan grande apuesta no se puede fallar.

Y nada cambia y nada falla, no hay momento extraño en que se produzca un abrir los ojos definitivo, una convulsión radical, todo es plano, tranquilo y prolongado en nuestro pensamiento, nos mecemos en la tolerancia y nos resignamos a la ambigüedad.

Pero un día nos levantamos y la sonrisa interior ya no la sentimos igual, tratamos de bostezar, desperezarnos como si todo fuera un sueño pero todo es muy real. Se caen a pedazos los desconchados de la habitación y en nuestro corazón sucede igual. Intentamos no verlo, no sentirlo, huir, intentamos que todo se encaje de nuevo como debe ser, como debe estar y por dentro comienzan a rugir los motivos, caen a plomo las ilusiones, los anhelos y se apagan las luces de nuestro irreal teatro de sueños.

He aquí un enfoque, mi enfoque personal de porqué se tarda tanto tiempo en comprender que algunas personas nunca cambiarán.

pero...

¡Existe una forma de empezar a remotar!, existe un momento en que la luz se enciende, es muy pequeño, ¡es casi fugaz!.

Y es ese preciso instante en que levántandonos de nuestro sillón favorito, dejándolo humecido de lágrimas, con pie tembloroso pero traspasando con la mirada cualquier pensamiento abatido que trate de impedirnos el paso, de hacernos caer de nuevo en nuestro cómodo sillón, nos acercamos con valor a la ventana, la abrimos de par en par, respiramos hondo y miramos al Sol y con los ojos alzados y la cabeza alta le decimos al cielo que nos contempla: ya estuvo bien, ya comprendí, ya no necesito llorar más.

Y después de decirlo... de repente, vemos una habitación llena de polvo, vemos unos libros mal colocados, una mesa desordenada con millones de papeles anónimos, cartas sin abrir, regalos sin agradecer, llamadas sin hacer y un espejo... que hay que limpiar.

Nota del autor:
Yo un día me levanté de mi sillón favorito. Os deseo con todo mi corazón, a todos aquellos que aún necesitáis llorar... un cercano y bello instante fugaz.
Datos del Cuento
  • Categoría: Educativos
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3 comentarios. Página 1 de 1
alejandra
invitado-alejandra 27-05-2005 00:00:00

Si me permites,sacaré alguna idea de éste,lo mío tiene mucho de similitud,algunas cosillas,pero es casi,jajaj,alejandra

sigri
invitado-sigri 07-05-2005 00:00:00

bellisimo de llegar a lo mas profundo de los sentimientos con tu calida luz, ojala siempre lo conserves. Mis saludos.

Joaquín Ledo
invitado-Joaquín Ledo 07-05-2005 00:00:00

Existe una cosa con capacidad para llenarnos de alegría ahora y de tristeza dos segundos después. ¡La endorfina” dirán los médicos... puede ser. Sin embargo quién puede disparar la producción de endorfinas... muchas cosas. Una sonrisa, un beso, una caricia... Solo el amor tiene capacidad de favorecer la producción de endorfinas y de paralizarlas por completo... en un instante fugaz... Joaquín PD: Te presto mi “mascota para los días grises”. Alguien a quien quiero me la regaló.

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