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Un Cuento satánico
Cuanto aún desconocen los hombres de las mujeres, jamás darán una puntadas sin hilo, sino…
Nos acercábamos a las fiestas de Navidad y Año Nuevo, decidimos tomar una cerveza, y brindar entre los amigos de todo el año.
Como imaginaran, todos tenÃan sus preparativos en danza, unos los pasarÃan en sus casas, otros en casa de sus suegros, y otros compartirÃan una velada a las 20,00 hrs. con su amante, y brindarÃan luego en sus casas, con su familia.
Arturo, se habÃa divorciado hace unos años, por lo que se mantenÃa callado, y escuchaba atentamente. los preparativos de sus ocasionales amigos.
Era un escritor de cuentos muy apasionado, y buscaba afanosamente un final feliz, para su última obra. Asà pasarÃa la Nochebuena, con una copita de sidra en su escritorio, y mordisqueando algún turrón de Alicante.
-Querido Arturo, te encuentras distanciado del común de la sociedad, jamás podrás concentrarte, cuando a tu alrededor todo el mundo se divierte.
-¡La Nochebuena no está hecha a mi medida!...nunca más festejare Navidad, pues mi última fiesta fue muy lamentable, y aun hoy, estoy pagando las más caras de las aberraciones del destino.
-No será para tanto, le contesto AnÃbal, todos alguna vez hemos tenido algún contratiempo, y por ello no desairamos las tradicionales fiestas.
El resto del grupo, entre risas alocadas, exclamaba:
-¿Porque te encolerizas de esa manera, nada puede ser tan tenebroso?
-¿Que saben Uds. de mis pesares?...nunca les hice referencia a la bochornosa Navidad del 2005, las burlas recibidas las mantuve en silencioso secreto, pero no por ello, mitigo complacencias de vuestra parte.
-Todos nos quedamos con la pregunta a flor de labios: (Que paso?)
-Uds. están convencidos que lo hago por ateo, o contrario con la religión, mas no es esa la causa. Si no ironizan, les contare la triste historia.
-¡Adelante querido amigo Arturo, somos todo oÃdos!, fue la opinión general.
-Bien, escuchen atentamente, y luego me critican, si me creen culpable.
-“Era una noche demasiado calurosa, con sensación térmica de 45 grados, la gente errante, estaba tirada en la calle, como si habitaran en el infierno.
-“La Editorial que imprimÃa mis libros, urgÃa para la entrega de los borradores de mi última obra, por lo que rehusé invitaciones de familiares, para tomar parte de la festividad navideña y preferà avanzar en el compromiso comercial.
“Eran las 21,00 hrs., y no podÃa concentrarme en mi trabajo, pues la algarabÃa de las calles, hacÃan que escribiese un cumulo de barbaridades, y comprendà que no sacarÃa provecho de aquella noche.
-“Le solicite a una buena vecina del edificio en que residÃa, que me hiciera el favor de comprarme en el mercadito chino de la esquina, que cerraba cerca de la medianoche, un pollo rostizado, pan dulce, unos turrones y dos botellas de buen champagne; mientras tanto me darÃa una ducha helada, para poder recomponer mis maltrechas ideas.Â
-“La solicita mujer, cumplió con mi pedido, y regreso con todo lo requerido, mientras ya salido del baño, opte por adornar la mesa del comedor, con un juego de platos, cubiertos y copas acorde a la celebración.Â
-“La gran cuestión ahora, era conseguir alguien que quisiera compartir mi soledad, y disfrutar del ruido mundano de la nochebuena. Mis amigos ya estarÃan todos invitados, y no era muy lógico convidar a último momento, faltando un par de horas para las campanadas de Navidad.
-“Pensé entonces en las muchachitas que deambulan por la ciudad, sin que nadie se acuerde de ellas; jovencitas pobres, que no tienen familiares, ni el dinero para consumir en algún restaurante, una comida digna.
-“Fui a caminar las calles, y algunos lugares de placer, donde seguramente encontrare una bella compañÃa que desee compartir, el encanto de una nochebuena diferente.
-“Recorrà las calles principales, y encontré a muchas jovencitas infelices, que buscaban alguna aventura nocturna. Las habÃa feas y escuálidas, que podÃan llegar a quebrarse al tropezar mal, y generar un grave disgusto.
-“Mi gusto es una joven rellenita, y hasta un poco gordita, si se prefiere. Soy una persona que disfruta, cuando hay buena carne donde prenderse.
-“Cuando ya estaba perdiendo las esperanzas, veo una muchacha que alegra mis ojos, un perfil que me apasiona, con dos hermosas tetas y un trasero más que respetable. Lo único en su contra, era que tenÃa una pancita abultada, y caminaba como un patito.
-“Me acerque y comprobé que era más bella de lo que pensé, tenÃa unos ojos negros grandes, y el cabello recogido muy bien cuidado.
-“Le propuse la invitación, y acepto sin mediar palabras, por lo que tomamos un taxi, y nos dirigimos a mi departamento.Â
-“Al rato nomas, estábamos sentados junto a mi improvisada mesa, gozando del fresco de mi aire acondicionado central.
-“Miraba todo a su alrededor, con satisfacción de encontrarse contenida por una situación que no esperaba, para aquella calurosa noche de festejos.
-“Nos sentamos, y entablamos una charla amena, mientras degustábamos el sabroso pollo al spiedo, que regábamos con un buen champagne extra brut.
-“Cada tanto, la observaba que se ponÃa algo pálida, y se alteraba como si un fuerte dolor la molestara.
-“Le pregunte si tenÃa algún problema, o si se sentÃa descompuesta, pero me dijo que era un dolorcito pasajero, que se encontraba bien y a gusto.Â
-“BebÃa con pasión, y disfrutaba de la copa de champagne, que ni bien estaba vacÃa, rellenaba de inmediato. Bien pronto comenzó a sentir los efectos del alcohol, estaba con la cara roja, y reÃa sin cesar.
-“No era una mujer grosera ni vulgar, y yo me encontraba bastante feliz en su compañÃa, la besaba apasionadamente con gran fogosidad.
-“Llego el momento de acostarse, mientras me puse a levantar la mesa, ella se desvistió, y se escurrió por debajo de las sabanas.
-“El edificio era pura algarabÃa, la música de algunos departamentos estaba al máximo volumen, desde la calle se oÃan los estridentes cohetes, y el cielo azul se iluminaba con sus bengalas multicolores. ¡Todos reÃan y todos eran felices!
-“Yo me encontraba satisfecho por mi decisión de buscar aquella maravillosa mujer; verdaderamente de no haber actuado con celeridad, mis trabajos no se hubiesen acelerado y tal vez, la Editorial los hubiese rechazado.
-“Me estaba desnudando para ingresar a la cama y disfrutar un rato de placer cuando escuche un quejido de la joven, que me paralizo de pies a cabeza.
-“¿Qué tienes, querida?... te sientes descompuesta?, le pregunte.
-“No me respondió, pero sus dolorosos lamentos, eran cada vez más intensos, al igual que su regularidad.
-“¿Contéstame, por el amor de Dios?...tienes un cólico hepático, o te cayó mal la comida, o tal vez el vigoroso champagne?
-“No habÃa respuesta, y cada vez eran más agudos sus quejidos, hasta que soltó un grito desgarrador y espantoso.
-“Me precipite sobre ella, mientras encendÃa la lámpara de la mesita de luz, y vi su cara demacrada por el dolor, sus bellas facciones eran mascara de terror, sus labios estaban hinchados, sus ojos saltones, y sus ojeras eran oscuras como la misma noche.
-“Pensé inmediatamente que estaba agonizando, y que la muerte circulaba por su cuerpo, como un fantasma que la poseÃa demencialmente.
-“Los alaridos se intensificaron, y los departamentos vecinos bajaron la estridente música de sus aparatos reproductores, para escuchar que ocurrÃa alrededor.
-“! Por favor, dime que tienes, me estoy volviendo loco!, le suplique.
-“Casi sin aliento, pudo balbucear débilmente:
-“! Mi vientre…mi vientre está explotando!
-“Inmediatamente levante las sabanas que la cubrÃan y observe…
-“! Aquella mujer estaba pariendo, estaba dando a luz…maldita sea!
-“Fue entonces que a puñetazo limpio contra las paredes de ladrillos huecos, grite con todas mis fuerzas:
-“Socorro, socorro!...ayuda por favor, que es muy urgente.
-“La puerta de mi departamento se abrió de par en par y una multitud de hombres y mujeres, elegantemente vestidos, irrumpieron salvajemente a la habitación, de donde provenÃan los espantosos gritos de dolor. Todos temieron que fuera algún suicidio o crimen, mientras una anciana, celular en mano, daba parte a la policÃa.
-“Yo gritaba desaforadamente, pero nadie me comprendÃa, el alboroto era total, la anciana graznaba:
-“! Agarren y sujeten al asesino!...que no se escape.
-“Luego de instantes de zozobra, pude destrabar mi lengua e implorar:
-“!Esta…esta…pariendo!...alguien que la ayude.
-“Recién entonces, se calmó algo el quilombo que estaban armando, casi todos estaban totalmente borrachos, y otros querÃan meter mano en el asunto, con la pobre parturienta. Un viejo de barba blanca, querÃa abrirle las piernas y un loco se las cerraba, creo que de seguir asà la hubiesen matado.
-“Yo salà corriendo por la escalera, pues el ascensor se demoraba y casi caigo de bruces en uno de los descansos.
-“Recordé que a unas cuadras habÃa un consultorio médico y rogué que el galeno morara en dicha vivienda.
-“! Por suerte lo encontré y lo bueno, bastante sobrio!, le conté la urgencia y ágil tomo su maleta, saliendo disparado tras de mÃ, hasta el departamento.
-“Al penetrar en el mismo, hubo que abrirse a los codazos, entre todo el público que habÃa invadido mi espacio en el edificio.
-“Una mujer, supuestamente ducha en partos, sostenÃa en sus manos una masa de carne roja, arrugada y doblada que maullaba como una gata en celo.
-“Alrededor de mi comedor habÃa tres tipos sentados en el suelo, comiendo sobras del pollo, y empinándose el champagne residual de las botellas.
-“Es un hermoso bebe, me dijo la mujer que lo sostenÃa por sus piecitos. Lo felicito, debe estar pesando unos tres kilos y se lo ve bien rosadito.
-“El medico examino a la parturienta, y mirándome con cara de impotencia, me dijo suavemente:
-“¿Es su mujer?
-“Le conteste que no lo era, más mi rostro evidenciaba un dolor inmenso.
-“Tal vez su amante, pero poco importa, y sacando de su maleta un recetario, indico el tratamiento a seguir, los medicamentos y los horarios de toma.
-“A solas, ya en la puerta del departamento, me comunico que el estado de la señora era grave, ya que al ocurrir el parto luego de la opÃpara cena, con un alto almacenamiento de alcohol en sus riñones, dificultaba su restablecimiento; dijo también que por la mañana, enviarÃa a una nodriza, y una enfermera.
-“A las ocho de ese dÃa, aparecieron las dos mujeres enviadas por el médico, con una carga de remedios bajo el brazo.
-“Mi noche fue de locos, y finalmente me dormà en uno de los sillones junto a la cama, donde descansaba la mujer y su bebe.
-“Me desperté aturdido y hacia notables esfuerzos para reflexionar aquella locura que me habÃa sucedido, miraba los destrozos que ocasionaron, los concurrentes al espectáculo de parto, y cerraba los ojos para no comprobar mi triste destino.
-“Que harÃa ahora, si enviaba a la mujer a un hospital, seria tapa de los diarios, y el barrio entero, me tildarÃa como un cruel sanguinario e inhumano mortal.
-“Decidà que se quedara bajo mi cuidado en mi departamento, perdà innumerables borradores de cuentos, que me exigÃa la Editorial en tiempo y forma.
-“Estuvo reposando su convalecencia, durante seis meses, desayunaba y comÃa lo que se le sirviese, no dejando ni una migaja en su bandeja.Â
-“¿Quieren saber del niñito?...pues debà encomendarlo a una matrona, a los fines de alimentarlo, ya que su madre no estaba en condiciones fÃsicas para ello.
-“Me costó unos cinco mil pesos mensuales su manutención, y seguiré con esa carga, hasta que me muera; más el niño goza de una salud incalificable debido a la fortaleza que le surge, del amamantamiento de excelencia.
-“Al tener uso de razón, me llamara: !Papa! y de seguro que deberé correr con los gastos de su escolaridad y alimentación hasta su mayorÃa de edad.
-“Para colmo de todos los males, la muchacha cuando estuvo curada, me querÃa con locura y me perseguÃa a luz y sombras. DecÃa que por fin habÃa encontrado al hombre de su vida, y con delirio me endiosaba, la muy puta.
-“Poco a poco comencé a quitarle los vÃveres, y debió volver a la calle para poder rebuscarse los garbanzos, y comer como siempre lo hizo, antes de su embarazo.
-“No demoro mucho tiempo, en que adelgazo como una gata hambrienta, y fue quedando puro huesos, parecÃa un esqueleto caminante y ya nadie la miraba en la calle, por consiguiente comenzó a perseguirme para intentar conquistarme.Â
-“Se escondÃa para observarme, y por la noche cuando salÃa de farra con alguna de mis amistades, me para y quiere besarme la mano, decirme que está loca por mi amor y jurándome un cariño eterno.
Me tiene un poco loco, de tanto huir de su presencia, y no me extrañarÃa queridos amigos, que a la salida de este bar, donde estamos reunidos, este oculta entre los árboles la maldita, para inspeccionar que es lo que hago de mi vida.
Ahora, ya saben todos Uds. la razón, por la que no quiero oÃr hablar de las fiestas de Nochebuena. Es entendible, verdad
El grupo de amigos, se acercó a Arturo, y le ofrecieron unos fuertes abrazos, por su dignidad, y capacidad para soportar tantos infortunios, en la recordada infeliz de Navidad del 2005.
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