Voy a matar a mi vecina. Lo haré mañana. No me deja otra opción. Debe ser considerada la reina de la antipatía y la impertinencia del mismo condominio donde, por esos errores del destino, hemos elegido vivir. Es más, a lo mejor y con un poco de esfuerzo de su parte bien podría llegar a ser digna representante nacional.
Me voy a convertir en un asesino desquiciado y voy a desgraciar mi vida pero estoy completamente decidido y seguro que valdrá la pena. Será algo excesiva mi intención pero luego de meditarlo tantas veces he llegado a la conclusión de que esa es la mejor solución por el bien de mi tranquilidad y buen humor y, con seguridad también, para la armonía del resto de inquilinos que como yo, sospecho, se pasan horas pensando, dando vueltas en la cama, en la forma menos horrenda de acabar con su existencia.
La causa que alimenta el odio hacía ella y altera mi sosiego, radica en el ruido escandaloso que emite sin piedad su despertador que nunca escucha y menos apaga. El sonido que dispara aquel aparato sólo puede ser comparado con el volumen de una alarma de un camión de la compañía de Bomberos, o la bulla que expulsa una campana de escuela fiscal anunciando el fin de las clases, el fin de año y tal vez, en este caso, el fin del mundo.
Son más de cien las veces, que vestido en pijama, le he tocado la puerta con el fin de que quizás me escuche y apague su maldito despertador que empieza a enloquecer a medio edificio. Martha, que así se llama la mujer más insoportable del planeta, sale indiferente a la puerta me sonríe con la mejor cara de idiota que puede improvisar y me explica con distintos pretextos semanales el sonido que sale de su departamento: Durante un tiempo me dijo que el ruido se debía a su nuevo y moderno horno microondas que le avisa, con tremenda bulla, que la comida esta lista. Otras veces que se ha comprado una tetera que le indica, por medio de tanto estruendo, el inicio del agua hirviendo y en el peor de los casos y cuando anda con prisa que simplemente se olvido de apagar el despertador, que lo siente y que “Por favor, ya no me jodas”.
Pero es imposible no incomodarla con mis visitas matutinas. Es el colmo que yo tenga que despertarme para luego despertarla a ella y pedirle, de algún modo, que apague su aparato que nunca escucha. No tiene problemas auditivos que bien podría entender y si a lo mejor tiene problemas mentales debería comentarlo, pero nada eso es cierto es completamente normal o al menos, sana esta. Trabaja sus ocho horas diarias, sale con chicos de vez en cuando que cada cierto tiempo deja o la dejan y algunas veces recibe la visita de unos personas ancianas que sospecho deben ser su padres, abuelos o personas que ella contrata para no sentirse sola.
No me importa su soledad, me importa solo la mía y que me deje dormir bien. No conozco su habitación pero con seguridad afirmaría que debe estar tan o más desordenada que la mía. Sólo la he visto una vez que me abrió la puerta demás y observe sin querer que, entre cosas menos importantes, tenía una guitarra gris en su sillón. Espero no tenga una banda y menos que la lleve a ensayar a su sala. Podría ocurrir una desgracia peor. Además de acabar con ella, también eliminaría a sus amigos musicales.
Ya es tarde y me voy a dormir. He rezado con la única intención de rogar que mañana muy temprano me despierte a las nueve horas y no antes por culpa de su alarma que me obligará a levantarme, tocar su puerta y pedirle de favor, que desconecte su aparato. Sólo que esta vez, es muy probable que lleve un arma en el bolsillo.
decia q ya era hora q volvieras a las andadas...y omo siempre linfo my bebito fiftilyn.te quier, tu mami panzon