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Categoría: Sueños

Horizonte en el cielo

Sobrevolábamos la isla; en un momento determinado la azafata nos indicó abrocharnos el cinturón pues el aterrizaje sería en quince minutos. Yo cerré los ojos, no por miedo, me gusta volar, sino por tratar de comprender qué se siente cuando se está suspendido en el aire, rozando con la mirada las nubes, es tan insignificante lo que se ve allá abajo que tal paisaje produce un entendimiento enorme de lo absurdos y limitados que somos todos en este mundo.

El avión comenzó a descender, abrí los ojos para observar a través de la ventanilla un sinfin de sensaciones, el efecto de las alas atravesando las nubes marcaba la resistencia de aquel pesado pájaro a posarse con suavidad sobre el suelo, el cielo azul e intenso quedaba en lo alto, allá con su propio horizonte. Era curioso comprender como un paisaje puede encerrar en su interior otro, a menudo vemos el horizonte de nuestra tierra y no somos capaces de imaginar que allá en las alturas también el cielo tiene su propio límite, su propio horizonte, medité.

Fue entonces cuando de nuevo cerré los ojos y me puse a pensar...

Imaginé que tú no me habías escrito nada, mucho menos para necesitar decirme adios, de la misma forma de siempre, otra vez, imaginé que nada habías leido nunca, que todo lo habías superado sin palabras, en la piel, imaginé también que nadie andaba creyendo que ya me había vencido y que ya podía descansar y callar, porque no logré entender nunca dónde estuvo esa batalla que con tanta soberbia necesitó luchar conmigo. Imaginé que no había huido para no sufrir, que llegado ese día especial todo eran besos y afecto y cariño, imaginé abrazos y aunque no lograba identificar quién me los daba, no me importaba, eran abrazos, alas abiertas de afecto y cercanía, sentidos momentos robados a la realidad. Imaginé que todos sonreíais, había niños, había padres y madres orgullosos de serlo, había amigos, incluso imaginé que había gente ausente tan solo por disfrutar de unas merecidas vacaciones, no por evitarme a mi; imaginé que no había gestos hoscos ni desesperados por saber de mi sentir, por adivinar más. No advertí burlas, tampoco sentí rabias, mi sonrisa no hacía daño, todo era armonía y calor de unidad. Os imaginé al pie de mis pensamientos arropando con calor de simple amistad y camaradería un sentido instante en el que todo era paz, dulzura, emocionado momento palpitando de autenticidad. Te imaginé a ti acercándote pausadamente, dándome un beso, preguntándome, qué tal el vuelo? yo contestándote, todo tranquilo y suave, muy hermoso, añadiendo con ilusión, pero... ya tenía ganas de volverte a ver, te echaba de menos. Imaginé que alguien reía pero con risa unida, con risa de amor, imaginé que alguien suspiraba pero por el cansancio del viaje, imaginé que alguién gritaba, gritaba con entusiasmo: mirad que bello está el Sol!.

Y por continuar imaginando, imaginé que unas nubes se enrredaban en mis cabellos cambiando mi color y que el viento jugueteaba con mis ojos haciéndolos abrir y cerrar de forma soñolienta y tranquila, sin percibir peligros, ni miradas austeras, ni detalles fríos. Imaginé unas alas blancas saliendo de mi espalda, agitándose con suavidad, permitiéndome emprender un vuelo por toda la estancia, dejándome descubrir huecos, personas, viajando a paisajes de ensueño, cascadas de agua, naturalezas espléndidas, con secretos escondidos en besos entre las piedras oscuras de una playa.

Me despertó de nuevo un ruido, un pitido, abrí los ojos, ví una luz; entonces comprendí, el viaje llegaba a su fin y en apenas breves minutos tocaríamos tierra.

Fue extraño... mis ojos aunque despiertos miraban fijos al asiento delantero pero seguían imaginando; hubo un instante en que imaginé que todo se perdía y chocabámos contra el vacío y sin dolor dormíamos para siempre en aquellos asientos, en silencio; y entre mis ideas la sola ilusión de que todo lo soñado fuera por un instante realidad me hizó descubrir una tímida lágrima de brillo en mis ojos; ojalá fuera todo así de bello, así de sencillo, me dije en un suspiro cuando un posado brusco del tren de aterrizaje me hizo recobrar de golpe el sentido de la realidad.

Al bajar del avión solo respiraba, mientras una suave brisa y un Sol espléndido se posaron en mi rostro. Levanté mi cara y traté de recordar porqué estaba allí, tan lejos, tan distante. Ya no imaginaba nada, aquellos días iban a ser para mi la única realidad que vivir.

Al regresar ahora he imaginado que hubo un día especial en mi viaje, en que un detalle tuyo o de alguien, me hiciera sonreír. Pero nada hubo, y ese día me sentí como en ese vuelo, chocando en un vacío de sentimientos, batiendo alas para sostener entre todos los abrazos de mi gente cercana mi sonrisa y que nadie comprendiera que si cerraba los ojos... imaginando un sueño, por un instante, sin saber bien porqué, no me importaba morir.
Datos del Cuento
  • Categoría: Sueños
  • Media: 5.4
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Comentarios


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2 comentarios. Página 1 de 1
Lébana
invitado-Lébana 28-07-2006 00:00:00

Hay mucha dulzura en tus sueños y a l mismo tiempo destilan tristeza. Hermosos como todos tus escritos y llenos de sensibilidad. Un beso

El autor
invitado-El autor 28-07-2006 00:00:00

Un beso Lebana, muchas gracias por tu amable comentario.

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