Llegaron dos personas este año. Es un buen número, alentador, haciendo creer a los que realizan estadísticas que el número de confusos e ilusionados se van reduciendo en estos últimos tiempos.
Sus mentes, como la de todos, en ese instante de pensamientos volando en la cabeza, comenzaron a inventar nuevas preguntas, pero las de siempre.
Atravezaron las puertas, con sus uniformes, creyendo lo que nunca. El patio principal, los chicos desordenados, saludándose los que no se vieron en todo el verano. Los de primero, segundo, tercero, cuarto, y por último los de quinto. Estaban todos, todos menos el resto de sus compañeros, que ya no tendrían espacio en ese colegio secundario, ni en ningún otro.
Terminaron el colegio, y sin embargo siguen soñando estar en él. Cursando esas materias sin prestar atención, armando esos machetes, esas charlas sin retos al fondo del salón, esos recreos fugaces. Y las lecciones no aprendidas.
Una vez que se congela la imagen, el que sueña identifica la realidad, también a todos lo que comparten ese anhelo, pues todos ellos se mueven, pero este año sólo fueron dos los que lo hicieron. Dos personas de miles de egresados del secundario. Un número bajísimo. Ya no hay lugar para ustedes aquí muchachos. La universidad espera su presencia, el trabajo espera su labor. Ya hace tres años que terminaron. Parece que su adolescencia les fue leve, o la empezaron tarde.
-Nante-