| :: | Sin Clasificar |
| :: | Infantiles |
| :: | Fábulas |
| :: | Mitológicos |
| :: | Terror |
| :: | Tradicionales |
| :: | Otros |
| :: | Hechos Reales |
| :: | Ciencia Ficción |
| :: | Historias Pasadas |
| :: | Patrióticos |
| :: | Sueños |
| :: | Policiacos |
| :: | Románticos |
| :: | Cómicos |
| :: | Misterios |
| :: | Estudiantes |
| :: | Metáforas |
| :: | Religiosos |
| :: | Aventuras |
| :: | Bélicos |
| :: | Históricos |
| :: | Urbanos |
| :: | Educativos |
~~Érase una vez un niño que tenÃa muchÃsimos juguetes. Los guardaba todos en su habitación y, durante el dÃa, pasaba horas y horas felices jugando con ellos.
 Uno de sus juegos preferidos era el de hacer la guerra con sus soldaditos de plomo. Los ponÃa enfrente unos de otros, y daba comienzo a la batalla. Cuando se los regalaron, se dio cuenta de que a uno de ellos le faltaba una pierna a causa de un defecto de fundición.
 No obstante, mientras jugaba, colocaba siempre al soldado mutilado en primera lÃnea, delante de todos, incitándole a ser el más aguerrido. Pero el niño no sabÃa que sus juguetes durante la noche cobraban vida y hablaban entre ellos, y a veces, al colocar ordenadamente a los soldados, metÃa por descuido el soldadito mutilado entre los otros juguetes.
 Y asà fue como un dÃa el soldadito pudo conocer a una gentil bailarina, también de plomo. Entre los dos se estableció una corriente de simpatÃa y, poco a poco, casi sin darse cuenta, el soldadito se enamoró de ella. Las noches se sucedÃan deprisa, una tras otra, y el soldadito enamorado no encontraba nunca el momento oportuno para declararle su amor. Cuando el niño lo dejaba en medio de los otros soldados durante una batalla, anhelaba que la bailarina se diera cuenta de su valor por la noche , cuando ella le decÃa si habÃa pasado miedo, él le respondÃa con vehemencia que no.
 Pero las miradas insistentes y los suspiros del soldadito no pasaron inadvertidos por el diablejo que estaba encerrado en una caja de sorpresas. Cada vez que, por arte de magia, la caja se abrÃa a medianoche, un dedo amonestante señalaba al pobre soldadito.
 Finalmente, una noche, el diablo estalló.
-¡Eh, tú!, ¡Deja de mirar a la bailarina!
 El pobre soldadito se ruborizó, pero la bailarina, muy gentil, lo consoló:
 -No le hagas caso, es un envidioso. Yo estoy muy contenta de hablar contigo.
 Y lo dijo ruborizándose.
 ¡Pobres estatuillas de plomo, tan tÃmidas, que no se atrevÃan a confesarse su mutuo amor!
 Pero un dÃa fueron separados, cuando el niño colocó al soldadito en el alféizar de una ventana.
-¡Quédate aquà y vigila que no entre ningún enemigo, porque aunque seas cojo bien puedes hacer de centinela!-
El niño colocó luego a los demás soldaditos encima de una mesa para jugar.
 Pasaban los dÃas y el soldadito de plomo no era relevado de su puesto de guardia.
Una tarde estalló de improviso una tormenta, y un fuerte viento sacudió la ventana, golpeando la figurita de plomo que se precipitó en el vacÃo. Al caer desde el alféizar con la cabeza hacia abajo, la bayoneta del fusil se clavó en el suelo. El viento y la lluvia persistÃan. ¡Una borrasca de verdad! El agua, que caÃa a cántaros, pronto formó amplios charcos y pequeños riachuelos que se escapaban por las alcantarillas. Una nube de muchachos aguardaba a que la lluvia amainara, cobijados en la puerta de una escuela cercana. Cuando la lluvia cesó, se lanzaron corriendo en dirección a sus casas, evitando meter los pies en los charcos más grandes. Dos muchachos se refugiaron de las últimas gotas que se escurrÃan de los tejados, caminando muy pegados a las paredes de los edificios.
 Fue asà como vieron al soldadito de plomo clavado en tierra, chorreando agua.
-¡Qué lástima que tenga una sola pierna! Si no, me lo hubiera llevado a casa -dijo uno.
-Cojámoslo igualmente, para algo servirá -dijo el otro, y se lo metió en un bolsillo.
 Al otro lado de la calle descendÃa un riachuelo, el cual transportaba una barquita de papel que llegó hasta allà no se sabe cómo.
-¡Pongámoslo encima y parecerá marinero!- dijo el pequeño que lo habÃa
 recogido.
 Asà fue como el soldadito de plomo se convirtió en un navegante. El agua vertiginosa del riachuelo era engullida por la alcantarilla que se tragó también a la barquita. En el canal subterráneo el nivel de las aguas turbias era alto.
 Enormes ratas, cuyos dientes rechinaban, vieron como pasaba por delante de ellas el insólito marinero encima de la barquita zozobrante. ¡Pero hacÃa falta más que unas mÃseras ratas para asustarlo, a él que habÃa afrontado tantos y tantos peligros en sus batallas!
 La alcantarilla desembocaba en el rÃo, y hasta él llegó la barquita que al final zozobró sin remedio empujada por remolinos turbulentos.
 Después del naufragio, el soldadito de plomo creyó que su fin estaba próximo al hundirse en las profundidades del agua. Miles de pensamientos cruzaron entonces por su mente, pero sobre todo, habÃa uno que le angustiaba más que ningún otro: era el de no volver a ver jamás a su bailarina...
 De pronto, una boca inmensa se lo tragó para cambiar su destino. El soldadito se encontró en el oscuro estómago de un enorme pez, que se abalanzó vorazmente sobre él atraÃdo por los brillantes colores de su uniforme.
 Sin embargo, el pez no tuvo tiempo de indigestarse con tan pesada comida, ya que quedó prendido al poco rato en la red que un pescador habÃa tendido en el rÃo.
 Poco después acabó agonizando en una cesta de la compra junto con otros peces tan desafortunados como él. Resulta que la cocinera de la casa en la cual habÃa estado el soldadito, se acercó al mercado para comprar pescado.
 -Este ejemplar parece apropiado para los invitados de esta noche -dijo la mujer contemplando el pescado expuesto encima de un mostrador.
 El pez acabó en la cocina y, cuando la cocinera la abrió para limpiarlo, se encontró sorprendida con el soldadito en sus manos.
-¡Pero si es uno de los soldaditos de...! -gritó, y fue en busca del niño para contarle dónde y cómo habÃa encontrado a su soldadito de plomo al que le faltaba una pierna.
-¡SÃ, es el mÃo! -exclamó jubiloso el niño al reconocer al soldadito mutilado que habÃa perdido.
-¡Quién sabe cómo llegó hasta la barriga de este pez! ¡Pobrecito, cuantas aventuras habrá pasado desde que cayó de la ventana!- Y lo colocó en la repisa de la chimenea donde su hermanita habÃa colocado a la bailarina.
 Un milagro habÃa reunido de nuevo a los dos enamorados. Felices de estar otra vez juntos, durante la noche se contaban lo que habÃa sucedido desde su separación.
 Pero el destino les reservaba otra malévola sorpresa: un vendaval levantó la cortina de la ventana y, golpeando a la bailarina, la hizo caer en el hogar.
 El soldadito de plomo, asustado, vio como su compañera caÃa. SabÃa que el fuego estaba encendido porque notaba su calor. Desesperado, se sentÃa impotente para salvarla.
 ¡Qué gran enemigo es el fuego que puede fundir a unas estatuillas de plomo como nosotros! Balanceándose con su única pierna, trató de mover el pedestal que lo sostenÃa. Tras Ãmprobos esfuerzos, por fin también cayó al fuego. Unidos esta vez por la desgracia, volvieron a estar cerca el uno del otro, tan cerca que el plomo de sus pequeñas peanas, lamido por las llamas, empezó a fundirse.
 El plomo de la peana de uno se mezcló con el del otro, y el metal adquirió sorprendentemente la forma de corazón.
 A punto estaban sus cuerpecitos de fundirse, cuando acertó a pasar por allà el niño. Al ver a las dos estatuillas entre las llamas, las empujó con el pie lejos del fuego. Desde entonces, el soldadito y la bailarina estuvieron siempre juntos, tal y como el destino los habÃa unido: sobre una sola peana en forma de corazón.Â
Â
| » | Total Cuentos: | 21.673 |
| » | Autores Activos: | 163 |
| » | Total Comentarios: | 11.740 |
| » | Total Votos: | 908.368 |
| » | Total Envios | 41.730 |
| » | Total Lecturas | 75.999.605 |