En ese momento las palabras empezaban a perder todo significado para Esperanza, hacía ya bastante tiempo que había dejado de sentir miedo para reemplazarlo por resignación, esperaba con impaciencia el momento de morir mientras intentaba desconcetarse de todo el dolor que estaba sintiendo sumergiéndose en sus propios pensamientos... no tenía muy claro cómo había llegado hasta ese punto, días atrás había asesinado a sangre fía a toda su familia - su mamá, su papá, sus dos hermanos mayores -, pero a pesar de todo no se arrepentía de nada.
Era incríble que la justicia nunca había siquiera sospechado de ella, una niña de 15 años que hasta hace unas horas había tenido cara de muñequita, que no tenía ningun antecedente y que podía convencer a cualquiera de lo que quisiera con sólo una sonrisa. Pensaba y pensaba pero no lograba entender que la había impulsado a matar a toda su familia, incluso estaba sorprendida en lo calculadora que había sido al cometer el crimen... recordaba con algo de júbilo el primer golpe que había dado, un golpe certero, bien pensado, preciso, en la cabeza de su madre, con el martillo grande y pesado que había encontrado en el sotano, su madre ni siquiera se había quejado, recibió el golpe tranquila, callada, sin reparos, incluso parecía que lo estuviera esperando... el resto había sido muy fácil, el único que alcanzó a decir algo fue el mayor de sus hermanos, pero no tuvo mucho tiempo antes de que Esperanza descargara los seis tiros de la pistola de su padre en su pecho y su rostro. Despues todo se convirtió en una calma y un silencio casi absolutos..., lo más dificil fue ocultar los cadaveres, pero se las arregló y se demostró a si misma que era capaz de hacerlo y sobre todo que disfrutaba -y mucho- haciéndolo; la sangre, la carne magullada y amoratada, la expresión inmóvil del rostro de un cadaver eran definitivamente cosas hermosas.
Pero no todo salió bien, su familia volvió para vengarse y ahora la torturaban y le cercenaban cada parte de su cuerpo lenta y dolorosamente. Esperanza esperaba mientras se desangraba que la muerte llegara rápidamente a su mente, su cuerpo ya no era motivo de preocupación, al fin y al cabo ya era inservible... ¿miedo?, no, ya no, tal vez al principio pero se había disipado, se había confundido con toda su sangre y con todas las partes que ya no hacían parte de su cuerpo, ahora lo que sentía era confusión y arrepentimiento, de haber sabido que es posible que la gente vuelva de la muerte hubiera tomado precauciones, ahora se preguntaba si ella también volvería, ¿pero de quien se iba a vengar?. El dolor empezaba a terminar mientras veía al fantasma de su padre dirigirse hacia ella con un hacha que obviamente iba a ser usada en su cuello, lo sabía porque así lo había asesinado. Echó un último vistazo a toda su familia que la miraba con rabia y sintió con tranquilidad como su cabeza se separaba del resto de su cuerpo... nunca lo había creido, pero ahora comprobaba que es cierto que la cabeza dura viva diez segundos después de desprenderse, tiempo suficiente para ver las sonrisas sardónicas de sus dos hermanos.
Tremendo el cuento, bien contado, como, para hacer una pelìcula. Le di diez, y le recomiendo a la gente que lo lean.