Esto era un árabe que se llamaba Aladino.
-¿Vendes lámparas?
-¿Eres un genio?
-¿Tienes alfombra voladora?
No habÃa dÃa en que no tuviera que oÃr mil veces estas preguntas o similares. Se cansó. Y un dÃa fue al Registro:
-¿Me puedo cambiar de nombre?
-Sin problemas. DÃgame cómo quiere llamarse.
Aladino pensó en un nombre que fuese muy común en la zona.
-¡AlÃ! ¡Quiero llamarme AlÃ!
El funcionario del Registro tachó Aladino de su ficha de nacimiento y puso el nombre elegido.
-Pues ya está. ¿El apellido quiere dejarlo igual?
-SÃ, sÃ.
El funcionario se despidió., sin perder de vista la ficha corregida:
-¡Que le vaya bien don AlÃ… Babá!