Pipo era un mono que siempre danzaba muy alegre de un lado para otro. Siempre andaba como loco y, por eso, siempre se metÃa en lÃos.
Su mejor amigo era Titi, un conejo que siempre iba detrás de Pipo y estaba pendiente de todo lo que su amigo hacÃa para que evitar que se metiera en problemas.Â
¡Ten cuidado Pipo!, ¡No vayas por ahÃ!, ¡Te vas a caer!, ¡Estate quieto! – le decÃa continuamente.
Una tarde de verano, Titi estaba tranquilamente al lado del rÃo echándose su siesta. Pipo se acercó a Titi dando saltos:
- ¡Titi!, ¡Vamos a bañarnos! ¡Quiero ir a las cascadas que hay al final del rÃo! – le decÃa Pipo.
- ¿Las cascadas? ¡Estás loco!, ¡No vayas allÃ! ¡Es peligroso!... – contestó Titi.
- ¡Eres un aburrido! ¡Buuuu!– le decÃa sacándole la lengua el mono.
Titi hizo prometerle a Pipo que no irÃa a las cascadas y se quedó tranquilamente durmiendo su siesta. Pero Pipo no hizo caso a su promesa y se fue a las cascadas.
- ¡Guauuu! ¡Esto va a ser súper divertido! ¡Titi no sabe lo que se pierde! – pensaba Pipo mientras se metÃa en el agua.
Cuando Titi se despertó de la siesta, no encontró a Pipo por ningún lado.
- ¿Habéis visto a Pipo? – preguntó a todos los animales.
Pero nadie lo habÃa visto. Titi siguió buscando durante un buen rato pero no daba con su amigo el mono. Recordó la promesa que le habÃa hecho de no ir a las cascadas, pero tuvo una corazonada y pensó en buscarlo allà por si acaso.
Cuando estaba llegando a las cascadas, escuchó unos gritos de auxilio:
- ¡¡¡¡Ayuuuuuuuudaaaaaa!!!! ¡¡¡¡Estoy atrapado!!!!! – oÃa a lo lejos.
Titi corrió a ver qué pasaba y cuando llegó encontró que su amigo Pipo estaba enganchado en unas ramas y que no podÃa moverse.
- ¿Pero qué haces ah� – preguntó Titi.
- Salté por la cascada y la corriente me trajo hasta aquÃ. ¡Me he quedado enganchado y no puedo salir! – le explicó el mono.
Titi, muy disgustado porque su amigo no habÃa cumplido con su promesa, tuvo que salir corriendo a pedir ayuda.
Entre todos los animales idearon un plan para sacarlo de allÃ. Les costó muchÃsimo conseguirlo, pero al final, lograron salvar a su amigo Pipo.
- ¡Gracias a todos! ¡Me habéis salvado! – dijo el mono.
Y, muy triste, se acercó a su amigo Titi. Se habÃa dado cuenta de que no debió romper su promesa y de que habÃa sido muy egoÃsta poniendo su vida en peligro por un rato de diversión. Le pidió disculpas a Titi y le prometió, esta vez para siempre, que nunca más se meterÃa en lÃos.