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Categoría: Misterios

Estigmas

Esa noche empezó mi desgracia en el cuerpo desnudo y perfecto de esa mujer, seguro debes estar pensando que no soy nada original pero fue así, debo confesarte antes de empezar mi historia que esa fue la única ocasión que pude fijarme en la belleza de su cuerpo desnudo, que pude verla a ella, no sientas celos, tal vez porque la vi bien sólo una vez aún me parezca un cuerpo de formas perfectas. Recuerdo que estaba ligeramente girada hacia la pared, como una gata contorsionada que en búsqueda de la posición más sensual tortura sus músculos. Vi sus minúsculos senos perfilados hacia el techo, la línea de su cadera no muy pronunciada, sus nalgas redondas, blanquecinas, pero no pienses que sólo vi eso por ser hombre y porque simplemente fui ahí para saciar mi deseo de macho y cumplir con el ritual que, supuestamente, todos los hombres cumplen aunque sea una vez en sus vidas, fueron las sábanas las que no me dejaron ver muy bien sus piernas porque estaban enredadas en ellas, pero pude percibir que eran carnosas, en otras cosas, como sus brazos o sus manos me fijé vagamente, el ambiente del cuarto alquilado era muy oscuro, te juro que lo intenté y te aseguro que si hubiera visto bien el peligro en su mirada hoy estaría a salvo, pero me estoy adelantando, aún no debes saber que suerte corrí, sigamos en el cuarto, la noche de nuestro primer encuentro.

Debí imaginarme que era una trampa, era un manjar demasiado delicioso para ser colocado diariamente ante seres tan hambrientos, esa mujer hermosa que de repente se colocaba tules y comenzaba a danzar frente a mí no podía ser tan fácil de adquirir, es que ni siquiera tenía un precio inaccesible para un hombre trabajador, como lo era yo, cuando aún era útil, está bien, está bien, no emitiré más juicios de mí mismo, de eso te encargas tú, lo sé, pero es que me lleno de nostalgia al recordarme antes de conocerla y de enamorarme de ella, pero ¿dónde me quedé?, ah sí, estaba danzando frente a mí, debo acotar que nunca se lo pedí, ella simplemente se puso sus tules y comenzó a bailar, me clavaba sus ojos de hechicera, parecían dos llamas amarillas encendidas que recorrían mi cuerpo quemándolo de tanto no tocarlo, “me estás volviendo loco”, le dije, y ella me respondió con media risa: “ese es mi destino...”, frase que interpreté como que esa era su tarea, ¡qué equivocado estaba!, debo decirte de una vez que ese realmente era su destino y ella fue honesta, por lo menos me avisó que me iba a volver loco, que yo me haya dejado ya era problema mío.

Volviendo a lo que contaba, su danza me estaba encendiendo de tal modo que ya empezaba a sentir dolor, esa es una de las cosas que aquí entre nós odio de ser hombre, uno no puede excitarse tranquilo porque le empiezan a doler las bolas y hasta que no acabas no te dejan de doler, o sea que no disfrutas nada como debe ser porque lo que quieres es acabar de una vez antes que el dolor sea el que acabe contigo, sé que debes estar pensando que esto no tiene que ver con la historia, pero te lo digo para que sepas que me le abalancé encima como una bestia no porque lo fuera sino porque quería evitar que el dolor creciera, así que de una vez y sin besuqueo ni nada la penetré y le di y le di hasta que acabé, ni siquiera me fijé en su placer y sólo hasta que terminé con mi barbarie me di cuenta de que ella veía el techo con mirada de quien comprende y espera a que se le pase el arranque de histeria a uno más, eso me dio rabia, aunque sabía que era lógico que estuviera acostumbrada, pero de todos modos, la rabia es de humanos y a cualquier hombre eso le causa por lo menos desconsuelo, conociendo tanto como conoces la mente humana, debes entender eso. La cosa es que me dio tanta rabia que me paré y empecé a acomodarme el pantalón que ni siquiera me había quitado por completo, pero me volvió a sorprender cuando me acarició el cabello y me dijo: “te faltan como seis horas, pagaste la noche completa y no se aceptan reembolsos”, me lo dijo con tanta dulzura que me quitó toda la rabia de encima, fue la primera vez que me dejó desarmado, no, te miento, fue en ese momento que me dejó desarmado para siempre, sentí ternura, lástima, ganas de protegerla, de descubrirla, odio este lado femenino que mi madre me inculcó, esta maldita curiosidad por saber todo lo que no debo saber y querer entender el alma de cuanta persona conozco aunque a ella le haya pagado para conocerla, al final, al no saber qué decirle le hice la pregunta más inútil que podía hacerle, le pregunté que si le había hecho daño, no te rías, de verdad le pregunté eso, pero a pesar de lo tonto e inútil de la pregunta, parece que fue la clave para que me empezara a abrir su alma porque me respondió que nunca nadie le podría hacer ya más daño y por supuesto que eso me picó más la curiosidad y me propuse indagarla, conocer su vida, entender su mente, si mi padre estuviera vivo me diría “yo te lo dije imbécil, no seas entrépito, no te metas en lo que no te importa”, pero nunca le hice caso a mi papá y en ese momento ni me acordé de él, ni en ese momento ni las semanas subsiguientes, porque déjame decirte, empecé a ir a verla todas las noches desde esa noche y fue como poco a poco empecé a amarla y hacerme adicto a ella, a su voz dulce y a sus ojos encendidos, pero está bien, te prometí contarte los hechos como pasaron desde el principio hasta el final, así que intentaré seguir siendo coherente en el discurso.
Cuando me dijo que nadie nunca le podría hacer más daño lo primero que quise saber era quién había sido el que le había hecho el primer daño, por decirlo de alguna manera, ella me dijo que si le prometía ir todas las noches de esa semana y pagarle de nuevo la noche completa me contaría la historia pero a partir del día siguiente porque aún no era tiempo; además de todo la condenada era buena negociante, sabía reconocer un buen negocio cuando se le presentaba y de esa manera consiguió una buena paga esa semana, te digo que esa semana porque las demás no me quiso cobrar, según ella porque me quería de una forma especial, cosa que habla muy bien de mi capacidad de comprender la mente humana, y no es que quiera menospreciar tu profesión pero yo he demostrado que cualquiera puede hacer una buena terapia y que a pesar que existe la carrera de psiquiatría lo que más hay en este mundo son loqueros buenos como yo, pero no te enojes, ahora te contaré la parte buena de la historia, que es cuando empiezo a conocerla.

Lo que pasó esa noche después del trato que hicimos es obvio, así que me iré a la noche siguiente, o mejor dicho, a las noches siguientes porque ella me fue contando la historia cual Sherezade del nuevo mundo evitando la decapitación, claro, la mía, no la de ella, eso lo sé ahora, pero en su momento me parecía apasionante su manera de hacerme volver cada vez sólo para saber su increíble historia, lo primero que me contó fue que lo conoció en el mar, en un crucero que se había ganado en un casino de la costa, ella estaba feliz porque era la primera vez que se ganaba algo en la vida, bien dicen que si ganas sólo una vez en tu vida algo muy grande es para tu desgracia, así fue con ella, ese hombre le desgració la vida, eso te lo adelanto porque es obvio, no me interrumpas que todo lo que digo está plenamente justificado, ese hombre era como las peores serpientes, era encantador, según ella, y tenía también una mirada encendida, cuando la vio le ofreció una noche de fantasía, una noche que nunca olvidaría y ella, tan entrépita como yo y con las mismas pretensiones de dominarlo tras conocerlo aceptó sin preguntas, así que esa noche se fue a su camarote y me contó que ese hombre la amó como nunca nadie lo había hecho hasta ese momento y la enloqueció la idea de que sería sólo una noche por lo cual fue ella quien le ofreció ahora otra fantasía, él le avisó, “te volveré loca...” pero ella lo tomó como parte del reto, como verás, una de las reglas de estos seres de desgracia es ser siempre honestos con la víctima porque saben que la víctima es suficientemente orgullosa y curiosa, ella lo era y tomó el reto, así que se siguieron viendo varias noches, según ella él también se enamoró y la necesitaba tanto como ella a él, pero sabía que él guardaba un secreto y quería saberlo todo, así que un día se propuso seguirlo hasta el casino donde iba siempre después de estar con ella y ahí lo vio bailando para otras mujeres y dejándose tocar por ellas, lo vio subir a los cuartos del hotel del casino con una mujer y se sintió terriblemente traicionada, así que decidió vengarse y la noche siguiente lo esperó acostada en la cama con un puñal bajo la almohada, sin embargo le dio la oportunidad de que confesara y le preguntó, como si no supiera nada, qué hacía él todas las noches después que se iba, eso me lo contó la noche antes de verla por última vez, recuerdo que me dijo: “es mejor que no sepas el final porque estoy empezando a amarte y ya no quiero hacerte daño”, eso me desequilibró, ¿cómo era eso de que ya no quería hacerme daño?, ¿me había querido hacer daño alguna vez?, pero si yo la amaba y siempre la había tratado bien, la bombardeé de preguntas y ella sólo callaba, eso me terminó de desesperar así que la empujé contra la pared y me fui de ahí en un ataque de macho herido. Sin embargo esa noche no pude dormir, tenía que saber qué secreto guardaba esa mujer, qué le había pasado, además no podía dejar de pensar en ella, necesitaba su cuerpo, no, entenderás que no podía dejarla ir así de mi vida, así que regresé después de unas horas, cuando ya amanecía, y fue cuando la vi salir con el dueño del bar, agarrados de la mano y riendo, la odié con toda mi alma, sentí que no se reían de otra cosa sino de mí, que se reían de cómo un imbécil más le haría promoción a su sucio bar, quería salir corriendo, pero no podía irme sin saber el final de su maldita historia y sin tratarla como a una perra, sé que no te gusta que use esas palabras para referirme a una mujer, pero es que así la vi, sino dime tú cómo puede mentir de esa forma, tú eres mujer, debes saberlo... perdóname, tú no eres igual a ella, es que aún el recuerdo me enardece, me sentí utilizado y estafado, así que decidí vengarme y tomé mi puñal de explorador antes de volver esa noche.

Lo pensé mucho, debía darle primero la oportunidad de darme una explicación, tú debes saber que siempre necesitamos agarrarnos de cualquier cosa antes de sabernos traicionados. Cuando llegué estaba como siempre, hermosa y enredada entre sus sábanas, cual cuadro renacentista, pero estaba triste, lloraba, me preguntó por qué había vuelto y por qué había pagado la noche completa, yo le dije que tenía que saber el final de su historia y si tenía que pagar para saberla lo haría, ella me volvió a repetir que no quería hacerme daño y yo, ya frenético, le dije que eso era problema mío, que habíamos hecho un trato y si lo que faltaba era plata yo le pagaría todo lo que su lengua valiera, ya te dije que quería tratarla como una perra y se lo hice sentir porque vi el odio en su mirada cuando me gritaba que ese hombre le dijo que la amaba pero que no podía ser sólo para ella porque ese era su destino, que era mejor que no lo buscara más, por eso ella sacó el puñal y se lo clavó directo en el pecho muchas veces y no se detuvo hasta que él cayó sobre ella inerte y se dio cuenta de que estaba bañada de su sangre y que su cuerpo la absorbía así como absorbía su piel y él iba desapareciendo sobre ella y dentro de ella. No pongas esa cara de incredulidad, que es verdad, aunque en ese momento yo me sentí tan burlado como tú, me reí de impotencia, le dije que era muy buena mentirosa pero que no dejaba de ser una perra que me sacó dinero por inventarme una historia estúpida, le dije que la había visto con su jefecito y que podía pudrirse en su cuarto de mala muerte que nunca más me vería la cara y, ¿sabes lo que me dijo?, ¿sabes lo que osó decirme?, me dijo que eso era lo que quería, que me fuera, que no la buscara más porque nunca había sido sólo para mí y nunca lo sería, debes coincidir conmigo que eso fue un reto flagrante, que me provocó apropósito y debes entender ahora por qué usé el puñal aunque no le hayan encontrado restos de sangre, te juro que la maté y si no encontraron el cuerpo es porque está dentro de mí, pregunta al dueño del bar, ella trabajaba ahí, no me repitas que el bar no existe, está cerca de aquí, yo te llevo, no, no hablo del bar en el que me viste ayer con esa mujer, es el otro, si de verdad me amas debes creerme, yo sé que crees que te miento para no explicarte lo de ayer, pero te estoy hablando en serio, la maté, soy un asesino, no, no te quiero volver loca, si sientes eso debes alejarte ya de mí, vete, no me busques más, ella no me quería marcar porque me amaba, créeme, te amo, por eso te traiciono, no te quiero marcar...
Datos del Cuento
  • Autor: Kassandra
  • Código: 3810
  • Fecha: 05-08-2003
  • Categoría: Misterios
  • Media: 4.82
  • Votos: 50
  • Envios: 5
  • Lecturas: 4635
  • Valoración:
  •  
Comentarios


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2 comentarios. Página 1 de 1
Juan Andueza G.
invitado-Juan Andueza G. 06-08-2003 00:00:00

Me sumo a los elogios. Escribes definitivamente bien. De tus cuentos, este es el más denso. Muy bueno.

Andrea May
invitado-Andrea May 05-08-2003 00:00:00

sinceramente, cada vez una mejor propuesta literaria. Tienes mis felicitaciones Kassandra....muy bueno y muy original......

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