Erase una vez, un tambor que como cualquier otro, era de madera y siempre lo utilizaban para tocar música golpeandolo.
El siempre se reunÃa con sus amigos para contarse entre ellos como lo trataban y cuanta fama habÃan ganado.
En uno de los dÃas de Julio, el dichoso tambor tenÃa que participar en un concierto en el Hotel del Lago en Maracaibo.
Para su mala suerte, cuando se estaba practicando para ese acto, le ha caido un palo de esos que utilizan para hacer pinchos, pero mucho más grande.
El pobre tambor lastimoso de ese lamentable acontecimiento, quiso mezclarse con sus demás compañeros para que no lo vieran , pero el palo que le habÃa caido era muy grande y visibla al público.
El dueño del tambor, Alejandro Ferrer, quien por cariño le llamaban "FURRO"; tratando de quitarle el palo a el tambor halandolo, maravillosamente no logro sacarle el palo a el tambor, pero si un nuevo sonido músical.
El director de la orquesta músical escuchó también el sonido que habÃa producido el furro y le dijo a Alejandro: Alejandro, lleva tu tambor al teatro, pero en vez de golpearlo, halale el palo como lo hacias ahora.
Paso el concierto y todo fué un exito y más que todo el tambor se lució y llamó mucho la atención por su novedad.
El tambor sonrriente una vez más, se sintió útil y mejor que nunca por que sabÃa que habÃa plantado un asombroso hecho en la historia, y que no solo era él el que tenÃa el palo en encima, sino que miles de tambores también lo tienen de ahora en adelante.
Y el famoso descubrimiento fué vautizado como FURRO, como le llamaban a Alejandro por cariño.
Y todo por que un tambor común y corriente le habÃa caido un palo encima.