El niño preguntó a la niña: Si tuvieras que pedir un deseo a un genio, tú ¿qué pedirías?
Yo, yo, pues yo... a mi me gustaría tener tiempo para poder conocer a todas y cada una de las personas de esta tierra. No, mucho mejor, quisiera tener tiempo para poder dar un beso y mi sonrisa a todas y cada una de las personas de este mundo, dijo la niña de forma resolutiva.
Pero eso no es un deseo práctico, protestó el niño, ¿no te das cuenta?, eso es imposible, no puedes ir a conocer a todas las personas de este mundo, son muchísimas y están en muchos lugares, no vas a poder llevarles tu sonrisa, tu deseo no vale, tienes que pedir algo que sea más normal, más material, algo que se pueda conseguir tener, que se pueda comprar, hombre, los deseos los realizan los genios y los genios te pueden conseguir cualquier cosa, tú solo tienes que pedir, a ver dí entonces, ¿qué pedirías? volvió a preguntar el niño.
La niña, dudó unos momentos y después con voz entregada, encogiendo su sonrisa y mirando con sus ojillos tristes le dijo al niño:
Pues no sé, es que si no puedo pedir eso... pues no sé ¿tú qué pedirías?
¿yo? dijo el niño emocionado en la fantasía de sus pensamientos, yo pediría, humm, pues yo pediría... pues por ejemplo, mira, yo pediría un enorme avión, pero el más grande del mundo, para poder ir en él y visitar todos esos paises que me gustaría conocer, uno descomunal, grandioso, un avión especial, con potentes motores, el más rápido, yo sería el único que tuviera un avión así!, sentenció con ilusión el niño.
Anda dijo la niña ¿y tú avión volaría rápido?
Sí, sí, dijo el niño, sería el más rápido del mundo.
Ah y ¿cómo sería de grande?
Pues, no, sé, pero sería el más grande de este mundo, uno enorme, no sé pero muy grande, kilométrico, no habría uno más grande que el mío.
Ah, dijo entonces la niña con su carita de alegría, entonces yo ya sé lo que pediría...
¿el qué? dijo el niño confundido y sorprendido.
Pues yo no necesitaría pedirle nada al genio, te pediría a ti el avión, afirmó con ilusión la niña.
Ja, ja, comenzó a reir el niño, pero ¿para qué quieres tú un avión así?, ja, ja, no me hagas reir, un avión tan grande, tan rápido, y tú tan pequeña, más bien diminuta, ja, ja, que me parto... ¿qué harías tú con ese avión?
Pues es fácil, dijo la niña en tono molesto por tanta risa, te lo pediría porque necesito meter en él a todas las personas de este mundo, así vendrían a mi y me daría tiempo a darles un abrazo, mi sonrisa y un besito a cada uno... tú crees que así me daría tiempo, ¿verdad?
El niño por un momento quedó confuso ante semejante pregunta pero ignorando lo que acababa de oir, como si una luz de entendimiento aflorara en sus ojos y atrapara su voluntad de personita, preguntó: oye, ¿y tú crees que yo podría pilotar ese avión?
Claro, dijo la niña, como si la respuesta fuera algo obvio, ¿no ves que sin ti no podría conseguirlo?
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La imaginación es ese punto infinito que se nos escapa de las manos en el preciso instante en que se apodera de las ilusiones de dos niños para convertir lo imposible en... cercano.
Quienes lo leimos lo recordamos, quizas no textualmente, pero si su escencia llena de sentimiento, ese sentimiento que le pone azul a todos sus escritos, gracias por tu regalo. Un cariño enorme para ti.