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Foto en sepia

2:33 a.m. No lo sé. Pero lo supongo. Lo que si sé es que ya es otro día y que es la última madrugada que paso en este balcón maravilloso, que durante los últimos ocho meses me tuvo adicta a él. Es difícil pensar para mi que por la mañana después de haber dormido unas cuantas horas, me arreglaré, tomaré mi aromático café, abriré el ventanal, caminaré por mi balcón, contemplaré la bruma helada que cae y le diré adios a mi cerro, mi montaña gigante, no sin antes recordarle, que estoy enamorada de él, y que fue estando frente a él, que se me vinieron a la cabeza muchas ideas, muchas. No puedo dejarlo sin darle las gracias.

Se suponía que ya estaba en casa, quiero decir mi hogar de siempre. Qué había vuelto al hogar. Qué mis padres y mis hermanas estaban felices de ello después de haberme encontrado patéticamente irreconocible y al borde de la muerte hace apenas un mes, y que por lo tanto me llevaron de vuelta para una completa y sana recuperación. Qué me dijeron: "Laury, tranquila, ya has dado demasiado. Debes de tratar de estar en paz". Y hasta mi galán por la red me pidió que por favor le prometiera que iba a descansar. Fue muy lindo y muy tierno al decirme que yo era joven, que me recuperaría pronto, pero que más tarde iba a olvidar lo sucedido e iba a regresar a mis "presiones" y lo iba a resentir. Yo sé que el tiene razón: sé que la tienes. Es más, desde este ensayo, te dejo un beso. Prometí hacerte caso y aunque no lo creas, lo voy a cumplir.

No es que me justifique por haber tomado mi maleta hace un par de días por la noche y le haya echado dos gorros negros (uno liso y otro con plumas), tres blusas, tres jeans, cositas para la mujer, mi abrigo, mi bolso y mis gafas negras, y que haya salido por la madrugada para después de manejar ocho horas por carretera, venir a entregar parte de mi trabajo a esta ciudad (soy todologa: administradora, publicista, coordinadora de espectáculos y eventos especiales, y escritora), pero que mi mayor anhelo era estar en este balcón. Necesitaba pensar, y hay sitios en los que las ideas se me agolpan como galopada de caballos: el salón principal de mi hogar, la cabaña de Las plumas Hermosas, mi estudio, en donde por la red encuentro a mi muso de la inspiración y mi balcón, donde a pesar de los tres grados bajo cero, me encuentro ahora.

Sé que escribir esto, es otra de mis tantas historias. Hay que reconocer que no todas son iguales. A esta solo quiero imprimirle un sesgo de dulzura. Es real. No es un hilvanado con maestría, pero tampoco le dejo cabos sueltos. La prefiero con gracia, humor e inteligencia.

En alguna ocasión, leí que los escritores escriben solo un libro, muy independiente de que publiquen 100. Yo, no escribo libros, escribo alguna que otra cosa, y bueno, toma aire, y sale a la luz. Pero de entre todo lo que en un momento dado haya o vaya a escribir, creo que a pesar de la falta de "cache literario" literalmente hablando, esta noche, me apetece este artículo, como un "no me olvides".

En el transcurso del día, hice varias cosas, claro, todas relacionadas con mi profesión. Después, agarre mi cámara e hice lo que nunca: tomé como cuatrocientas fotos, y no exagero. Claro, yo me incluí en algunas, aunque no creo que sean esas las de mejor exposición. A nadie se le va a ocurrir cruzar una calle corriendo, detenerse a la mitad de ésta cuando tiene un bomerang de autos a casi cincuenta metros de distancia, voltear de espalda hacia ellos, llevarse la cámara a un brazo del rostro, sonreir, click y flash!! .

Verdad que no??? Pues sí.

A mi si, y estoy que ya quiero revelar eso. Claro, la adrenalina me subió a mil, pero la necesitaba. Después (bien, siempre hay un después), seguí caminando, y llegué a mi clásico "Café del Museo", y me despedí de quienes en tantas noches, fueron cómplices de mis tareas. Bueno, me despedí del señor del carrito de "Hot dogs" que está en la misma plazoleta, y hasta de la policía montada (en bicicleta), por qué no? .

Y ahora, (también hay ahora), ya sola, con todo listo, pienso, creo, vivo.

Hace un rato, antes de llegar aquí, me tope con que como siempre, me elaboré una pregunta: Cuál será el secreto, para elaborar historias que hablen de amor, poder y destino, para llegar al alma y al corazón de seres con convicción? .

La luz de éste piso deslumbra. Pero no intimida. La figura del Cerro de la Silla en pleno Monterrey, se recorta nítida contra un desmesurado horizonte. Grande, y en el centro, pareciera clavada la barba perfectamente cuadrada de un hombre, como un rey, eléctrico e impaciente que discute horas y horas con sus editores del país, "tratando de arreglar el mundo", como si manejara vendado de los ojos, el secreto de un místico.

Debe haber alguna clase de hilo conductor que me atraiga a él. Sólo sé, que me da la sensación de no estar sola, y me hace pensar que el ser humano no ha contestado preguntas básicas, y la que se me ocurre de pronto es: Quién soy? .

Siento que faltan desafíos, y eso vacía la vida de proyectos.

Para mí, lo que hago es mi vestido.

Me planteo también respuestas. En lo que hago, cuento experiencias, claro, cada quien sacará sus propias conclusiones.

Antes de que terminara este año, quise volver aquí.

En la vida, hay que tomar decisiones, y tener valentía para vivir los sueños. Comúnmente, describo un paisaje. Hoy no quise hacerlo. Mejor es crear en la imaginación, y por eso, yo aquí.

Me río sola pensando en los días de convalecencia que me recetó el doctor.

Recuerdo que cuando me lo dijo, yo le lancé un reverendo "Qué???!!!!". Creo que se tiró de carcajadas por mi espontaneidad. Nunca sabré si solo me dijo, que sería su paciente consentida para siempre, de verdad, o si lo dijo sólo para darme por mi lado. Pero me hizo sentir especial.

Quiero creer que me dijo la verdad.

Hoy cayó en mis manos lo que mi mente escribe: Este ensayo, habla con mi alma, y necesito comprenderlo, aún, después de haberlo terminado. Creo que mi lado más fuerte, siempre ha sido la intuición y hace un par de días, esa testaruda, me trajo acá. A mi balcón, enfrentándome a mi cerro, el que por cualquier motivo, un día escalé, pero del cual debo despedirme para escalar más alto, o dicho de otro modo, para llegar a donde quiero llegar.

Amo la aventura.

Los aventureros amamos lo que es posible, no lo que ya conocemos.

A mi hermoso Cerro de la Silla:

Tu, siempre serás único en mi, así como yo, seré única para ti.

Pd. La Foto en Sepia, la revelo mañana (porque también, hay mañana).
Datos del Cuento
  • Categoría: Urbanos
  • Media: 6.03
  • Votos: 70
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Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
Ma.Beatriz Osorio
invitado-Ma.Beatriz Osorio 05-05-2003 00:00:00

Es uno de los mejores, si no el mejor, de los cuentos que he leido en esta pagina. Felicitaciones a su autora, me gustaria tener mas datos de ella, o algun mail donde pueda escribirle.

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