Eras la estrellas que faltaba en el cielo, el canto que necesitaba el viento, la última voz del eco de las montañas, el reflejo más cristalino en el agua pura....
Pero con el tiempo, las estrellas se fueron apagando hasta apagarte a ti, el viento se escondía tras las montañas silenciosas, las agua empezaron a ocultar su fondo, y sobre ellas van cayendo mis lágrimas de desconsuelo, al ver como te pierdo poco a poco... como vas cayendo cada día, como te alejas gritando mi nombre y callando a la vez tantas otras cosas.
Siempre pidiendo esas dos palabras de tu boca, que tanto te ha costado decirme... un simple “te quiero”, tan sólo pedía eso...Y lo encontré en el último suspiro de tu vida.
Cuando la muerte te arrastraba, después de esa larga enfermedad, me abracé a ti, y lo dijiste tan fuerte como tu corazón te permitió.
Grabadas en mi mente, quedaron sus más sinceras y tiernas palabras de amor eterno que dieron paso al más temido último adiós.
Hoy en el cielo está brillando una estrella y sé que es su corazón mandándome besos a través del viento que roza mi piel; en el reflejo del agua cristalina encuentro sus palabras nacidas desde la profundidad y dejándose ver con tal hermosura como el mismo nenúfar sobre el reflejo del sol...