Capítulo IV
El horror
Con un manotazo se soltó de la pequeña garra que la asía la falda y corrió hacía el garaje, la puerta estaba abierta, pero sin luz apenas distinguía nada, se notaba humedad y en el ambiente estaba impregnado de un olor nauseabundo, almizclero, casi era insoportable, sacó su pañuelito y se lo llevó a la boca conteniendo el asco… a tientas, recorrió el trecho que iba desde la puerta del garaje hacía la ventana, ahí se guardaban las velas y los fósforos… Asió la vela y prendió la llama, la tenue luz iluminó todo… lo que vió la dejó mas helada aún si cabe y no pudo reprimir el aullido que soltó…
Estaba histérica, fuera de si, la mano que tenía libre la apretaba fuertemente contra su pecho, su corazón estaba desbocado, sus ojos estaban fijos en aquella escena horripilante, dantesca….
Era una obra macabra, no podría borrarlo de su mente jamás, entonces el miedo pasó al terror, sintió el peligro… ella podía ser la siguiente, por lo visto sólo quedaba con vida ella….
De la viga que sostenía la cúpula del garaje, oscilaban tres cabezas… José, Isidro y Juana…. Eran horribles, casi irreconocibles… Las bocas estaban totalmente abiertas, sus ojos parecían salirse de las órbitas, vió el horror en ellos, estaban moradas y de los muñones goteaban sangre todavía… el viento que se colaba por las rendijas las hacía oscilar… casi se entrechocaban… María grabó en su memoria para siempre esa escena, era para no olvidarla jamás…
Lentamente con mas miedo que otra cosa enganchó los arneses al único caballo que estaba a la vista, lo había visto hacer muchas veces así que no le pareció tan difícil… estaba concentrada en la tarea, y tratando de no mirar hacía arriba cuando …
-No puedes irte…
Pareció que el aire se enrareció más, el niño estaba a medio metro de ella, la miraba fijamente, ésta vez no sonreía, sus ojos refulgían más que el fuego, se reflejaban en sus pupilas la llama de la vela….
-Lo has hecho tú… tú los mataste.
El niño abrió la boca, su sonrisa era macabra… María no se podía creer que hubiera sido él, un niño de 10 años no podía subir tan alto para colgar las cabezas, un niño no podía asesinar así a sangre fría… quiso pensarlo, pero la verdad ahora iba a salir a la luz…
Sin más palabras, y temblando de miedo cogió las riendas del caballo empujándole hacía la puerta de salida, entonces sin saber ni cómo ni porqué el niño se materializó en la entrada impidiéndola el paso…
-No te vas de aquí, todavía tienes que atender a tu Señora…
Creía estar volviéndome loca, era imposible que el niño se hubiera materializado de la nada delante de ella, se decía así misma que esto era una pesadilla, que se despertaría y se acabaría el horror…
El niño le cogió la muñeca derecha, se la aferró tan fuertemente, que ella por mas que hizo no pudo soltarse, se defendió como pudo, pero el niño tenía una fuerza sobrehumana, parecía que sus patadas y manotazos no le surtían efecto… Se negó a caminar, pero el niño la obligaba, se arrastró por los suelos, incluso intentó morder aquella mano que la aferraba pero todo fue inútil, podía mas que ella, lloraba… solo le quedaba eso, el llanto… se había dado por vencida, estaba sola… e iba a morir.
Caminó como un autómata al lado del niño, se dirigían al fondo del garaje cuando a sus oidos le llegó un rumor…
-Hijo… eres tú? –dijo una voz algo trémula y vacilante…
María enseguida supo que la voz pertenecía a la anciana Señora, no tenía dudas, entonces.. ¿seguía viva?... no supo si alegrarse o desesperarse.
Llegaron a la altura donde se encontraba la señor, ésta como podía andar se encontraba en una silla de madera y una manta le cubría sus piernas ya inservibles, la anciana se estaba quedando sorda, y su vista ya fallaba bastante….
-María por fin has venido… ¿está la cena preparada?
Estupefacta no supo que contestar a su Señora, ¿es que no se había dado cuenta de lo qué pasaba en aquel lugar, no había visto las tres cabezas que ondeaban en el techo de la entrada?... Cada vez estaba más confusa, no entendía nada, pero todavía temía por su vida…
-Madre, la cena puede esperar- dijo el niño sonriendo otra vez macabramente.
-¿Ésta es la educación que te dí Fernando?... Ayuda a tu madre a llegar a la mesa para cenar- dijo la anciana, como si no pasara nada
María no tenía constancia de que la señora tuviera ningún hijo, estaba alucinando, sabía que había tenido uno pero falleció hace mas de treinta años, ni hijos ni primos ni sobrinos, la anciana no tenía familia, eso es lo que ella creía, pero dudaba porque se la veía muy segura cuando le llamaba hijo, y a la inversa…. Pensó en aprovechar esa ocasión de distracción para huir, pero el niño vio sus intenciones y la agarró mas fuertemente, sus lágrimas resbalaban por sus mejillas, no tenía escapatoria…
-Madre, te mostraré la educación que tú me diste-
Soltando la muñeca de María, cogió una hoz que estaba enganchado en un alambre de la pared y con su sonrisa macabra, sesgó la cabeza a la anciana….
María gritó y gritó, notó como la sangre de la anciana la salpicaba la cara, el pelo, el vestido… sus manos…. Sus nervios no podían más, se dio cuenta que estaba libre y huyó despavorida hacia la salida, mientras oía de fondo al niño canturrear una canción infantil, no fue tras ella…