Si tuviera que escribir un cuento, un cuento de verdad, tal vez tomara lápiz y papel y empezara de esta forma:
HabÃa un vez una niña cuyo único deseo era conseguir que alguien le regalara una sonrisa. Siempre que hablaba con otros niños o con adultos buscaba incansable que al final de cada conversación asomara en alguna cara esa sonrisa que tanto deseaba. Pero nunca la encontraba. !Yo quiero una sonrisa! pedÃa con ingenuidad a cada persona con la que hablaba.
Esa niña cada dÃa se sentÃa más niña porque en vez de tener el aliento que tanto deseaba siempre habÃa palabras duras para ella, miradas esquivas, reproches, reprimendas, castigos: no hagas esto, me has fallado, te equivocas, no debes ser asÃ, no eres justa... eran las desgastadas palabras que siempre escuchaba pero ella aún esperaba ansiosa esa diferente caricia de gestos que nunca llegaba, a cambio solo tenÃa cada dÃa más pena en su corazón, sintiéndose torpe y poco apreciada.
Un dÃa la niña se miró al espejo, trataba de ver al menos una sonrisa en su cara pero a cambio el reflejo le devolvió unos ojos tristes, una mirada perdida, un desencanto en los labios. Y viendo en qué se estaba transformando comenzó a llorar. LLoró durante tanto tiempo que las lágrimas habÃan empapado sus sábanas de ositos y el dibujo se habÃa desfigurado insinuando grotescas formas de colores. También habÃa llorado en el salón y sus lágrimas habÃan caido en la alfombra que de tono azul claro habÃa pasado a tener un color azul intenso y profundo. En cada una de las habitaciones su paseo de lágrimas habÃa conformado diferentes colores en los objetos en que caÃan. Cansada de tanto llorar y viendo lo que habÃa producido con su llanto cogió sus sábanas, su alfombra, las cortinas y todos aquellos objetos que habÃa empapado con su llanto y los sacó fuera de la casa, a la parte trasera del jardÃn para que se se secaran.
Acertó a pasar un hombre cerca del jardÃn y al ver todo aquel cúmulo de colores y objetos diferentes de extraños matices se quedó impresionado por el dibujo que formaban. Atónito se acercó al umbral de la puerta, llamó con los nudillos y asomó por una ventana un rostro infantil que inocentemente le preguntó: - ¿qué desea?
El hombre le explicó que habÃa visto una sinfonÃa de color en su jardÃn cuyos dibujos le habÃan llamado la atención y que querÃa comprar todas sus pertenencias porque eran muy originales y nunca habÃa visto nada igual.
La niña que no sabÃa cómo responder a tal petición le dijo: - yo no sé que precio ponerle a todo ello, sin embargo si usted me promete que un dÃa me regalará de una forma especial una sonrisa suya yo se lo regalo todo, concluyó ilusionada.
El hombre que estaba muy interesado en llevarse aquellos, a su parecer, tesoros únicos, accedió sin detenerse a pensar cómo cumplir tan extraña petición y se marchó de allà cargando en su coche todos los objetos que tanto le habÃan gustado.
A la mañana siguiente la niña se levantó muy contenta y animada esperando junto a la ventana el paso del hombre con su regalo. Pero el hombre no apareció. Llegó la noche y se acostó pensando: - mañana seguro que aparece.
Pasaron los dÃas, los meses y los años y aquel hombre no volvió a acercarse a su puerta.
La niña fue creciendo y un dÃa, ya siendo mujer, paseando por un cercano parque a su casa le pareció divisar a aquel hombre que no habÃa cumplido su promesa. Se acercó hasta él y le dijo: ¿no me recuerda?
El hombre se volvió a mirarla por unos instantes y con gesto despreciativo le dijo: - ni idea, ¿quién eres?
Entonces la mujer sacando un pañuelo se lo tendió en la mano y le dijo: - soy aquella niña que por llorar tanto creó bonitas formas de colores en unos objetos que usted se llevó para que arroparan su casa, vengo a dejarle mi pañuelo. El hombre al recordar quien era le dijo a modo de disculpa: - ah, ya recuerdo, no me fue posible encontrar un regalo como el que pedÃas, dijo mintiendo y tratando de pasar cuanto antes el mal rato. Entonces la mujer le dijo: - lo comprendo es por eso que me he acercado a saludarle y darle mi pañuelo.
El hombre avergonzado le dijo: - ¿y porqué quiere ahora darme su pañuelo? La mujer mirándole a los ojos le contestó: - porque después de tantos años he pensado que si es capaz de incumplir su palabra por desear tanto poseer aquellos objetos que tenÃan las lagrimas de una niña tal vez sea que nunca ha llorado lo suficiente para tener cosas especiales en su propia vida. Tenga mi pañuelo es lo único llorado que aún no le habÃa dado.
El hombre callado, se quedó mirando ensimismado hacia el pañuelo y su rostro empezó a desencajarse y temblar por lo que habÃa escuchado mientras dejándose caer en un banco, de sus ojos comenzaron a brotar unas tÃmidas lágrimas. Y sin darse apenas cuenta comenzó a desatar su llanto y cada gota que iba cayendo se iba situando en diferentes puntos de aquella sedosa tela. Pasó un tiempo llorando sin poder dirigir ni una palabra a la mujer que se habÃa sentado junto a él mientras él sollozaba, sin más pudor que el sentimiento de tristeza que tenÃa en su corazón por no haber sido capaz de cumplir su palabra con aquella niña o quizá recordando más áun, todas aquellas veces que por conseguir algo habÃa faltado a sus promesas. Después de llorar un buen rato se incorporó miró a la mujer y le dijo aún con la mirada humedecida: - perdone buena señora, le hice una promesa que no cumplÃ, me quedé con sus cosas y fui un desconsiderado. Entonces la mujer sonriendo le dijo: - no se preocupe buen hombre acaba usted de hacerme mi regalo. De repenté el hombre miró hacia el pañuelo y se quedó perplejo, en él se habÃa formado con las incontenibles gotas de humedad de su llanto... el dibujo de una sonrisa.
Y la niña, ya mujer, se alejó con su pañuelo.
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Si tuviera que escribir un cuento, un cuento de verdad, tal vez en lugar de tomar lápiz y papel cogerÃa un pañuelo y llorarÃa, sabiendo que esa es la forma en la que nace la mejor sonrisa que ponerle a un cuento como regalo.
Me encanto tu escrito :), aun cuando es basatante triste. Antes de leerlo leia uno de Mia, el cual habla de este mundo materialista, y es muy cierto hoy dia es tan dificl encontrar un rostro feliz y agradecido a Dios aun por las dificiles situaciones cotidianas.Me gusto porque la nina aun siendo mujer esperaba encontrar esa sonrisa en ese rostro humano, y sabes? eso me recuerda a mi, cuando voy caminando por la calle procuro mantener una sonrisa dibujada en mi rostro lo hago por aquellos que no sonrien y ademas eso me ayuda a ser mas simaptica con mi projimo. La Biblia cita lo siguiente: UN CORAZON ALEGRE HERMOSEA EL ROSTRO. Amiga te felicito por dejarme sonreir una vez mas a traves de tu hermoso escrito.