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Categoría: Románticos

Historia de una vida

Día tras día, desesperación tras desesperación, engaño tras engaño, podía resumirse en la pérdida de luz en su bello rostro, en la pérdida de la alegría que le caracterizaba. La última mujer a quien confesó su amor lo había rechazado como tantas otras veces, pero él no aprendía la lección porque necesitaba a alguien a su lado: unas finas manos que le acariciasen la piel, unos finos labios que lo besaran, unos lindos ojos que lo miraran fijamente y lo descubrieran sin temer a ese miedo que invade nuestro cuerpo cuando intentamos que nuestra mirada no sea capturada por aquél a quien en secreto tanto amamos.
Como siempre intentaba animarse recordándose a si mismo que él no pecaba de ser mala persona, ni de ser antipático, ni tan solo de fealdad. No se valoraba. Creía ser una persona cargante para los demás, una persona que no hacía nada bien, alguien que se abstenía de actuar con naturalidad para no hacer algo que no gustara a la gente. Pero sus palabras de consuelo no surtían ningún efecto en su derrumbada moral que seguramente cuando aquel oportuno amigo lo llamase para verse y reir un rato volvería a ponerse en un nivel aceptable. Siempre había ocurrido así y parecía destinado a ello.
Valoraba mucho a sus amigos. Realmente los quería aunque nunca lo demostrara abiertamente. Pero nunca se había sentido integrado en ningún grupo, o eso creía él. Siempre decía que no sabía sacar un tema de conversación interesante. Cuando conocía a alguien era muy abierto y no tenía prácticamente ningún pudor a actuar con naturalidad, seguramente para ofrecer una buena imagen. Pero esto bien poco duraba. Poco a poco sentía que no sabía de que hablar con aquella persona y la culpabilidad de no dar conversa se lo iba tragando puesto que creía que él tenía que ser siempre quien las empezara y hablar de algo en todo momento con todo el mundo. La presión le podía. Necesitaba ser siempre amable con todo el mundo porque se pensaba que si no perdería los amigos. De pequeño había sufrido mucho con los niños de su escuela y ahora era sumiso de todo el mundo. Pero al igual que él intentaba quedar bien con los demás el también quería que los demás nunca le fallaran ni se enfadaran con él aunque el verdadero motivo fuera un mal día. Si esto sucedía su moral volvía a bajar y como ocurría con sus amores la historia se repetía.
Ya harto de tanta monotonía en su vida intentó cambiarla encerrándose en si mismo y dejando de mostrar los pocos sentimientos que ya dejaba ir a la gente.
Pero hete aquí que una fría mañana de otoño, cuando se decidía a comenzar un nuevo curso escolar, allí la vio. La persona más maravillosa del mundo, más bella, con la voz más hermosa que hombre alguno y vez alguna pudiera oír. "Es esto el amor?" Se preguntó él. Y es que, aunque no la conocía aun, de repente pareció enamorarse. Al principio intentaba controlarse para no caer de golpe en su trampa de amor. Así, la intentaba ver como a una amiga más. Más tarde se permitió el lujo de adorarla tan solo un poquito en sus más secretos e íntimos pensamientos a los que ningún mortal podía acceder, creyendo que no le haría daño ese minúsculo exceso. Pero tuvo que suceder. El amor se apoderó de su alma y su corazón hasta llegar un momento en el que casi no podía controlar sus impulsos. Cada vez que la veía se derretía, caía a trozos. Cada vez que su voz acariciaba su tímpano su amor en forma de presión fortísima en su pecho le pedía libertad, le pedía acariciar su piel, le pedía oler su aroma, le pedía un beso. Pero su timidez era más fuerte y por eso decidió aguardar en su pupitre la ocasión oportuna para besarla con tal firmeza de saber que lo que hacía era lo correcto, de que aquél era su amor verdadero, el que tanto tiempo anduvo buscando, aquella dama con quien habría envejecido por cien vidas sin cansarse. La amaba. No, perdón, la deseaba, como a nada en este mundo. Y él estaba de brazos cruzados sin saber qué hacer, como actuar.
En las últimas lunas había recibido apasionadas miradas suyas que, aunque su ingenuidad le impedía descifrar mirada o gesto alguno, no hacía falta entender demasiado del tema para saber que quizás podría tener alguna puerta de su corazoncito abierta, quizás podría al fin vivir feliz eternamente. Pero en un último momento de inseguridad, en una última gran explosión de amor y goce, su timidez volvió a vencer, convirtiéndole, ahora sí, en el protagonista de la más triste historia de amor. Su vida.
Datos del Cuento
  • Autor: Victor
  • Código: 6027
  • Fecha: 24-12-2003
  • Categoría: Románticos
  • Media: 5.86
  • Votos: 81
  • Envios: 3
  • Lecturas: 1582
  • Valoración:
Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
lucy
invitado-lucy 06-01-2004 00:00:00

Me gustó, este tambien me pareció muy bonito, un saludo victor, de lucya.