(Para Cristy)
El viaje no habÃa sido del todo placentero y para colmo de males la noche se venÃa encima, el camino aunque tortuoso, ofrecÃa de vez en cuando algún maravilloso paisaje y en verdad que ese era lo único aceptable del viaje.
TendrÃamos ya diez o doce horas rodando por caminos vecinales sin que se avizorara poblado alguno. En esta ocasión tenÃa que viajar por intrincados caminos y obscuros recovecos y lo único que mantenÃa viva mi atención era que me iba a reunir con Cristy, mi prometida y que casualmente vivÃa en el otro extremo del paÃs y la única forma de llegar era a través de carretera.
Bueno eso de carretera solo es el nombre nominal en el más sentido figurado ya que las terracerÃas se fueron sucediendo una tras otra. Dando tumbos ya que además el chofer parecÃa haber sido sacado de lo peor en cuanto a manejo de microbuses de la Preciosa y añorada Ciudad de México.
La luz mortecina se colaba en esplendoroso celaje que al contraluz formaba caprichosos enjambres de luz y penumbra.
Atrás hube de haber dejado mis ocupaciones en la redacción del periódico de la capital que tras de haber trabajado desesperadamente en la investigación encomendada y después de tres semanas casi sin dormir pensaba que era justo que me reuniera con Cristy.
Ella era la personificación viva de la mujer hecha dinamismo pues sus múltiples ocupaciones abarcaban casi todo el dÃa y eso es decir algunas horas de la noche ya que sus actividades abarcaban desde las reuniones meramente sociales hasta las altruistas y desde luego pasando por las de negocios.
Cristy era, lo que se puede considerar una experta en joyerÃa fina sobre todo la relacionada con montajes antiguos y piedras preciosas como las esmeraldas, los rubÃes y desde luego los diamantes. Inició su gusto por los montajes antiguos desde la ocasión en que casualmente caminábamos por el tianguis dominical del Ãngel aquel se instala los fines de semana en la Plaza del mismo nombre en la Zona Rosa.
En un improvisado puesto sobre unos paños negros y sobre el suelo habÃa un extraño orden en las piezas exhibidas.
Sucede que una extraña alhaja atrajo su atención era una esmeralda montado en una extraña filigrana en oro de 14 quilates, bueno esto último a decir del vendedor, todo un personaje no muy alto, algo rechoncho con rala y blanca barba y además ataviado con un simpático gorro tejido en algo asà como estambre que en antaño fue de color entre rojo y guinda.
- Mhhhh. Caviló para si el vendedor. Se ve que la dama tiene buenos gustos.
Cristy sin voltear a verlo fingió desinterés por la extraña pieza que casi acariciaba entre sus manos.
- Has de saber que el Señor que todo lo puede ha bendecido esta pieza y el poseedor de la misma tendrá paz y tranquilidad en la medida de su fe. La misma se encargará de velar los sueños de enamorada y la suerte le acompañará en su paso por este mundano ambiente.
Ciertamente la joya en referencia tenÃa una extraña virtud, a primera vista atraÃa la total atención de Cristy, aunque no me explico cómo es que estaba amontonada y casi escondida entre otras menos agraciadas, casi perdida.
Es extraño pero la atracción de Cristy fue casi instantánea, como sà la estuviera buscando y después de larga espera, ahà estaba. Esa atracción fue tal que luego de un simbólico y rápido regateo fue a parar al bolso de mano de Cristy, ni siquiera espero a que el vendedor lo guardara en su también antiguo estuche.
Yo tuve que recibir el estuche asà como también el cambio de la transacción ya que Cristy queriendo fingir desinterés se alejó rápidamente del improvisado puesto.
- ¿Qué te pasa?. Casi me abandonas. Le dije entre reclamo y broma
- Es que no sabes la cantidad de trucos que se valen esos vendedores para en el último momento y sin que te des cuenta, te cambian la pieza que has adquirido por otra muy parecida pero de indudable menor valor.
- ¡Ah! Eso si que es experiencia
- Si. Son muy hábiles y enfrente de ti te cambian lo que se les antoje, hay que tener mucho cuidado y adelantárseles a estas personas son unos auténticos Predistijitadores.
ReÃmos alejándonos del bullicio del tianguis y nos refugiamos en la romántica penumbra de un cafecito a escasa dos cuadras del lugar de la compra y aunque todavÃa dentro de los lÃmites de la bulliciosa Zona Rosa el lugar ofrecÃa una rara atmósfera de quietud que invitaba a la meditación y al relajamiento desfogue inequÃvoco de las tensiones vividas ese y los anteriores dÃas.
Refugiándonos a tras de una humeante taza de café capuchino y un tanto cuanto misteriosa, Cristy sacó la recién adquirida pieza y la contempló a la vez que examinó por largos minutos, sin articular palabra alguna la observó a lo largo de los 360º de la estéreo esfera sin que algún recoveco se le haya escapado a su ávida mirada ni a su ya de por si, basto conocimiento de piezas raras.
Empezó por describirme la pieza. Fue una especie de relato que poco a poco me fue envolviendo en una fantasÃa que a la vez que Cristy hablaba, yo me sumergÃa en la más fantasiosa realidad enmarcada por mi propia escenografÃa.
- Mira la montadura tiene todo el estilo de los orfebreres de principios de siglo y por la filigrana bien me atreverÃa a decir que fue elaborada en Italia y más preciso por la región de Venecia el marco es sin duda una copia, y muy bien elaborada de la arcada de la Casa del Gobernador y los dos Leones en cada extremo son sin duda una copia del sÃmbolo de Venecia. Aquà donde están estas cuatro chispitas es si lugar a equivocarme donde antes estuvieron montadas algunas alegorÃas en cristal de Murano ya que se nota que la montadura es muy especial pero diferente a la original, ve el engarce de las chispitas, es exquisito.
- Ve como el “JardÃn†de la Esmeralda está perfectamente centrado y tiene una simetrÃa increÃble y el verde intenso, firme y constante tiene un cierto dejo de misterio y de atracción, creo que el precio pagado bien vale la pena esta pieza. Llegando a casa investigaré un poco más a fondo.
- ¿Más?. Pero si es que ya me hiciste una amplÃsima descripción.
- Es que eso es solamente lo que pienso que es, ahora toca corroborarlo con los libros que adquirà en aquella librerÃa del rumbo de San Ãngel, ¿La recuerdas?
- ¡Cómo no la voy a recordar!. Si ahà nos pasamos todo el sábado.
- De qué te quejas, ese sábado estuvo lloviendo toda la mañana.
- Si, pero en la tarde ya no.
- ¿Y?
- Pues que toreaba Eloy.
- ¡Eloy!, ¡Toros!, Bien sabes que no me gusta ese denigrante espectáculo que más parece Circo Romano que otra cosa.
- Es que tu no le tomas el verdadero sentido al arte de la tauromaquia, a la fiesta brava, al arte de Cuchares.
- ¡Qué Cuchares, ni que Fiesta!, Para mà que es un verdadera orgÃa de sangre y morbo.
- De Luz y de Valor.
- Bueno, eso de Valor ni quién lo discuta ya que para pararse delante de ese animalote con cuernos y armado solo con ese trapo.
- Capote.
- Cómo se llame, pero a mi no me gusta.
- Bueno, bueno, no te enojes.
- No me enojo, y que conste que tu empezaste.
- ¡Las ocho de la noche!, Que tarde mejor nos vamos porque aún tengo que enviar mi editorial al periódico.
- ¿Cómo?, ¿Es que aún no lo haces?, ¡Que bárbaro!
- Ya está redactado, solo me falta enviarlo por mail, ¡Que maravillita es ese medio!, Te ahorra muchos viajes y contratiempos, ya hasta lo mando formateado.
- ¿Y sobre que escribiste ahora?
- Sobre el EspÃritu y la Materia.
- ¿?
- Si, y quita esa cara no todo está relacionado con Calidad Total, Gerencia o esos rollos de los que acostumbro escribir.
- Pues, Yo no creo que sean rollos, a mà me gustan y bastante, además me han servido en la practica de mis actividades ya que todo lo que está relacionado con Calidad Total, Gerencia o esos rollos de los que acostumbras escribir se aplican a lo técnico, también puede aplicarse a la vida cotidiana.
- Gracias, creo que esa es una aplicación que no habÃa descubierto pero, que bueno que me lo dices.
Pase a dejarla en su departamento por la Colonia Condesa y después de una breve despedida enfilé hacÃa mi refugio, ya que asà le decÃa Cristy a mi estudio ubicado por el rumbo de la Villa de Guadalupe, un bonito, aunque pequeño departamento que para mis necesidades propias cubrÃa y con creces su cometido.
Estaba enclavado en una colonia por demás popular pero a la vez muy quieta, sobre todo en las noches que eran las horas que acostumbraba ocupar en la redacción de mis editoriales y artÃculos que sobre temas de Dirección solÃa escribir. Lo que más me gustaba es que todo está a la mano, sin divisiones ni molestos muros de forma que desde cualquier lugar se podÃa observar cualquier rincón, incluso mi cama ocupaba un tapanco que yo mismo hube de haber construido con los remotos conocimientos de carpinterÃa en mis años de paso por la Secundaria. La iluminación también era obra propia a la que habÃa instalado controladores de “Potencial Variable†que en mundanas palabras y más a mi alcance las luces podÃan graduarse desde un esplendoroso brillante matinal hasta la tenue y mortecina luz de un apacible atardecer y como el techo lo habÃa mandado decorar con nubes a manera de cielo igual que los vimos en un pasaje comercial en el Cesar Palace de Las Vegas, entonces el efecto era verdaderamente agradable y relajante de tal modo que podÃa ambientar según mi estado de animo y no precisamente por la hora del dÃa.
No habÃan transcurrido ni un par de horas y cuando me disponÃa a enviar mi trabajo para la edición matutina del periódico, sonó el teléfono, era, ... Cristy que en su afán por comprobar su reciente adquisición habÃa investigado en la literatura de su casa, que además era muy amplia, los orÃgenes de la alhaja encontrada por la tarde en el Tianguis del Ãngel.
- ¡Te lo dije!, Casi gritó Cristy al teléfono. Tengo la ilustración de alhajas parecidÃsimas en el libro de Franzzini, ¿Lo recuerdas?
- ¿Cómo no habré de acordarme?, Si a mà me tocó cargarlo toda la tarde.
- No te quejes que bien te sirvió cuando se trató de escribir acerca de antigüedades del siglo pasado.
- Bueno en eso tienes razón, pero de que pesa, pesa.
Ya sin hacerme caso alguno, Cristy empezó a traducir un párrafo del libro.
- Mhhh, dice ... “La Casa Rosete establecida desde mediados del siglo XIX se distinguió por elaborara todas sus piezas con un muy buen gusto, por su filigrana y sus insertos de Cristal Murano logrando asà una rara pero a la vez bella mezcla de las piedras preciosas con algo tan simple como bello como lo es el Cristal de Murano. Bruno Rosete montó el primer taller de joyerÃa en las mediaciones de Venecia, en tierra firme, tres cuadras atrás de la BasÃlica de San Miguel en la esquina formada por VÃa Veneto y VÃa Apia frente a la afamada Tratória de Michael Ãngelo. Y después trae unas ilustraciones de algunos de sus trabajos, pero déjame leerte algo más. ... Las Joyas de Rosete estuvieron siempre envueltas en un misterioso enjambre de Leyendas y sus poseedores recibÃan tanto dones como maleficios, tanto bendiciones como maldiciones, sin que una sola joya siguiera el mismo patrón establecido si no más se definÃa por la mancuerna Joya-Propietario, es decir, que una misma joya podÃa ser de buen augurio para una persona y de pronto cambiar totalmente para otra.
- ¿Qué te parece?
- Que fue una muy buena adquisición.
- ¿Nada más?. ¡Excelente! DirÃa yo.
A partir de esas fechas la vida de Cristy empezó a cambiar radicalmente y precisamente siempre para bien, por ejemplo en varias ocasiones dejó olvidado su estuche de joyerÃa y después de tres o cuatro dÃas y casi sin proponérselo, al volver por el mismo lugar, alguien se le regresaba intacto y todavÃa les vendÃa algunas de las alhajas de su muestrario y por lo general y cuando menos hacÃa un nuevo cliente.
En Otras ocasiones y sin proponérselo encontraba joyas cuyo gusto, invariablemente caÃa en el de sus clientes a quienes mantenÃa siempre dentro de un ambiente de confianza y de satisfacción ya que en primero la calidad de las monturas siempre resultaba del quilataje que ella decÃa y en segunda los diseños eran de un gusto diferente pero siempre cumpliendo con las expectativas de sus clientes.
En ese tiempo resultó ganadora en varias ocasiones de los premios incentivos que las casas mayoristas ofrecÃan como lo fueron varios viajes dentro y fuera del paÃs. Ocasiones que ella aprovechaba para incrementar su acervo cultural y su conocimiento sobre joyas, desde las auténticas joyas precolombinas, coloniales, renacentistas hasta las más vanguardistas al más puro estilo de Tiffany’s.
Precisamente en uno de esos viajes al que me pidió acompañarla fue que le pedà aceptar el que fuese mi esposa.
Recuerdo que después de haber visitado dos o tres bazares en Roma y a la vera de un romántico café, donde habÃamos ordenado sendos capuchino acompañados de riquÃsimos pastelillos, empezamos por hacer recuento de las aventuras vividas. La música, romántica ejecutada por un cuarteto de cuerdas me trajo a la memoria una pieza escuchada en México.
- PermÃteme ver de que color son tus ojos.
- Ah pues son cafés.
-¿Sabes que esa melodÃa me recordó una canción que se llama “Ojos Cafés†y que habla de ... – Café, de un café obscuro, son tus ojos, con tintes luminosos, de pasión - ,,,
La atmósfera no podÃa ser más propicia asà que reinicie mi plan no trazado.
- ¿Recuerdas la vez que extraviamos la maleta café en el Aeropuerto de Orly?
- ¿Cómo crees que lo voy a olvidar?. Si en esa maleta estaba el trabajo de tres semanas.
- ¿Y cuando no encontrábamos nuestros pasaportes en Londres?
- ¡Ah que bárbaros!, Siempre los trajimos encima y no nos dimos cuenta. Recuerdo que casi fuimos a la Embajada a solicitar ayuda y si no es porque tengo que sacar el cheque de viajero para cambiarlo a Libras Esterlinas nunca nos hubiéramos dado cuenta que traÃamos los pasaportes en la cartera de seguridad que usaba fija al cinturón y que ocultaba entre el pantalón y mi ropa térmica.
- ¿Recuerdas aquella vez en Machu Pichu cuando esos contrabandistas de joyas precolombinas nos confundieron y nos ofrecieron unas joyas precolombinas?, ¡En menudo lÃo nos estaban metiendo!
- Y cuando nos tomaron por activistas al meternos de aventura en la selva Chiapaneca.
- Y todo por explorar las mediaciones del Volcán Tacaná.
- Pero esa no fue la única que salimos huyendo,
- Bueno fue una de tantas.
-Si claro, una de tantas.
- ¿Recuerdas cuando nos corretearon los brujos en Catemaco?
- ¿Y cómo olvidarlo, si tu corriste mas rápido que yo? ... Cristy, ¿No crees que después de todo lo que hemos pasado juntos ... pues ... podrÃamos ... eso, pasarla juntos?.
- ¿A qué te refieres?
- Pues ... me refiero a ... ¿AceptarÃas ser mi esposa?, ¿Mi pareja por toda la vida?
- ¿Hablas de casarnos?
- ¡Claro! ¿Aceptas ser mi esposa?. En ese momento le entregué un anillo con un diamante solitario que desde luego no se comparaba con los que ella manejaba dentro de su negocio pero que lo entregaba con mucho amor.
- Me dejas si que decir.
- Pues di que ... si
- Mira han sido tanto los momentos maravillosos que hemos pasado juntos, bueno y algunos no tan maravillosos, ¿Recuerdas la vez que casi deshice tu automóvil?.
- ¿Casi?, Yo bien dirÃa que lo deshiciste, recuerda que el seguro lo declaró perdida total.
- ¿Pero qué me dices de la vez que me cargaste en Venecia para salvar la inundación que ya se presentaba y que resultó ser la mayor del siglo, ¡ImagÃnate la más grande en cien años!.
- Si, por suerte nos hospedamos cerca de la estación del tren y no fue tanto el esfuerzo, aunque créeme que de haber estado más retirado no habrÃa habido más remedio de que mojases tus recién compradas botas.
- ¿Mojarlas?, ¿Qué te crees?, Hubiera preferido mojarme que estrenar de esa forma mis botas. Aún las conservo.
- Si las hemos pasado buenas y no tan buenas, pero ¿qué me contestas?
- Que podemos seguir pasándolas buenas y no tan buenas. Por lo pronto tengo, o mejor dicho tenemos que seguir investigando acerca de la pieza que adquirà en el Tianguis del Ãngel, asà que sà no dispones de otra cosa, nos traslademos a Venecia.
- Al fin del mundo, pero juntos
- Y más allá.
ReÃmos los dos y en romántico beso dejamos que el tiempo pasara y sin necesidad de decir palabra alguna dejamos que la música invadiera el ambiente y ... continuamos recordando nuestras vivencias y trazando planes para continuar con la investigación.
Salimos del café y nos dirigimos a nuestro hotel que se ubica en las cercanÃas de la estación del tren. Como el trayecto no es muy grande decidimos caminar aprovechando las bondades del clima que por esa época del año suele ser de las mejores para visitar Roma.
Pasamos junto a la fuente de Trevi y al doblar la esquina me percaté que, aparentemente dos misteriosos tipos nos seguÃan, apresuré el paso queriendo que Cristy no se percatara, pero me conocÃa demasiado y sin articular palabra alguna, empezó a acelerar su ya de por si pronto caminar.
No es que me haya distinguido por caminar aprisa si no todo lo contrario, mi andar es parsimonioso, calmado casi hasta llegar a la desesperación, a decir de mis compañeros del periódico, yo nunca llevo prisa aunque la verdad es que siempre he tratado de cumplir mis compromisos con una cierta holgura misma que me permita afrontar algún imprevisto, pero si ya se me hizo tarde para cumplir con alguna cita, tampoco me preocupo y no ando aprisa ni mucho menos, corro.
Aún con mi lento caminar en esa ocasión aceleré al máximo posible si tratando de no alterar a Cristy. Sin embargo, al cabo de escasas tres cuadras los dos tipos nos dieron alcance y sin mediar palabras de por medio se abalanzaron sobre nosotros.
Lo único que se me ocurrió fue proteger a Cristy indicándole que corriera mientras, no digamos yo me enfrentara a los tipejos, si no que mejor dicho mientras yo recibÃa una andanada de golpes de modo que solamente pude cubrirme la cara o al menos es lo que recuerdo hasta antes de volver en mi en una callejuela obscura y sin ningún documento encima y que decir de mi cartera, afortunadamente mi pasaporte lo habÃa depositado al salir en la recepción del hotel.
Caminé vacilante sin rumbo fijo hasta que casualmente me encontré con Luigi el mesero que nos atendió horas antes en el café del cual éramos ya clientes asiduos ya que al menos por la tarde siempre pasábamos a tomarnos un reconfortante café capuchino o un energizante expresso doble.
- ¡Signore Norsi!, Pero que aspecto tan deplorable.
- ¡Ah!, Marccelo, que bueno que eres tu, dime por favor ¿Qué hora es?
- Ah que Signore mire nada mas como está y lo único que se le ocurre es preguntar ¿Qué hora es?, Pues son ya la seis de la mañana.
- ¿Las seis?, Entonces he estado inconsciente por mas de seis horas
- ¿?, ¿Pues que es lo que le pasó?
- Nos asaltaron a Cristy y a mi, tenemos que ir al hotel para saber sà está bien.
- Vamos Signore yo lo llevo pero limpie esas mayugaduras tome mi pañuelo, vamos no se preocupe, vamos.
- De prisa Marccelo tengo que ver a Cristy.
Con la forma caracterÃstica de manejar de los italianos, bueno sà a eso se le puede llamar manejar, sorteamos el transito mañanero de las personas que seguramente se trasladaban a sus respectivos trabajos ya que eran casi las seis y media.
- Calma Signore Norsi. Que en un instante estaremos en su hotel.
- Te lo agradezco Marccelo aunque preferirÃa llegar un poco tarde a que corramos el riesgo de quedar estampados contra uno de esos camiones que vienen en sentido contrario.
- No se preocupe Signore Norsi de que llegamos, llegamos.
- Al menos espero llegar completo.
Antes de que pudiera evaluar que tan conveniente habÃa sido el aceptar que Marccelo me llevara a mi hotel, ya tenÃa a la vista la hermosa fachada del Hotel “I’l Mondo†mezcla de tallas clásica-romana y tardÃo clásico toda labrada en cantera rosa cercana extraÃda de las cercanÃas de Nápoles. Además con la moderna iluminación en base a luz indirecta aún a la luz tenue del amanecer los bajo tanto como los medio relieves destacaban de las sombras de los profundos y daban como resultado una danza de figuras flotantes en un irreal sueño.
En eso estaba cuando desperté de mi irreal sueño al recordar que mi primera y primordial razón de preocupación era la condición en que se encontrara Cristy.
Llegando al frente del hotel y sin esperar a que el auto se detuviera totalmente bajé corriendo y entré precipitadamente al Lobby del Hotel lanzándome hacÃa el mostrador de la recepción no noté que en uno de los sillones estaba dormida Cristy.
Antes de preguntar algo, el empleado de recepción haciéndome la seña internacional de guardar silencio me indicó con su mano el lugar donde estaba Cristy al momento que su sueño se interrumpÃa.
- Norsi, Cielo, ¿Cómo ...?, ¿Pero mira nada más cómo vienes?, Ven vamos a nuestro cuarto a curarte esos golpes.
- ... ¿Nuestro Cuarto? ..., Sin hacerme del rogar me dejé querer y esa fue la primera de muchas veces que vendrÃan que me curó de golpes y heridas superficiales.
Tomando un frugal desayuno nos encontrábamos en el restaurante del hotel.
- ¿Crees que fue un asalto común y corriente?, Porque yo no lo creo más bien estoy plenamente segura que estaban buscando el prendedor de Rosete.
- Será lo que sea pero por lo pronto iré a la comandancia de policÃa a levantar un acta denunciando el asalto que sufrimos.
- Este, es que creo que nos meterÃamos en más lÃos, mejor lo dejamos asà y nos vamos a Venecia a seguirle la huella al Prendedor Rosete.
- Bueno, pues no estoy muy de acuerdo ya que recibà una buena andanada de golpes pero, sà asà lo quieres, asà será.
Ya no mediamos palabra alguna ala respecto y el resto del tiempo de desayuno se no fue haciendo planes para el viaje a Venecia.
Una vez liquidada la cuenta y después despedirnos de Marccelo que se ofreció amablemente a llevarnos a la estación del tren.
- CuÃdense Signore Norsi, CuÃdese Signorina Cristy
Abrazó y beso en la mejillas a Cristy y cuando se disponÃa hacer lo mismo conmigo giré premeditadamente como en busca de mis maletas y cuando Marccelo se dio cuenta le di un fuerte apretón de manos y rápidamente me despedÃ.
- Nos vemos Marccelo, tu también cuÃdate, Chiao.
- Chiao
Nos alejamos buscando nuestro vagón ya que es muy importante el subirse al vagón correcto ya que el abordar el tren correcto no garantiza el llegar al destino predeterminado.
Una vez que quedamos instalados en nuestra cabina nos dimos cuenta que tendrÃamos que compartirla ya que un pasajero estaba sentado en su correspondiente asiento.
Como acostumbramos que donde estemos siempre hablamos en nuestro idioma, saludamos.
- Buenos dÃas.
- Buenos dÃas.
Nuestro futuro compañero de viaje voleo a mirarnos y dijo en un seco pero amable italiano.
- Bona sera Signorina, Bona sera Signore.
Al cabo de quince minutos de marcha imperceptible del convoy, Cristy se encontraba haciendo gala de sus dotes innatas de publirelacionista y por su natural simpatÃa, nuestro visitante nos estaba contando hasta donde pasarÃa las vacaciones con sus cuatro “Bambinosâ€.
Sucede que Giovanni se dedicaba a contrabandear cigarros, actividad aquella que le permitÃa sostener su casa asà como la educación de los cuatro “bambinosâ€. Viajaba desde Moroco y después de mil y una peripecias habÃa dejado su carga en Roma principal puerto del contrabando hormiga que en lo personal a Giovanni le redituaba algo asà como trÃo miliones de liras, cantidad que mucho obreros ni siquiera soñaban.
Ya regresaba a casa que se encontraba al norte de Italia. Nos empezó a platicar su vida como contrabandista, actividad que no ocultaba en lo más mÃnimo si no por el contrario se mostraba orgulloso, tal parece que el ser contrabandista es una cosa y el ser traficante es otra muy distinta y sobre todo muy peligrosa.
Mientras la campiña italiana desfilaba en sentido opuesto a nuestro viaje, el cansancio hizo mella en mi humanidad y al arrullo del viaje me quedé dormido por no sé cuanto tiempo hasta que Cristy amorosamente me despertó con un beso en la mejilla.
- Norsi, despierta dormilón.
- ¿Mhhhh?, ¿Qué hora es?
- Son las diez de la mañana, no dormiste mucho.
- Pero me hizo bastante bien, ya repuse mi sueño y casi ya no me duele el cuerpo.
- ¿Qué te pasó? Inquirió Giovanni
Al principio no querÃa comentar más que lo superficial pero el tono y las palabras de Giovanni me fueron dando confianza hasta que terminamos por contar casi toda la historia desde la transacción en la Plaza del Ãngel en México hasta los acontecimientos de la noche anterior.
- ¡ImagÃnate!, Te le acabas de declarar a tu novia y en dos horas tres o no sé cuantos tipejos te surten una felpa para recordarla toda la vida.
- Mira Norsi debes tener cuidado con mis paisanos son muy tranzas, son muy malos.
- Oye, pero por este prendedor. Mostrándole el prendedor.
- Pero, si es un Rosete.
- ¿?. Nos miramos Cristy y yo.
- ¿Lo conoces?, Preguntamos casi al unÃsono.
- No, nunca habÃa tenido alguno tan cerca, pero mi abuelo le platicó a mi padre todas las leyendas que en torno a estas joyas se han tejido a través de los años.
Sin querer tocarlo solamente viéndolo nos empezó a platicar.
- Mi abuelo trabajo como aprendiz de joyero directamente con Bruno Rosete, un autentico artesano de la joyerÃa de cuya imaginación salÃan este tipo de joyas. Solo sus hábiles manos podÃan transformar un pedazo de metal en lo que la magia que su mente le dictaba. DecÃa mi abuelo que solo Don Bruno era capaz de combinar las piedras preciosas con el cristal salido de las pailas de Murano.
- Pero además de la belleza hipnotizante de sus creaciones, sus colecciones tuvieron la particularidad de que a los propietarios de sus joyas los acompañaba algún tipo de suerte ya fuera buena o mala y eso dependÃa de la persona no tanto de la joya.
- ¡Con razón!. Escapó mi comentario
- ¿A que se refiere Signore Norsi?
- Pues que a Cristy siempre le ha traÃdo buena suerte.
- Bueno eso no es raro ya que después de platicar con “la sua prometidaâ€, una “bella persona†solo puede estar acompañada de buenas vibraciones
- Pues creo que si, pero cuéntanos más.
Sin tocar jamás el prendedor continúo su relato.
- Es bien poco lo que sé acerca de las joyas de Don Bruno ya que mi mismo abuelo que llegó a ser tallador y montador de joyas en su taller era muy reservado para contar estas historias. Pero la leyenda inicia cuando una Condesa, La condesa de PÃa Monte, le encargó la hechura de un juego de alhajas que su agraciada hija lucirÃa en el ya famoso carnaval de Venecia. Estas joyas jamás las llegó a lucir ya que la diligencia en que las transportaban para hacer formal entrega fue asaltada y entre otras cosas su lote fue robado por facinerosos a los que poco les duró el gusto ya que de inmediato fueron apresados, juzgados someramente y condenados a ser colgados de o más alto de un árbol en las afueras de AsÃs.
- Precisamente la Condesa de PÃa Monte, al ser informada del atraco que habÃa sufrido la diligencia, se habÃa encomendado a San Francisco de AsÃs invocándolo para recuperar el regalo de su hija, mas sin embargo al enterarse de que los ladrones habÃan sido colgados, jamás quiso recibir las joyas y las donó a la BasÃlica de AsÃs de donde nuevamente fueron sustraÃdas por un ladronzuelo solitario con tan mala suerte que al huir por la techumbre del vecindario, resbaló y cayó desde una altura de cinco metros con tan mala suerte que la lesión que le produjo tal caÃda le paralizo del cuello hacÃa abajo, condición en la que pasó el resto de sus dÃas que no fueron muchos ya que desamparado murió al cabo de pocos años.
- Por aquellos tiempos AsÃs fue azotado por un temblor que entre otros daños dejó a la BasÃlica en muy malas condiciones casi de demolición total. Pues bien, hubo de realizarse una subasta de los bienes de la propia BasÃlica y entre otras cosa las Joyas de la Condesa de PÃa Monte salieron a remate.
- Tocó en suerte que la Duquesa de Padua se encontraba entre los pujadores y la cantidad ofrecida más por caridad que por el afán de obtener aquel lote, no fue superada por ninguna otra postura y en esa forma fue a parar a sus manos, fue esa la única vez que la Duquesa las vio.
- El lote completo permaneció en sus estuches originales sin que la Duquesa siquiera las viera hasta que en las cercanÃas de la boda de su sobrina, la bella Cecilia, pensó que serÃa un buen y adecuado presente, en esta forma es como fue a para a las manos de Cecilia.
- La suerte que corrió paralela a las joyas fue en esta ocasión de muy buenos augurios ya que Cecilia las uso en ocasiones muy especiales a partir de su boda que por otro lado fue una de las más fastuosas de la época ya que dio mucho de que hablar entre los cÃrculos de la realeza asà como entre el pueblo en general. Al anunciar la espera de su primogénito, que resultó primogénita, también engalanaban su presencia. Asà se fueron sucediendo los felices acontecimientos uno a uno hasta que tocó la muy alta alegrÃa y satisfacción de anunciar en compañÃa de su esposo el Duque de Frambolies la boda de la agraciada heredera con un personaje de las Ciencias y afamado Medico especialista en el área cardio-vascular.
- Quiso que los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial echara para abajo la posición de la aristocracia Italiana dando el echo de que las joyas de la familia de Frambolines desapareciera dando lugar a una y mil leyendas entre las que se encuentra, muy probablemente, este prendedor.
- ¿Y cómo sabremos sà pertenece a la colección Rosete, o no?
- Solamente en los archivos de la Casa Rosete que aún existen en la Insigne Biblioteca de Venecia porque después de la Segunda Guerra Mundial la Casa Rosete cerró permanentemente sus puertas dejando tras de sà casi un siglo de artesanÃas y solamente se encontraran información clasificada en catálogos.
- Pero será mejor que los acompañe, sà es que me lo permiten ya que la intrincada red de canales que se derivan del Canal Principal en Venecia solo compiten con los múltiples callejones, algunos de un solo metro de ancho y bien podrÃan ser motivo de algún atraco por parte de mis paisanos, asà que ustedes deciden sà es que aceptan que los acompañe.
Cristy y yo nos volteamos a ver y entre la duda de aceptar tal auto invitación, por fin evaluábamos la verdadera dimensión del alcance del Prendedor Rosete. Después de una breve consulta solamente con la mirada la comunicación con Cristy fue en el sentido de aceptación, asà que nos vimos incrementados con la presencia de Giovanni aún a condición de todas las recomendaciones tanto de él mismo como de otras personas en el sentido de que los italianos son muy hábiles para los fraudes rápidos.
Llegando a Venecia descargamos nuestros respectivos equipajes y sin decirle a Giovanni el hotel donde nos hospedarÃamos quedamos en que nosotros lo buscarÃamos en la Plaza de San Marcos a un lado del Campanil de Venecia a eso de las nueve de la mañana del siguiente dÃa.
La tarde la aprovechamos, después de registrarnos en el hotel América, en visitar las tiendas de la Plaza de San Marcos y en dar un paseo por los canales de Venecia que siempre ofrecen una atmósfera romántica sin importar cuantas veces hayas navegado por ellos, sin importar la hora del dÃa pero lo que si importaba es con quién los habÃas recorrido.
La ruta ya la conocÃamos casi de memoria y no por eso dejaba de ser atractiva, el embarcadero, vuelta a la izquierda para pasar debajo del Puente de los Suspiros de añeja tradición y de antiquÃsima leyenda, vuelta a la derecha no sin antes hacer el gondolero el clásico grito que anunciaba la proximidad de una góndola a la siguiente esquina, paso enfrente a la Iglesia de Santa Cristina misma donde Vivaldi ofrecÃa sus Barrocas Composiciones, asà se fueron sucediendo las vueltas una y otra vez, a la derecha, ¡iiioo! Gritaba Sergio nuestro gondolero, a la izquierda una y otra vez, hasta que regresamos al embarcadero de San Marcos, exactamente a la orilla de la famosa plaza.
De ahà caminamos entre las miles de palomas, contemplamos los Moros y los Caballos de la Catedral de San Marcos, caminamos a la izquierda de la catedral donde cada vez que estuvimos en esa plaza, Cristy se sacaba una foto en una estatua de un león sÃmbolo de Venencia ya que ella es Leo sin llegar a ser supersticiosa. Algo cansados decidimos sentarnos a tomar un reconfortante café acompañados de deliciosos pastelillos de esos con miles de calorÃas pero con kilos de buen sabor.
Pasamos un buen rato sentados mirando el atardecer en la Plaza de San Marcos, viendo el aletear de las palomas, viendo pasar a la gente, saboreando hasta el último sorbo nuestro café hasta que empecé a hablar de nuestros planes para el siguiente dÃa.
- ¿Qué tan bueno será el buscar a Giovanni?
- Pues a mi me causo buena impresión, como que inspira confianza. Siempre he definido a una persona como digna de confianza sà es que te empieza a hablar de su familia y ya ves Giovanni lo primero que hizo fue platicarnos del orgullo que le representa su familia sobre todo sus hijos, ¿Te fijaste cómo le brillaba la mirada cuando se expresaba de los pequeños?.
- Si, pues para variar, tienes razón, es más creo que tu buena suerte ha puesto en nuestro camino a Giovanni. ¡Despreocupémonos! Y gocemos nuestra primera noche en Venecia y ya que empezamos con un romántico paseo en góndola, ¿Qué te parece si vamos a la opera?, Hoy presentan “El Fantasma de la Opera†y desde que salimos de México he tenido la tentación de volver a verla ya que recordaras que en mi cumpleaños fuimos a verla allá.
- ¿Cómo no la voy a recordar? Si esa noche lucà mi broche por primera vez, recuerdo que era la Noche de Gala, la del Estreno y más de dos personas no soportaron las ganas de preguntar y me cuestionaron acerca del Broche Rosete. Ja, ja recuerdo que les dije que se trataba de la herencia de mi abuela misma que habÃa tenido amorÃos con un cierto Duque europeo y en que en una noche le habÃa regalado esa y otras prendas como muestra de su amor ya que en esa noche se despedÃan ya que él partÃa al frente de guerra y ella regresaba a América y que efectivamente nunca se habÃan vuelto a ver, a que imaginación la mÃa y sobre todo cómo se me ocurrió involucrar a mi abuelita a la que quise tanto.
La noche transcurrió apacible, demasiado apacible dirÃa ya que el alba me sorprendió en el balcón de nuestra habitación. Hubiera querido encender un cigarrillo pero, en primera sabÃa que molestarÃa a Cristy y en segunda ... ¡Yo no fumaba!.
Después de un rápido desayuno nos dispusimos a ir al encuentro de Giovanni.
Caminamos las cuatro o cinco cuadras que distaban de nuestro hotel a la Plaza de San Marcos bajo el frescor matinal y aunque el sol ya resplandecÃa las calles mostraban pocos andantes ya que por tratarse de una época del año en que se aplica el horario de verano la gente aún no salÃa de sus aposentos.
Comentamos dos que tres asuntos intrascendentes hasta que a lo lejos divisamos la silueta de Giovanni.
- ¡Hola Giovanni!, ¿Cómo dormiste?
- Bien Signore, bien. Bona Sera Signorina.
- Buenos dÃas Giovanni, ¿Dónde te hospedaste?
- ¿Hospedarme?, Yo vivo aquÃ, aquà tengo a mi familia, recuerden que les dije que vivÃa al norte de Italia y aquà estamos al norte de Italia, por mas de cuatro generaciones hemos tenido nuestra casa aquà en Venecia, ¡Es preciosa!, ¿No lo creen?
- ¡Claro que es preciosa!, Es nuestra cuarta visita y creo que cuantas veces podamos regresar, aquà estaremos.
- Bien tendremos que abordar el Vaporeto y bajarnos en el Ponte Royal y de ahà caminaremos unas diez cuadras para llegar a la Biblioteca, de modo que daremos tiempo a que abran las puertas de la biblioteca.
La brisa matinal y el viento se encargaban de enmarcar el rostro de Cristy dándole a la mascada con la que cubrÃa su cabeza un aspecto de aura que destacaba su piel bronceada natural.
Cuando Pasamos por el Ponte Royal, lo comercios ya empezaban su diario ofrecimiento y la algarabÃa a cada paso iba en aumento. Al otro lado del Canal Principal los canales desaparecÃan para dar lugar a múltiples callejuelas que de vez en cuando se convertÃan en estrechos callejones.
Por hubimos de llegar a la biblioteca y dirigiéndonos a la recepción y con Giovanni como interprete solicitamos toda la literatura que respecto a la Casa Rosete existiera. No fue difÃcil ya que solamente eran tres tomos, uno con propiamente la historia de la Casa Rosete desde su fundación en 1870 hasta su cierre en 1946 y los otros dos tomos eran exclusivamente catálogos de las obras de Bruno Rosete él que a su muerte dejó diseños que aún hubieron de transcurrir 18 años para casi agotar su inspiración dejando de realizarse todavÃa unas tres docenas de alhajas que jamás se plasmaron como realidades.
La perfecta clasificación permitió que el Broche Rosete fuese ubicado como una creación de su autor a principios de siglo en 1902 para ser más exactos.
El relato contaba con un poco, pero muy poca más detalle la historia que Giovanni habÃa referido durante el viaje de Roma a Venecia. En el epÃlogo del relato mencionaba el destino final de las joyas de la Casa Rosete ya que la colección que formaba parte de una colección que se exhibÃa permanentemente en el lugar donde habÃa estado el Taller original de Bruno Rosete fue sacada de sus vitrinas y al tratar de esconderlas algunos miembros de la resistencia abordaron una lancha rápida que fue identificada e interceptada por los invasores que se aprestaban a saquear cuanto museo encontraban a su paso, con tan mala suerte que uno de los obuses de advertencia dio en plena lÃnea de flotación y en menos de un minuto la barca zozobró llevándose al fondo del Canal tanto a Miembros de la resistencia como el preciado tesoro para nunca más volver a recuperarlo. Desde entonces descansa en el lecho del Canal Principal sin que a la fecha se haya descubierto el lugar preciso del naufragio o mejor dicho de la inmolación de los valerosos Venecianos que prefirieron morir antes de entregar su preciado tesoro.
Al punto de las lagrimas, Cristy cerró el tercer tomo y sin decir palabra abandonó la biblioteca.
Nos dirigimos por el mismo camino de vuelta a la Plaza de San Marcos, Caminamos sin decir palabra alguna y asà abordamos el vaporeto que nos regresarÃa a la Plaza de San Marcos.
Cuando nos encontrábamos en el centro del Canal, Cristy sacó el Prendedor Rosete y antes de que pudiese intervenir, lo vio por última vez y lo arrojó al Canal.
- ¿Pero qué haces?
- Regresarlo donde debe de estar, junto con toda la colección Rosete, Ahà pertenece.
Me miro, se acercó y me dio un beso, solo pude decir.
- Tienes razón, este es su lugar.
Cuando desaparecimos por el Pasillo telescópico para abordar nuestro avión lo último que vi fue la silueta de Giovanni que alzando la mano se despedÃa con un rostro de satisfacción de haber sido testigo del retorno de tal vez la última pieza de la Colección Rosete.
El Avión ganó altura, por la ventanilla lateral el sol matizaba en grana sinfonÃa los cúmulos de la plácida tarde veneciana, nos dirigÃamos a ParÃs y de ahà a nuestro destino.
Septiembre de 2000
te vengo a hechar flores amigo mio, a pesar de que hace casi seis años que publicaste tu cuento me gusto mucho, sigue escribiendo y te invito a que opines de mi historia de una decadencia esta escrito por Yamir Fabrianny Zuñiga Daza pero somos la misma persona no te confundas