¡Amor! ¡sentir! ¡querer! ¡Qué bellas palabras!
Pero que duro es convivir: cuando se exige: de amor, presencia;
de sentir: aliviar necesidades; y de querer: voluntad firme
de acudir con presteza y sin ninguna dilación
a las obligaciones que comporta la familia, en toda su extensión.
Es muy fácil el decir: ¡te amo! cuando ese amor se concentra
en buscar la satisfacción que en el sexo se centra;
sentir -de sentimiento-, se aduce al coincidir en un solo momento,
sabiendo que al siguiente instante otro sentimiento lo suple;
y querer… ¡ah, el querer! Querer es la palabra más sobada,
capciosa y descalificada en toda relación humana.
Cuando se dice: te quiero, no es para dar o complacer,
que es para exigir y reclamar lo que se cree merecer.
Yo, Zulema, he leído con infinita ternura
y muchísima emoción, tu historia tan sentida
que me ha llegado al corazón. Haces una pintura
tan descarnada y viva de tus padecimientos,
a la vez que cuentas tu inaudito desprendimiento
al perdonar y hasta querer a quién de ti se separó
dejándote con dos hijos, sin prestar compensación,
que si antes gozabas de mi cariño y respeto,
hoy te ensalzo a un altar, en el que poder adorarte.
¡Qué dichosa debes sentirte Zulema, al leer este poema que te dedica tu amigo Ángel F. Félix! A ti, Ángel F.Félix, Nuevamente agradecerte esa delicadeza con la que escribes, no sólo por saber hacerlo con tanto estilo, sino por obsequiarnos a quienes siempre te leemos y admiramos, con tan bella joya. En esta ocasión, me parece merecidísima tu intención al adorar a Zulema, de forma tan hermosa. Quien fuera musa de tan elegante pluma... Ithaisa.