Era una tarde de verano,de esas que el sol no hace gracia porque taladra la tierra.
Partiamos mi hermano y tu hacia el rio.
Cada paso tuyo eran dos de los nuestros, no importaba el calor ibamos a nadar, cosa que nos gustaba demasiado como para protestar.
Nadar era un decir, porque no sabiamos.
Llegamos, corriendo y saltando para no quemarnos con el arena caliente, nos metimos en el agua.
El rio nos saludaba con su rumor de siempre, a medida que bajaba, las piedras le daban cada una su nota, las grandes las graves, las pequeñas, las agudas.
La cascada cercana era el pequeño colofon de la orquesta.
Pero para dos niños de 3 y 4 años, lo importante era el agua.(sera por eso que me gusta tanto?).
Con piedras hicimos un pequeño dique, pronto tuvo una profundidad suficiente para patalear.
Tragamos un poco de agua, pero salimos nadando y flotando como perritos.
Nuestro padre nos habia enseñado a "nadar".
Para nosotros era el mas puro estilo olimpico.
Con el tiempo y con profesores, lo fuimos perfecionando, pero esa fue para mi la leccion mas importante.
Volvimos bajo el mismo sol pero, mas calmo.
Caminamos contandonos historias y riendo de tu mano.
Era el mismo trayecto, aunque los pies volaban.
Habiamos dado un cambio a nuestra infancia.Podiamos flotar.
En casa tengo un poco de arena de ese rio, es parte de mi.
tambien tuve la suerte de pasar por esa experiencia. Gracias por escribir de esa manera tan sencilla y llena de amor.