Entre tantos colores publicados en un mar de ambicion, uno tiene que crear el suyo propio y mostrarselo a todos, para que asi se levante sobre sus propios hombros y se convierta en una gloriosa estatua; muerta y sin vida.
Ambiciones declaradas, mentiras benevolentes y dolores anunciados previamente. Todo por el bien individual, por el pedazo de papel que se valora mas que la vida de miles.
Todo por el trozo redondo de algun metal sin mas valor (al menos para mi) que el de una piedra.
¿Es delicioso entregarse a todo lo malvado, no es cierto?
Es algo fructifero, algo que deja, aunque lo que deje no sea mas que sueños inalcanzables, aunque se haya conseguido tocar lo deseado, ya se perdio el alma, y sin alma uno no siente la superficie anhelada del objeto soñado. No hueles, no ves correctamente, no sientes, no oyes.
Pero todo sea por la amada ambicion y deseos de ser levantado por encima de los desafortunados.
-Terrible Ira- dijo el joven azul. Es todo lo que puedo decir -y se alejo refunfuñando-.
Siempre que uno busca la espiritualidad o al menos la parte del corazon con la que no se nace y se tiene que encontrar, es amargamente decepcionado, porque se da cuenta que si no esta solo, su raza que no es humana, es una tremenda minoria, y esta, está en guerra con los ambiciosos.
Odio, y mi odio esta tan vivo, que casi lo puedo palpar, cierto, he dejado de amar, pero lo que me mantiene en la privilegiada pero señalada amargamente minoria, es el odio a todo aquello qeu no represente algo intangible y misterioso.
todo aquello que no convenga con lo verdaderamente importante.
Y algo se tiene que saber, es que hay miles de diferentes puntos de vista aparte del mio, pero el mio, en mi mundo es el que vale y el que tiene poder sobre mi.
hasta luego, sirvientes imperfectos y voraces de la cruenta ambicion.