Una vendedora de empanadas pasaba todos los dÃas por un camino llevando en la cabeza una canasta con empanadas, como lo hacen siempre esas vendedoras.Â
Cierto dÃa pasó apurada y golpeó a un quirquincho, que es un animalito que cruza los caminos. Sin quererlo, lo golpeo con el pie. Entonces el quirquincho se hizo el muerto. Y la señora dijo:Â
- Bueno, ya que está muerto, a este quirquincho me lo voy a comer.Â
Lo levantó y lo puso en la canasta. Pero este quirquincho, se habÃa hecho el muerto, porque vio todas esas empanadas tan ricas. Entonces aprovechó y empezó a comer algunas y a otras las tiró por el camino. La señora, que no sintió el movimiento del quirquincho, por llevar la canasta en la cabeza, no sabÃa lo que este estaba haciendo. Cuando pasó por abajo de un árbol, el quirquincho se agarró con las patitas de las ramas y se quedó ahà colgado.Â
Entonces, al llegar a su casa la señora descubrió que no estaba más el quirquincho y que se habÃa comido un montón de empanadas.Â
El quirquincho bajó del árbol y se fue a comer las empanadas. En eso llegó su compadre, el zorro. Y le dijo:Â
- ¿Qué haces?Â
Este le contó que estaba comiendo una deliciosa comida, gracias a su ingenio, pues se habÃa hecho el muerto. Entusiasmado, el zorro pensó en hacer lo mismo, porque la vendedora de empanadas regresaba todos los dÃas al pueblo por ese mismo lugar, con su canasta repleta de empanadas.Â
Al otro dÃa, la señora pasó con su mercaderÃa recién horneada y el zorro, al verla, también se hizo el muerto. Entonces la vendedora, que le tenÃa antipatÃa a los zorros, porque opinaba que era falsos...le dio una tremenda paliza.Â
¡Y asà termina nuestro cuento, con el pobre zorro, que se quedó con las ganas de probar esas empanadas tan sabrosas! .