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El lápiz mágico

El lápiz mágico

Este cuento se lo quiero dedicar a mis adoradas sobrinitas Irene y Gema y a mis fabulosos amigos Araceli, Marta y Emmanuel.

Iba una vez una chica de nombre Maribel paseando alegremente por la calle. Bueno, iba alegremente porque era muy alegre, no porque tuviera ningún motivo. Digo esto porque la pobre había suspendido el examen de geografía y encima su novio se había ido con su mejor amiga. Pero ella era optimista y siempre sabía ver el lado bueno de las cosas. Decía:
- Realmente, tengo que reconocer que Leonardo es bastante feo, además, resulta que siempre está diciendo chistes que no tienen gracia y encima escupe a cada momento con el asco que me da. En cuanto a Ani, si fuera tan buena amiga como parecía no me habría quitado el novio. Pero tiene lo que se merece. Que le aprovechen bien sus escupitajos y sus chistes malos. Y el examen de geografía no lo he aprobado pero por un pequeño fallo de nada, ese está más que recuperado. Lo que pasa es que doña Encarna me tiene manía.
Así que a pesar de todo estaba alegre. Pero lo que nunca hubiera imaginado era lo que iba a cambiar su vida aquel día: Se encontró un lápiz.
Ya sé lo que estás pensando, te lo puedo ver en tu mente dibujado: “pues menuda tontería, por encontrarse un lápiz iba a cambiar su vida”. Pero si eres algo inteligente, y yo sé muy bien que sí lo eres, habrás comprendido que aquel lápiz no era como los demás, era un lápiz capaz de cambiar la vida de alguien. Y, además, ya sabes como se titula este cuento y habrás adivinado que era un lápiz mágico. Por eso lo mejor es que sigamos con nuestra amiga Maribel.
A Maribel le gustaba mucho encontrarse cosas, una vez se encontró unas llaves y daba saltos de alegría, porque le resultaron muy útiles para quitar la tapa de una lata de pintura. Nunca nos podemos llegar a imaginar lo práctica que puede llegar a ser cualquier cosa que nos encontremos.
Por eso cuando se encontró el lápiz lo cogió enseguida y se puso contentísima. Se lo metió en el bolsillo y comenzó a pensar lo que iba a hacer a partir de ese momento. Podría hacer maravillosos dibujos y pasarse el tiempo tan a gusto; podría escribir cosas, podría utilizar el lápiz para metérselo en la nariz y hacerle carantoñas a su hermanita, podría utilizar la punta del lápiz para limpiarse las uñas... en fin un sin fin de posibilidades que se le presentaban aquel día. Pensó Maribel: “Tal vez es hoy el día más feliz de mi vida”. Tú pensarás que era una simple, porque tampoco es para tanto. Pero recuerda que Maribel era muy positiva y esa es la ventaja de ser así de optimista, que cualquier cosilla por pequeña que parezca es motivo de gran felicidad.
Cuando llegó a su casa, se metió en su habitación y miró sus tristes paredes blancas. Pensó: -“ya sé qué puedo hacer con este maravilloso lápiz, voy a decorar las paredes de mi habitación.” Era una idea estupenda, no lo puedes negar. Imagínate que Maribel pintaba muy bien, y que su madre no le iba a reñir por eso, porque, además, ya era grande, tenía casi dieciséis años que se dice muy pronto. Así que se puso manos a la obra y pensó en dibujar un tigre fiero saltando para coger a su víctima, pero le pareció que eso le iba a llevar mucho tiempo. Entonces pensó en dibujar un lindo conejito. Ya tendría tiempo de ir diseñando el dibujo del tigre, para hacer una obra de arte.
Cogió su lápiz y empezó a trazar las líneas del dibujo. Le salió el conejo precioso, estaba diciendo cógeme, acaríciame. Verdaderamente adornaba la triste pared. Se paró a pensar cómo podría pintarlo de colores para que saliera todavía mejor. Y pensando, requetepensando como quería que el conejito saliera... zas, el conejito salió, sí, sí, salió del dibujo y lo tenía delante para acariciarlo. Y no digas que es imposible, porque ya te he dicho que se trataba de un lápiz mágico.
La primera sensación que tuvo Maribel fue de verdadera felicidad. No sólo se había encontrado un lápiz sino que se trataba de un lápiz maravilloso, que podría conseguir con él todo lo que quisiera. A la porra Leonardo y a la porra Ani. Ya si que es verdad que no le importaba nada porque tenía su lápiz con el que podría ser la envidia de todos, podría hacerse rica, incluso hacer muchas buenas obras.
Pero después se quedó pensativa y se echó a temblar. No te creas que era tonta, es que se acordó que primero había pensado pintar un tigre muy fiero. Bendito su ángel de la guarda que le inspiró lo del conejito. Si llega a pintar el tigre ahora estaría en su panza y el bicho iría por ahí devorando a las débiles criaturas. Claro que a una chica con suerte como ella no podían ocurrirle cosas así.
Cogió su lindo conejito y decidió ponerle un nombre.
- A ver, a ver, que nombre te pongo. Ya está Leonardo es una buena idea de ese modo le daré rabia a los dos tortolitos cuando vean mi lápiz.
Así que lo cogió en sus brazos y empezó a acariciarlo. Lo miró fijamente y vio que la criaturita tenía una cara de hambre que no se podía aguantar.
- Pero que te puedo dar de comer. No se me ocurre nada. ¡Anda! Mira que soy tonta. ¡Si tengo mi lápiz mágico! No tengo más que pintar comida para conejos y ya está.
Tú te preguntarás cómo sabía ella qué comida le iba a gustar al conejito. Pero Maribel además de ser muy optimista era muy lista y sabía encontrar soluciones para todo. Así que pintó una bolsa de comida para conejillos y cuando abrió y cerró los ojos ya la tenía fuera del dibujo. La abrió y tenía una especie de pienso que el conejito devoró como si llevara una vida entera sin comer. Bueno, es que no había comido nunca porque lo acababa de dibujar Maribel, y es lógico que tuviera tanta hambre.
Después pensó: con lo que está comiendo el bicho este se va a morir de sed. Así que se puso manos a la obra a dibujar un maravilloso arroyo de agua para que bebiera su conejito. Por cierto, había dicho yo que era muy lista ¿verdad? Pues, bueno, habrá que decir que a pesar de todo tenía sus fallos. Piensa que nadie es perfecto en este mundo y mucho menos Maribel. ¡La muy tonta! ¿A quién se le ocurre pintar un arroyo en su habitación sabiendo que se iba a salir del dibujo? Claro te puedes imaginar lo que pasó, se le empezó a inundar la habitación y ella se puso como una sopa, tuvo que coger a Leopoldo para que no se ahogara y pensar cómo podría parar aquello.
Piensa que te piensa pintó un grifo por donde salía el agua y esperó, después todo era la mar de sencillo cerró el grifo y asunto resuelto. No hay problema que se resista ante Maribel la lista. Pero claro ella y Leonardo se habían puesto chorreando y ahora empezaba a encontrarse mal. Había cogido un catarro de padre y muy señor mío. No iba a poder salir a la calle y enseñarle a sus amigas su lápiz mágico y su conejito. Pero ¿a quién podría importarle un catarro con la suerte que había tenido? Además, a su hermana sí que podía enseñarle el lápiz. Ella le pintaría las medicinas que se tenía que tomar y se curaría el catarro. Su hermana tenía dieciocho años y era muy buena, aunque a veces le regañaba mucho. Se llamaba Laura.
Maribel no dudó en llamar a su hermana que estaba viendo cómodamente la telenovela. Laura subió entonces a regañadientes, porque precisamente en esos momentos parecía que Elisa María y Carlos Guillermo se iban a reconciliar y estaban a punto de besarse. La verdad es que es muy molesto que te interrumpan la novela en un momento así, es lo mismo que si te interrumpen el partido de fútbol justo cuando están a punto de meter un gol los de tu equipo. Pero Laura, a pesar de todo subió para ver qué quería Maribel, porque estaba un poco mosca con los extraños ruidos que había estado oyendo.
Cuando entró en la habitación creyó que se le cortaba la respiración. Todo inundado de agua, su hermana como una sopa y un conejo que no se podía imaginar de donde habría salido.
Maribel no sabía cómo explicárselo pero empezó a hablar.
- Esto no es lo que parece. (Esta frase es muy típica para empezar a explicar una situación un tanto extraña) Todo es por culpa de este lápiz, Laura. Pero verás que bien lo vamos a pasar con él.
Laura, evidentemente se quedó todavía más sorprendida. Cogió el lápiz y lo miró de arriba abajo sin notar nada en particular.
- Dibuja con el lápiz un jarabe que ponga “para el catarro” y verás lo que ocurre.
Laura hizo lo que su hermana le pedía, pero ella dibujaba muy mal y le salió un bote muy feo. Después vio con estupor como el bote se salía del dibujo. No podía creer lo que estaba viendo. Se llenó de miedo y empezó a pensar cosas horribles. Es que Laura era muy pesimista, y siempre veía el lado negativo de las cosas.
- Tenemos que deshacernos de esto enseguida. Tal vez pertenezca a una malvada bruja y quiera recuperarlo.
- No seas tonta – respondió Maribel – es un maravilloso lápiz que nos va a conseguir todo lo que queramos. Además, las brujas no existen, que ya somos mayorcitas las dos. Anda pásame el jarabe que me ponga buena. Y pinta algo de comer que se me va a caer el estómago.
- ¿Y qué puedo pintar para comer?
- Pues, pinta una lata de estofado de carne, luego la calentamos y comemos. Verás que bueno nos va a salir. (¡Qué lista era! Tenía solución para todo.
Laura hizo caso de su hermana y pintó una lata de carne estofada de vaca. Pero como siempre le salió un dibujo bastante feo. Cuando la lata salió del dibujo la cogió y se la llevó a la cocina para abrirla y calentar el estofado. Se veían los trozos de carne muy jugosos. Y preparó dos platos, uno para ella y otro para Maribel. Los metió en el microondas y salieron calentitos. Eso sí, que tenían un olor un tanto extraño.
Maribel empezó a comer y al meterse la primera cucharada sintió que sus ojos iban a salir de sus órbitas.
- ¿Qué es esto? Esto sabe, perdona lo que voy a decir, esto sabe a culo.
Laura probó también el estofado y puso la misma cara de su hermana.
- Es verdad, esto sabe a culo. Pero yo había puesto en la lata que fuera carne de vaca.
- Mira en los ingredientes para ver que lleva.
Laura miró en la letra pequeña y vio que en los ingredientes ponía: Pompi de vaca de primera clase. Pero ahí no acababa todo sino que en la parte trasera del papel de la lata ponía: “Pompi de vaca estofado”. Así se explicaba todo. Con lo mal que dibujaba Laura era normal que las cosas le salieran regulares.
En ese momento Laura pensó que había sido un desastre encontrarse con ese lápiz tan peligroso. Sin embargo, Maribel, consideró que todo lo que pasaba era muy divertido. Además, las medicinas que había pintado la habían puesto definitivamente sana.
- Creo que deberíamos deshacernos de ese objeto tan peligroso. Mira lo que nos ha pasado con el culo de la vaca y piensa lo que nos puede pasar todavía. – Dijo Laura.
- Pues yo pienso todo lo contrario. Mira cuántas cosas graciosas y divertidas nos han ocurrido y piensa las aventuras que podemos vivir todavía con este lápiz tan fantástico. – Respondió Maribel.
No sé si te queda claro la forma tan diferente de ver las cosas que tenían las dos hermanas. Afortunadamente para nosotros, Laura, a pesar de ser mayor, le hacía bastante caso a Maribel. Es que si no es así la muy tonta hubiera tirado el lápiz y entonces nos deja sin cuento. Pero al hacer caso de su hermana vamos a poder conocer sus apasionantes aventuras.
Hasta ahora, Maribel sólo ha descubierto una de las posibilidades del lápiz que es la de sacar los dibujos y convertirlos en cosas reales. Pero en estos momentos se disponía en vivir una experiencia nueva: crear un gran dibujo y meterse en él para vivir una aventura apasionante. Para esta experiencia nueva no podía dejar que su hermana dibujara nada, porque tampoco era cuestión de vivir una historia de terror.
Posiblemente estarás pensando que me he olvidado de algo. Pero te puedo asegurar que estás en un tremendo error. Laura es la hermana mayor de Maribel, pero tienen una hermanita pequeña con un año y medio que se divierte mucho con las carantoñas que le pone Maribel. Por eso Maribel se pasaba siempre mucho rato haciendo reír a su hermanita. Una de las cosas que más gracia le hacía era hacer de gorila: empieza a dar gritos y a subirse por todas partes y a darse golpes en el pecho, eso sí, siempre haciendo lo mismo que un gorila. Y mientras hace estas cosas Lucía grita de risa. Pero tiene que tener mucho cuidado de que no la pille Laura, porque siempre le riñe. Le dice:
- ¿No ves que si te montas en todas partes puedes romper algo?
Y es que eso es lo que pasaba siempre con Laura.
El problema es que no podían arriesgarse a perderse en un dibujo sin llevarse a Lucía. Porque era muy pequeña y sus padres no habían vuelto aun de trabajar. Así que Maribel dijo:
- Nos llevaremos a Lucía con nosotras.
Pero Laura respondió:
- Estás loca. ¿No te das cuenta que lo que quieres que hagamos es algo muy peligroso? Piensa bien que no sabemos cómo puede resultar esta experiencia.
Maribel se quedó pensativa pero ya te puedes imaginar cual iba a ser su decisión.
- No seas tonta, Laura, un sencillo dibujo a lápiz no puede ser peligroso. Tiene que ser muy divertido y no está bien que la aventura tan maravillosa que vamos a vivir se la pierda nuestra Lucía. Así que nos la llevaremos.
Laura prefirió callarse pero estaba comiendo de sus carnes. Pensaba: seguro que nos ocurre algo malo, seguro que no es una buena idea, seguro que nos secuestra una bruja terrible o algo peor, pero no puedo dejar solas a mis hermanas tengo que defenderlas de todos los peligros.
Así que Maribel empezó a dibujar en la pared un paisaje maravilloso con unos animales muy simpáticos que se salían del dibujo según los pintaba, pero no se escapaban porque la puerta de la habitación estaba cerrada. Tal y como se lo había imaginado el paisaje dibujado se convertía en un paisaje real y hasta se escuchaban hermosos trinos de extrañas aves.
Justo en ese momento llamaron a la puerta.
Enseguida dijo Laura:
- Nuestros padres vuelven antes de lo previsto. Menuda bronca nos van a echar. Y ahora ¿Cómo le vamos a explicar todo esto? Te lo dije. Seguro que algo salía mal, lo sabía.
Maribel sujetó a los extraños animalillos para que no se escaparan y dijo:
- Pronto, vete a abrir la puerta, y no digas más tonterías. ¿No te das cuenta que papá y mamá tienen llaves de casa y no tienen que llamar?
- Entonces es muy posible que sea la bruja que ha perdido el lápiz y viene a recuperarlo, o la policía o tal vez...
- Déjate de monsergas, y abre la puerta que se me van a escapar estos bichos.
La verdad es que Laura estaba empezando a cabrear a Maribel con tanto pesimismo. Si era la policía pues qué se le iba a hacer pero peor sería que se le escapasen los simpáticos animalitos que eran una mezcla de la suavidad de un conejito, la alegría de un perrito y la simpatía de un gatito, pero con plumas. Una maravilla de mascota. A esto se le llama una mascota de diseño, según tengo entendido. Pues bien, como íbamos contando, Laura fue a abrir la puerta y comprobó que su hermana tenía razón, no era la policía ni sus padres. Era Ani, la amiga de Maribel que le había quitado el novio.
- ¿Está Maribel en casa? Necesito hablar con ella, tengo que pedirle perdón por lo que ha pasado y explicarle algunas cosas.
Laura que no estaba enterada de lo ocurrido pensó que no pasaba nada con dejarla pasar. Aunque no sabemos a lo que puede llegar una mujer celosa. Pero el caso es que Ani pasó. Laura intentó explicarle lo que había dentro.
- Te advierto que vas a encontrar cosas raras, no te extrañes de nada.
- Lo sé, no te preocupes.
Por supuesto que no sabía nada pero se creía como tú te imaginas que Maribel estaba muy triste por que le había quitado el novio. Menuda sorpresa que se iba a llevar.
- Pues pasa y verás lo que hemos hecho.
Ani entró en la habitación de Maribel y se quedó tan confundida que sintió que se mareaba.
Maribel, en el fondo estaba deseando de verla para darle envidia con su lápiz mágico, además, una aventura es mucho más divertida cuando más amigos la comparten. Entonces en lugar de ponerse chula, lo que hizo fue contarle lo que pasaba.
- No te preocupes, Ani, lo de Leonardo lo superaré.
- Pero... - dijo Ani.
Maribel siguió explicándole:
- Esto es un dibujo mágico hecho con un lápiz mágico. Ahora nos vamos a meter en él y vamos a vivir una maravillosa aventura. Vente con nosotras y olvida a Leonardo, de momento.
Ani no sabía si reír o llorar. Porque no entendía nada. Por otro lado, lo de vivir una aventura no se lo quería perder. Así que no esperó más explicaciones.
Ya lo tenían todo a punto. Por cierto que a Ani le encantaron los animalitos de diseño tan preciosos que llevaba Maribel y le dijo que le dejara acariciar a uno.
- ¡Qué suave! - dijo Ani- es el bicho que siempre he soñado tener.
- ¡Qué lástima que pudiendo tener un animal tan lindo te conformaras con tener el bicho de Leonardo! - dijo Maribel.
- Precisamente de eso quería hablarte, yo...
- Déjalo, es una pequeña broma. Vamos a entrar en el dibujo, verás que sorpresas he preparado.
Cuando se disponían a entrar en el dibujo volvieron a llamar a la puerta. Enseguida Laura creyó que se moría.
- Ahora sí, ya no tenemos salvación. Estos sí que son de la policía.
No dijo nada de sus padres porque ya le había hecho ver Maribel que ellos tenían llave, pero a ella eso fue lo primero que se le vino a la cabeza. Maribel esta vez no le dijo nada sino que la miró con una cara que hasta el bicho que tenía en sus brazos se asustó. Ani pensó que ponía esa cara por ella. Pero Laura sin rechistar fue a abrir la puerta. Pero por dentro pensaba: es la policía, es la policía.
Cuando abrió, de nuevo tuvo que alegrarse de no ver a la policía. Era el joven Leonardo que venía también en son de paz. Tenía una cara de arrepentido que se le notaba a la legua.
- Necesito hablar con Maribel. - dijo Leonardo.
- Pues pasa, pero te advierto que te vas a encontrar un panorama bastante extraño.
- Lo sé - dijo Leonardo con la voz de alguien que está arrepentido. Es que venía muy arrepentido. Pero aunque dijo “lo sé” no lo sabía. Él se creía que Maribel estaba enfurecida por lo de Ani. De lo del lápiz mágico no tenía ni la más remota idea. Pero esa es la ignorancia creerse que se sabe algo que no se sabe y decir tranquilamente: “lo sé.”
Me imagino que llegados a este punto estás que echas chispas por los pelos. Dirás: entre unos y otros todavía no se han metido en el dibujo con las ganas que tengo de ver qué pasa. A lo mejor dices también que la escena del novio y de la amiga arrepentida se merecía mejor tratamiento. Pero es que las cosas son así. No te impacientes. Piensa que es muy emocionante todo lo que se hace esperar. Y disfruta ahora con los arrepentidos que vienen buscando a Maribel y se creen que saben lo que se van a encontrar y se encuentran con un dibujo que se sale... que se sale de lo cotidiano.
Además nuestro amigo Leonardo se llevaría una sorpresa más, porque no se imaginaba que allí estaba también Ani.
Total que entró en la habitación y al ver los bichos, el paisaje y a Ani hablando con Maribel sintió que su corazón latía con una fuerza y a una velocidad que se salía de lo normal.
Pero Maribel, sonriente, sobre todo al verlo tan confundido, le dijo:
- No te asustes, Leonardo, tú también vendrás con nosotros al dibujo. Precisamente necesitábamos a un hombre que nos defendiera de todos los peligros. Con mi lápiz mágico y contigo no puede sucedernos nada.
Leonardo, cada vez entendía menos lo que pasaba. Tenía una cara de tonto, mezclada con la cara de arrepentido que daba mucha risa. Hasta los animales de diseño parecía que se estaban riendo. Enseguida dijo con su voz de arrepentido:
- Perdona, pero no entiendo nada. Bueno, perdona es lo primero que te quiero decir. Perdona por que tú no te mereces que yo... pero es que no entiendo nada.
- Pero si es muy fácil - dijo Laura- mi hermana se ha encontrado un lápiz embrujado que convierte en realidad todo lo que se dibuja con él. Y mientras la bruja que lo ha perdido viene a buscarlo, o bien mientras nos coge o no la policía, pues... nos vamos a meter en el dibujo. ¿Comprendes?
- No - dijo Leonardo a punto de echarse a llorar.
Entonces fue Ani la que quiso explicárselo:
- Mira; Maribel se ha encontrado un lápiz mágico y ha hecho este maravilloso dibujo lleno de sorpresas dentro para que nos metamos en él y vivamos una aventura inolvidable. ¿Qué te parece?
- Creo que mejor vengo mañana. Hoy no me encuentro bien. - Respondió Leonardo.
Pero no estaba la cosa como para dejar marchar a Leonardo. Maribel tenía muy claro que esta era una magnífica oportunidad para tener una fabulosa aventura con sus hermanas y con sus mejores, bueno tal vez en este momento no podía pensar que fuera sus mejores amigos, pero al menos podrían ser sus amigos malos pero arrepentidos.
- No te vayas, Leonardo – dijo Maribel con una voz apasionada propia de una película melodramática – no te vayas. Venías buscando en mí una palabra de perdón y yo te la otorgo. Mi corazón adivina que estás arrepentido y no puedo hacerlo callar.
Quizá pienses que Maribel se había puesto un poco cursi, pero no le quedaba más remedio que montar el número para que no se le escapase Leonardo.
- Yo entiendo que no me quieras perdonar. Pero es que de verdad siento mucho lo que te he hecho.
- Pareces tonto, niño – intervino Laura- mi hermana ha dicho que te perdona.
- Ah, eso significaba que me perdonas.
- Pues claro, te he dicho: yo te lo otorgo, y eso quiere decir que sí.
- Pues fíjate, que yo creí que era que no.
- Bueno y ahora escucha. No temas nada. Vamos a vivir una aventura maravillosa dentro del dibujo. Porque todo es mágico. Será como un sueño increíble.
- Pero es que no comprendo nada.
- No te preocupes. Verás como lo vas entendiendo poco a poco.

La primera en entrar en el dibujo fue, ¿cómo no?, Maribel que para eso es la más atrevida y la más lista, le siguió Ani, que estaba muy entusiasmada con todo lo que llevaba visto, después fue Leonardo, que desde luego no se fiaba mucho pero no se atrevía a parecer un gallina delante de las chicas. Y por último, como era de esperar entró Laura, llevando a Lucía de la mano y por supuesto iba a regañadientes y diciendo que se iban a meter en un gran lío, que ella sería la responsable de todo. Y lo peor de todo era meter a Lucía en semejante juego peligroso.

Bueno, por fin han entrado en el dichoso dibujo, que parecía que no iba a llegar nunca este momento. Todo era maravilloso, parecía un sueño. Maribel tuvo que pellizcarse para asegurarse que ere realidad. Luego le gustó la idea y pellizco a Ani y después a Leonardo. Ella les dijo que era para que vieran que no se trataba de un sueño pero en realidad era una pequeña venganza. Porque los muy canallas, como Leonardo estaba asustado, iban más bien abrazaditos. No se podía encajar eso con su arrepentimiento.
Primero atravesaron un maravilloso bosque, lleno de plantas verdes todas muy originales. De vez en cuando saltaban o volaban preciosos animalitos. Incluso pasaron varios peces de distintas formas y tamaños volando por ahí.
- ¿Qué es esto?- preguntó Laura – ¡Peces voladores! Nos hemos venido a meter en un lugar embrujado. Pobre Lucía, tan pequeña metida en un lío como éste.
- No empieces, querida hermana. Estos peces voladores aparecen en el bosque porque los he pintado yo. Todo lo que hay en este dibujo ha sido creación mía, con mi lápiz mágico. No hay nada que temer.
Después vieron que había una pequeña aldea muy cerca de donde estaban. Había un letrero que anunciaba: Los Ovíparos. Ese debía de ser el nombre de la aldea.
Llegaron a la aldea enseguida. Era pequeña, pero había mucho ambiente de gente por todas partes. Eran unas personas muy curiosas porque en vez de boca tenían pico. Cuando vieron esas personas Ani y Leonardo se abrazaron aun más fuerte.
- Vaya, vaya – murmuró Maribel - que dos palomos enamoraditos. Qué bonito ver como se abrazan.
Tienes derecho a pensar que Maribel estaba celosa. Pero te equivocas. Ella comprendía que ya había perdido a Leonardo y no le importaba en absoluto. Pero podía aprovechar su lápiz mágico para divertirse un poco a costa de ellos. Tampoco iba a ser nada malo. Ya lo verás. Comprenderás que no estaba bien que si habían ido a pedirle perdón ahora le dieran con su amor en las narices.
Bueno en cuanto llegaron a la aldea Maribel se puso a hablar con uno de los aldeanos con pico que había por allí. Él la reconoció de momento. Y las demás gentes empezaron a correr hacia ella. Decían:
-¡Es Maribel, nuestra dibujante!. Los otros se quedaron perplejos. Perplejos quiere decir que se quedaron con cara de tontos sin entender lo que pasaba.
- No entendemos nada. – Dijo Ani.
- Pues, está muy claro – dijo Maribel – estas personas me conocen porque saben que yo las he dibujado. Y vienen muy contentas a darme las gracias por eso.
Bueno, Maribel, como era tan positiva, pensaba que venían a darle las gracias. Pero no era del todo exacto.
- Maribel, hija, ya que nos has dibujado podías habernos pintado boca en vez de pico. – Dijo el aldeano.
- No podía porque no puedes olvidar que sois ovíparos, vosotros no tenéis problemas de alimentación gracias a mí.
- Lo de la alimentación es verdad. Que gracias a los huevos que ponen nuestras mujeres podemos comer todos los días exquisitas tortillas. Pero ellas están cansadas de poner huevos todos los días.
Laura estaba realmente alucinada. Personas que ponían huevos y se los comían. Que mundo tan curioso y que imaginación la de su hermana.
- Pero tú sabes bien que hay algo mucho peor. ¿Por qué La Odiosa? – Volvió a decir el aldeano.
- Tienes razón, que lo de La Odiosa es una mala pasada. Pero para que una aventura sea emocionante debe de haber alguien así.
- Es que por culpa de La Odiosa, toda la aldea está asustada. Es fea, gorda, antipática. Se cree la más lista, la más importante, la mejor. Y encima ella es la que manda.
- Siempre soñé con participar en una revuelta contra un cacique. No podía desperdiciar esa oportunidad.
Al oír estas cosas Leonardo estaba empezando a temblar de miedo que casi se le saltaban las lágrimas. Entonces se abrazó a Ani con más fuerza que nunca. Ani, también se abrazó, porque para eso estaban enamorados. El aldeano prosiguió.
- Nos tiene oprimidos con su maldita guardia que vigila todos los rincones de la aldea. No tiene sentimientos. Tan gorda y tan fea que nadie la quiere. Por eso le hace la guerra al amor.
- No os preocupéis que yo he venido para libraras de ella. – Dijo Maribel.
- No consiente que la gente se quiera. Cuando ve a alguien abrazándose lo detienen y se lo llevan a su castillo para encerrarlo en la mazmorra húmeda y pestosa. Es algo terrible la peste que huele la mazmorra húmeda y pestosa. Y el frío que hace allí.
Imagínate. Al oír esto, Leonardo y Ani dieron un respingo. Se soltaron enseguida pero luego se volvían a abrazar y después se soltaban otra vez aterrorizados. Porque ahora Ani también estaba asustada. Pero ya era tarde para rectificar. De pronto aparecieron unos hombres altos y robustos con pico de buitre y les dijeron:
- Conque amándose, qué bonito. La señora alcaldesa pedánea se encargará de vosotros. De momento vais a conocer la mazmorra húmeda y pestosa.
Ani se echó a llorar y Leonardo hacía pucheros. Maribel puso cara de circunstancias pero en el fondo se reía por dentro. Porque todo lo había organizado ella. Era una pequeña venganza por haber sido malos.
Yo sé muy bien lo que estarás pensando. Es verdad, que ellos no tienen la culpa de quererse. Tienes razón. Maribel se ha pasado. Además, si realmente no estaba celosa tampoco tenía que haber sido tan mala. Pero las cosas están como están. Maribel se ha pasado de la raya. Y nuestros amigos han sido detenidos y conducidos a la mazmorra húmeda y pestosa.

Aunque parezca lo contrario, ahora es cuando en realidad la cosa empieza a ponerse interesante. Maribel tomó la palabra:
- Amigos, hay momentos en la vida en los que tenemos que tomar una opción trascendental. Este momento es uno de esos. Hoy tiene que ser el día en que cambie para siempre la vida de los ovíparos. No estamos dispuestos a seguir aguantando las impertinencias de la Odiosa. Tenemos derecho a querernos y a demostrarnos nuestro amor. Ella no puede privarnos de ese derecho. Nadie es culpable de lo poco que la ha favorecido la naturaleza.
- Bueno – dijo alguien – está claro que has sido tú la que la has pintado así de fea y de mala. Eso de que nadie es culpable no es cierto.
A Maribel le sentó muy mal que le dijeran eso. Pero hay que reconocer que lo que le habían dicho era la pura verdad. De todos modos continuó su discurso, porque le hacía mucha ilusión seguir diciéndolo. Pensó que eso no debía tener demasiada importancia ante la aventura tan apasionante que estaba a punto de vivir. No olvidemos que era muy optimista.
- Bueno, de todas maneras, ella se tiene que aguantar así y los demás tenemos que luchar por nuestros derechos. También es el momento de liberar a todos los pobres infelices que por abrazarse o besarse están sufriendo en la terrible mazmorra húmeda y pestosa. Espero contar con vuestra ayuda.
A medida que hablaba iban acudiendo más y más ovíparos a escucharla. Ella estaba ufana, es decir, muy contenta y muy orgullosa del éxito que tenía su discurso. La pobre Laura, en cambio estaba muy molesta porque no sabía lo que podía pasarles y el peligro que todavía les pudiera acechar; y todavía por ella no se preocupaba tanto como por la pequeña Lucía. Pero a Maribel no parecía que eso le preocupara demasiado. Ella estaba radiante de ver a tantos ovíparos reunidos y dispuestos a luchar. Gozaba sólo con pensar en la cara que iba a poner la Odiosa cuando viera que estaba acabada, que la gente le había perdido el miedo definitivamente. Y todo, gracias a ella, tan alegre pero también tan valiente. Y, además, con un fantástico lápiz capaz de sacarla de cualquier dificultad.
- Lo mejor será que nos preparemos bien. Vamos a comernos unas tortillas para estar fuertes.
Ciertamente hay que reconocer que en un momento tan solemne no es muy correcto pensar en comer, pero Maribel era así de natural. La tortilla era la comida favorita de Maribel. Por eso se inventó que sus personajes fantásticos fueran ovíparos, así comería tortillas a todas horas. Efectivamente, a medida que pasaban por las calles de la aldea, se podían ver de vez en cuando los menús de los restaurantes. Ponían cosas como: sopa de huevo, huevos escalfados, huevos al plato, huevos a la flamenca, huevos fritos, huevos pasados por agua, huevos duros, huevos rellenos. Y luego estaba la variadísima oferta de tortillas: tortilla francesa, tortilla española, tortilla de espinacas, tortilla de espárragos, tortilla de champiñones, tortilla de gambas, tortilla de collejas, tortilla de berenjenas, tortilla de atún, tortilla de pimientos, tortilla de sesos... y no te las pongo todas porque te resultaría un aburrimiento. Pero sí hay que decir que cuando Maribel leía las variedades de tortillas se lamía y se relamía, estaba deseando de empezar a probarlas todas.
Así que sin dudarlo más se metieron en uno de esos restaurantes y Maribel se dispuso a comerse una de las deliciosas tortillas que ofrecían. Era un lugar muy curioso. Tenían un precioso pez volador metido en una jaula y se paseaba de vez en cuando por allí una de las preciosas mascotas de diseño. Había un lugar reservado donde las mujeres ponían los huevos. Cuando una mujer iba a comer allí y ponía unos cuantos huevos le salía mucho más barato; incluso si era capaz de poner más de cinco le daban la tortilla gratis. Pero como ni Maribel ni Laura ni Lucía podían poner huevos les dijeron que tenían que pagar.
- Esto empieza a ponerse feo – dijo Laura.
- No empieces – dijo Maribel – recuerda que yo lo controlo todo. Yo soy la que he creado todo esto. – Después le dijo al camarero – Comprendo que no me conozca, amigo, así que tendré el gusto de presentarme: soy Maribel, la que os ha dibujado.
El camarero puso una cara de circunstancias que no se sabía por dónde iba a salir.
- ¿Eso significa que os tengo que dejar comer gratis? – Preguntó el camarero.
Maribel hizo un gesto con la cabeza que significa sí, y que tú sabes muy bien como es. El camarero hizo otro gesto, también muy conocido, que significa no. Maribel volvió a hacer que sí y el camarero habló otra vez:
- Debe usted saber señorita que nos ha pintado con muy mala sombra. Con pico, con plumas, con la Odiosa y sus policías que nos persiguen por todas partes, con la mazmorra húmeda y pestosa... no encuentro ningún motivo para dejarlas comer gratis.
- Yo les diré a todos cuál es el motivo: he venido a salvaros. Hoy será un día nuevo para Los Ovíparos, hoy quedará grabado para siempre en vuestro calendario como el día que comenzasteis a ser libres.
- Vamos que se ha entretenido usted en montar todo esto para lucirse echando discursos y para ser nuestra liberadora. – Respondió el camarero.
Laura empezaba a tener la sensación de que esto no iba nada bien. Estaba a punto de montar el número pero no se atrevía porque sabía que su hermana le diría que ya estaba otra vez con su pesimismo. Maribel, en cambio, no temía nada. Estaba convencida de que no iba a haber ningún problema. Todo se arreglaría fácilmente.
- Pues tengo que reconocer que tiene usted algo de razón. Pero precisamente, por eso tendrá que ser amable conmigo. Sepa que tengo en mi poder el lápiz mágico. –Dijo Maribel.
- Supongo que si va a ser nuestra salvadora no habrá pretendido asustarme. ¿Verdad?
Maribel estaba algo confusa. No se había podido imaginar que sus propios dibujos fueran capaces de ponerse en contra de ella. Además, ella no pretendía asustar a nadie, sólo intentó hacerle comprender que si no le daba nada podía pintar una exquisita tortilla y comérsela.
Pero esto no la iba a hacer perder su fantástico buen humor y su ilusión. Laura, en cambio, no estaba confusa, estaba aterrorizada. Y llena de miedo abrazó a la pequeña Lucía, mientras tanto le decía:
- Hermanita mía, no tengas miedo que yo no te dejaré sola ni un solo instante. – Y la besó.
Maribel no se daba cuenta de nada de esto porque estaba intentando convencer al camarero para que las invitara a comer.
- Bueno, reconozco que he cometido errores bastante lamentables. Ahora es el momento de cambiar las cosas y vivir una fabulosa aventura todos juntos.
Mientras Maribel hablaba entró uno de los terribles policías de la Odiosa, con cara de Buitre y ella lo oyó decir:
- Mirad, que imagen tan tierna, como se quieren.
Esto lo decía con voz de pitorreo. Después con voz enérgica estaba diciendo:
- Vamos, a la mazmorra húmeda y pestosa. La señora alcaldesa pedánea tendrá mucho gusto en conoceros.
Entonces fue cuando Maribel se dio cuenta de la situación tan terrible en que se encontraban sus dos hermanitas. Ellas eran las víctimas de los guardias de la Odiosa por el beso y el abrazo que Laura le había dado a Lucía. Laura no pudo contener las lágrimas. Ahora tenía motivos para decir todo lo que pensaba.
- Yo lo sabía. Ahora nos matarán a todos. Y lo peor es que la pobre Lucía también tenga que pasar por esto. Tú tienes toda la culpa. Ahora nos matarán.
- Cállate, estúpida. Y andando.- Dijo el guardia con unos modales muy groseros.
Ciertamente ahora sí que tenía Maribel motivos para estar preocupada. Todos sus amigos habían ido a parar a la mazmorra húmeda y pestosa. Se había quedado sola y ni siquiera habían podido comerse una tortilla.
Pero no.
Ella nunca estaba preocupada. Pensó:
- Ahora es cuando de verdad empieza la aventura. Ahora es cuando esto se ha puesto al rojo vivo.
La verdad, es que tenía razón en una cosa. En estas circunstancias la cosa está que arde. Supongo que has llegado a un punto que ya no puedes dejar de leer para ver en que va a parar todo esto. ¿Verdad?

Bueno, hay que decir que Maribel no se había quedado sola del todo. Los Ovíparos estaban dispuestos a ir con ella, entre otras cosas, porque era la única manera de librarse de la Odiosa para siempre. Así que no había que preocuparse sino más bien lanzarse de lleno a la aventura.
Maribel pensó, que ahora que las cosas se estaban poniendo difíciles era todo mucho más emocionante. Miró a los Ovíparos y volvió a animarlos a la lucha.
- Queridos amigos. Ahora, habéis podido verlo vosotros mismos. Ya me encuentro yo también en vuestra misma situación. Yo también tengo que rescatar a mis hermanas y a mis amigos de las manos de la Odiosa. Ahora no podéis reprocharme nada porque soy igual que vosotros.
Los Ovíparos empezaron a cuchichear. Maribel estaba muy emocionada. Sus ojos brillaban. Ella pensaba que habían quedado asombrados de sus palabras y que sentían una enorme admiración por ella. Pero en realidad estaban diciendo que la culpa de todo lo que estaba pasando era en realidad de Maribel. Que sería muy interesante ayudarle, porque era la única manera de librarse de la Odiosa; pero que también sería muy interesante que ella sufriera un poco como los ovíparos sufrían.
Total que animados por una entusiasmada Maribel los ovíparos, recordando a los revolucionarios franceses que comenzaron tomando la Bastilla se dirigieron en masa hacia la mazmorra húmeda y pestosa. Un nuevo amanecer esperaba a su sufrido pueblo.
Lo de la Bastilla posiblemente no lo hayas entendido, y me parece que es muy largo de contar. Lo mejor será que luego le preguntes a alguien mayor y te lo contará.
Pero sí puedes saber que nuestra amiga Maribel iba acompañada de los ovíparos para asaltar la mazmorra húmeda y pestosa y de ese modo liberar a todos los que allí se encontraban presos. Ya sabes aquellos infelices que habían sido sorprendidos en un simple abrazo o cualquier otro gesto de cariño.
Allí se encontraban los amigos de Maribel y sus dos desdichadas hermanas. Cuando el guardia las encerraba en la horrible mazmorra vieron a muchos ovíparos con caras de sufrimiento, algunos parecían muy viejos y tenían largas barbas blancas debajo de su pico. Afortunadamente no estaban muy delgados porque siempre podían comerse los huevos que ponían las mujeres. Aunque la Odiosa era tan mala, que hacía todo lo posible por robárselos, pero eso era algo muy difícil.
Al verlas pasar por allí, algunos dijeron cosas como:
-¡Mirad, mirad, que lindas niñas vienen a vernos!
Lucía no sufría por esto, porque no sabía nada de lo que podría significar. Pero Laura pensaba que eso lo decían porque tenían pensado hacerles algo malo. Tal vez intentarían reírse de ellas obligándolas a hacer el ridículo delante de todos.
Iban atravesando distintas cámaras y se veían muchos barrotes. Cada vez olía más peste. De vez en cuando se escuchaba estornudar a alguien y es que como había tanta humedad muchos se resfriaban y no podían aguantarlo.
Por fin llegaron a donde estaban Ani y Leonardo. Al verlos corrieron a abrazarse. Ani no se pudo callar:
- Tu hermana se ha vengado de nosotros. Pero tienes que reconocer que ha ido demasiado lejos.
- Yo sabía que todo acabaría muy mal. Ahora estoy muy triste. Seguramente que nos matarán y yo ni siquiera me he casado. – Dijo Laura.
- Bueno, hija, nosotros tampoco nos hemos casado. Pero tranquila que nadie nos va a matar. Ya verás como Maribel nos saca de aquí. – Respondió Ani.
- No os habéis casado, pero bien que os abrazáis. Y Maribel no vendrá a salvarnos, vendrá a morir con nosotros. Lo sé. Esto va a terminar fatal. Que lo digo yo.
Un hombre muy sucio que olía fatal se acercó a ellos. Leonardo no hablaba porque estaba casi sin voz. Pero al ver al hombre estornudó. El hombre abrió el pico medio roto que tenía y mostró una extraña lengua llena de cortes.
- Jesús. - No, no se había equivocado de nombre, eso lo decía porque había estornudado, y tenían costumbre de decir Jesús al oír un estornudo. - Tú también te has resfriado. Ya te acostumbrarás. Te quedan muchos años que pasar aquí. Por cierto ¿por qué os han traído aquí?
- Nos cogieron dándonos un abrazo. – Respondió Ani.
- A nosotras nos vieron abrazadas y yo le di un beso a mi pequeña. Y a ¿usted?- Dijo Laura.
- Llevo aquí tantos años que ya casi me queda borroso en la memoria.- Respondió el desconocido- Fue por una carta. Una carta que yo había conservado escondida durante mucho tiempo. Ellos tenían sospechas, estuvieron registrando la casa varias veces pero nunca la encontraron.
- ¿Era una carta de amor? – Preguntó Ani.
Leonardo lo escuchaba atentamente mientras temblaba un poco por el frío y otro poco por el miedo que tenía. Sus dientes castañeteaban.
- Sí, se puede decir que era una carta de amor. Una vez mi padre escribió en aquel papel que mi madre y yo éramos sus seres más queridos. Y yo me sentí al leerlo la persona más feliz del mundo. Por eso lo guardé como un preciado tesoro y lo tuve oculto donde nunca lo encontrarían. Lo que pasa es que de vez en cuando lo sacaba y lo leía. Y ¡zas! Un día los guardias me sorprendieron leyéndolo. Desde entonces estoy en este lugar. Parezco mucho más viejo de lo que soy, pero por la mala vida que he pasado.
Leonardo no pudo aguantarse y se echó a llorar amargamente.
- Nunca debí escucharos. Esto ha sido una locura. Nos pudriremos en este horrible lugar. – Dijo Leonardo llorando.
Ani lo miró como si le riñera. No habló porque ya estaba harta de intentar convencerlo de que Maribel los podía salvar. Y menudo lío, porque Laura no era la más adecuada para dar ánimos a nadie; y Lucía ni siquiera se enteraba de lo que estaba pasando. Así que el personaje siguió hablando. Era uno de estos tipos que tienen siempre mucha gana de hablar y con el primero que se encuentran empiezan y ya no hay quien los pare.
- Es muy cruel. Todos estamos aquí por cosas parecidas. La maestra cayó presa por hacer que los niños escribieran “amo a mi mamá” cuando aprendían a escribir. Hace poco llegó un hombre al que habían sorprendido cantando a su hija cumpleaños feliz. Y uno de mis compañeros de celda sencillamente sonrió a su esposa porque había hecho una excelente comida. Todo porque la Odiosa no puede soportar el amor. Así es como nos ha pintado esa miserable Maribel.
Al escuchar esta última frase los cuatro se quedaron mudos. No sabían si reír o llorar. ¿De modo que Maribel no era querida entre los ovíparos? La verdad es que era muy difícil entender lo que estaba sucediendo. ¿Podría realmente salvarlos? ¿Caería ella también en manos de la Odiosa y todo quedaría perdido? Mientras estaban pensando todas estas cosas pudieron escuchar a lo lejos los gritos de los que tal vez eran sus salvadores.

Bueno, esto ya está al rojo vivo. Pero me gustaría que antes de seguir con el hilo de esta apasionante historia nos detengamos un momento a observar como es la vida de la Odiosa y de aquellos que están a su alrededor. Veamos.
Un día en la vida de la Odiosa sería muy fácil de describir. Se trata de la monotonía típica de la persona que se levanta por la mañana pensando cómo hacerle sufrir a alguien. Los que la rodean están pendientes de ella para ver con qué cara aparece por la mañana. Casi siempre tiene mala cara, por supuesto. Y enseguida comentan todos:
- ¿Has visto la cara que tenía hoy?
O bien dicen:
- ¡Qué cara! – Pero esto lo decían aterrorizados porque sabían que cuando tenía esa mala cara desde por la mañana alguno de ellos podía salir muy mal parado.
Algunas veces se levantaba por la mañana con una cara muy alegre, pero esas veces eran muy pocas. Además, si estaba alegre era porque ya tenía pensado a quien iba a fastidiar. Se recreaba pensando en lo que sufriría el desafortunado individuo. Así los pobres Ovíparos también quedaban horrorizados cuando su alcaldesa pedánea amanecía contenta. Porque sólo llegaba a ser un poquito feliz cuando los demás sufrían.
Después tenemos a los que tiene a su alrededor. Por supuesto que no hay nadie que se pueda considerar amigo suyo. La verdad es que todos la desprecian; pero algunos buscan algo. Estos son los que están haciéndole constantemente la pelota. Le dicen cosas así como:
- Señora alcaldesa pedánea, que traje tan elegante tiene hoy su excelencia.
Pero en realidad todo es mentira. Primero porque la tonta de la Odiosa no tiene gusto para vestir y combina muy mal las faldas con las blusas y los zapatos con los bolsos y los cinturones con los sombreros. Pero es que aunque tuviera buen gusto no podemos olvidar que es muy fea y muy gorda, con un enorme cu... ya me entiendes, y que tiene un espantoso pico con un asqueroso moco de pavo que da asco de verla. Total que es imposible que esté elegante.
Pero como te estaba contando, los que quieren que los coloque en algún puesto importante siempre andan diciéndole cosas agradables. Estos sujetos son muchas veces peores que la misma Odiosa porque están dispuestos a pisotear a quien sea con tal de mandar.
Y tendríamos que hablar también del resto de los Ovíparos que intentan sobrellevar su vida en paz y procurando no cruzarse nunca en su camino. El día que se la encuentran es sin duda una terrible desgracia para ellos. Seguro que ella encuentra algún motivo para castigarlos. Si pueden escapar, buscan a algún amigo para contarlo y empiezan siempre diciendo:
- ¡No sabes lo que me ha pasado!
Y los demás comprenden que lo que le ha pasado es que se ha topado con la Odiosa.
En conclusión nadie la quiere, o dicho con más claridad todos la odian y desean verla desaparecer cuanto antes.
Así que la vida de la Odiosa es tan fea y tan aburrida como ella misma. No tiene amigos de verdad y nunca puede ser feliz del todo porque siempre le queda alguien a quien no ha podido hacerle daño.

Aquel día la Odiosa se levantó muy contenta. Todos estaban asustados. Bueno, como ya te he dicho siempre estaban todos asustados. Pero si estaba contenta es porque algo muy malo se le había pasado por la mente. Uno de sus colaboradores (ya sabes a que clase de tipo me refiero) le dijo:
- Señora alcaldesa pedánea, veo que su excelencia tiene un buen semblante esta mañana.
Ella respondió:
- Cada vez que me recuerdas lo de pedánea me entran ganas de retorcerte el pescuezo. Pero en fin tendremos que asumir todo lo que esa estúpida ha hecho.
- Señora alcaldesa... ejem... – continuó el concejal.
- Sí, ya lo sé, pedánea. Lo puedes decir. Tú sabes muy bien que de todos modos yo siempre tengo ganas de retorcerle el pescuezo a alguien. Sé lo que me vas a decir. Estoy muy contenta, es verdad.
Todos los que la escuchaban intentaban sonreír pero en su interior estaban muertos de miedo. Ella prosiguió:
- Hoy va a ser el mejor día de vuestra vida, y también de la mía.
A medida que hablaba más miedo les iba entrando en el cuerpo.
- Esa estúpida está aquí. Nos pone en las manos una oportunidad de oro que no estoy dispuesta a perderme.
El concejal pelotillero sonreía pero casi estaba a punto de echarse a llorar. Si iba a ser un buen día para ella sería un día nefando para todos los demás. Por eso tenía cada vez más curiosidad por saber qué era lo que estaba pensando:
- Señora alcaldesa pedánea, seguro que es muy estúpida esa que usted dice. Y nosotros, claro, tampoco nos queremos perder tan áurea oportunidad. Pero si fuese su excelencia tan amable de hablarnos con más claridad tal vez comprenderíamos la razón de tanta alegría y la compartiríamos con su excelencia.
La Odiosa lo miró con unos ojos amenazadores y el pobre concejal pelotas perdió casi la noción del tiempo y no sentía las piernas de lo que le entró.
- ¿Qué pasa? ¿Es que tengo que darle cuentas a alguien de lo que me pasa?
- Por supuesto que no, excelencia – dijo el infortunado concejal – yo no tenía ninguna mala intención. Pero no obstante, le pido disculpas si en algo la he molestado.
Los ojos de la Odiosa parecía que estaban a punto de echar fuego. Las piernas del concejal parecía que ya no existían, su corazón latía cada vez más rápido, un sudor frío le corría por la frente, casi se iba a desmayar.
- Por supuesto que me has molestado – dijo ella- y no aceptaré tus disculpas. ¡Guardias! Llevaos a este osado concejal a la mazmorra húmeda y pestosa. De momento quedas relevado de tu cargo; después veré lo que hago contigo. Ahora no tengo tiempo porque tengo que ocuparme de otro asunto. – Y volvió a sonreír.
Esto último ya no pudo oírlo el pobre concejal porque a medida que la Odiosa había ido hablando él había comenzado a ver borroso y a perder audición. Total, que cuando ésta terminó ya se había desplomado al suelo.
Los guardias se lo llevaron. Los otros que había con ellos mantenían una hipócrita sonrisa pero por dentro estaban temiendo ser los siguientes. Ella sonreía, cada vez más. Su terrible pico con el correspondiente moco de pavo se iba abriendo hasta que empezó a dar sonoras carcajadas. (Esto de reír dando sonoras carcajadas es muy normal en los malvados de los cuentos.)
- Sí, continuó. Está en Los Ovíparos la estúpida de Maribel. Ella es la culpable de todo. Y ahora pagará por todo lo que me ha hecho. Qué fácil me lo está poniendo todo. Le haré sufrir lo que nunca se pudo imaginar. Empezaré por su hermana pequeña, después seguiré con la mayor, luego con su novio y finalmente con su amiga. Para poner el broche de oro será ella misma la que caerá en mis garras. – volvió a dar las sonoras carcajadas de antes, los otros se reían con ella. Pero, ya sabes, por dentro estaban a punto de echarse a llorar.

Bueno ya ha llegado el momento de que volvamos con nuestra amiga Maribel. Ella estaba muy contenta. Sentía que se convertía en la persona que iba a cambiar para siempre las vidas de aquellas pobres gentes. Aunque le habría gustado encontrar más entusiasmo en sus seguidores, no le importaba mucho. ¡Era tan emocionante derrotar para siempre a la Odiosa y favorecer que los Ovíparos fueran los dueños de sus destinos!
Cuando llegaron por fin al lugar donde se situaba la mazmorra húmeda y pestosa tuvieron que enfrentarse a la primera dificultad: ¿Cómo podrían conseguir abrir las puertas, burlar a los guardias y permitir salir a todos los presos? Supongo que no hace falta que te lo diga. Maribel cogió el arma más poderosa que poseía: su lápiz. Inmediatamente dibujó un enorme agujero en los muros de la prisión.
¡Qué gran momento fue aquel! Maribel pudo sentir cómo la apretujaban todos los que salían apelotonados después de tanto tiempo. Sus ojos se cegaban ante la luz del sol que hacía tanto tiempo que no habían visto. Se oían gritos de libertad. Era un momento glorioso. Maribel pidió que se callaran y tomó la palabra:
- Ahora que sois libres somos muchos más los que lucharemos por la libertad. Ha llegado el momento de poner a la Odiosa en su lugar. Vamos todos.
Estas palabras de Maribel produjeron un cuchicheo entre la gente con los presos. La verdad es que la miraban con un cierto aire de desprecio. Pero ella no le daba importancia a eso. Estaba muy ilusionada. Se había convertido en la liberadora de un numeroso pueblo como en tiempos de la Biblia hizo Moisés. Después sería recordada en los libros de historia de los Ovíparos, los niños tendrían que estudiar ese glorioso momento y su nombre sería recordado por todos.
Todo esto es lo que rondaba por su imaginación. Pero hay que decir que en la mente de los Ovíparos eran otras cosas las que había. De todos modos eran libres y no podían dejar pasar este momento.
Caminaron todos al encuentro de la Odiosa. Maribel ya disfrutaba al pensar en la cara de horror que iba a poner la Odiosa cuando comprobase que estaba acabada. Todavía disfrutaba más al pensar en las caras de felicidad que pondrían los Ovíparos al descubrir que habían sido librados de la terrible Odiosa para siempre.
No nos podemos olvidar de nuestros amigos Leonardo, Ani, Laura y Lucía que iban también en aquel grupo sin ningún entusiasmo. Sabían muy bien que los Ovíparos no querían a Maribel y estaban temiendo lo que podía suceder de un momento a otro. Pero no se atrevían a decirle nada, porque sabían que ella no los escucharía.

Por fin llegaron al Castillo de la Odiosa. Para sorpresa de Maribel ella los estaba esperando en su balcón con una sonrisa malvada que le salía del pico y le hacía aparecer los dientes.
- Pasad, pasad, queridos amigos.- dijo la Odiosa desde arriba, intentando poner una voz amable. –Hoy va a ser un gran día para todos. Sí. Hoy será el día de la liberación de todos los Ovíparos.
La confusión se apoderó de todos los que iban. Pero sin duda Maribel era la más confundida. Estaba muy bien que la Odiosa estuviera dispuesta a devolver la libertad a su pueblo, pero esa actitud tan bondadosa, le quitaba toda la emoción a su aventura.
- Fijaos bien- insistió la Odiosa- que he dicho todos, y cuando digo todos quiero decir absolutamente todos.
Laura no comprendía lo que pasaba pero pensaba que sería algo muy malo. Lucía estaba muy contenta porque veía tanta gente que aquello parecía la feria del pueblo. Ani y Leonardo estaban algo confusos y lo único que deseaban era que todo acabara de una vez. Pero Maribel estaba emocionada. Las cosas eran muy extrañas pero eso le daba más emoción. Además, tenía su lápiz que podría usar en cualquier momento.
La Odiosa continuaba hablando:
- Y en esos todos que estoy diciendo, también es justo que yo esté incluida. Sí, ya sé que esto os resultará sorprendente, ya sé que pensaréis que os pretendo engañar. Pero escuchadme bien y me comprenderéis.
El silencio se apoderó de la situación. La Odiosa hablaba de un modo extraño a lo que estaban acostumbrados. Ella, que siempre había estado por encima de todos, ahora quería estar como uno más. Maribel entendía todavía menos lo que estaba pasando pero esperaba con emoción las palabras de la Odiosa para empezar a echarle por alto sus argumentos con un discurso mucho mejor y más brillante. Seguimos con el discurso de la Odiosa:
- Yo sé muy bien que vosotros sois víctimas de mis terribles leyes que prohíben el amor. Es verdad, lo reconozco, he ido demasiado lejos. Yo sé bien que sois víctimas de mi ira, de haber mandado a la gente a la mazmorra húmeda y pestosa de forma cruel e inhumana. Sí, no he tenido compasión, vosotros habéis sufrido y yo os he hecho sufrir, soy consciente de ello.
Cada vez resultaba más sorprendente el discurso y todos estaban expectantes a ver por donde salía. Maribel estaba pensando en las palabras que tenía que decir para animar a los demás a atrapar a la Odiosa y a obligarla a abdicar de su cargo de alcaldesa pedánea.
- Pero yo no soy la culpable, yo soy una víctima más. Sabéis muy bien que yo no tengo la culpa de que seáis tan feos, que tengáis pico o que las mujeres pongan huevos. Y también sabéis que yo no tengo la culpa de ser tan fea, tan gorda, tan aburrida y tan antipática; y mucho menos tengo yo la culpa de no ser una reina maravillosa sino una simple y vulgar alcaldesa pedánea. Sabéis muy bien que la culpa de todo eso la tiene solo una persona: Maribel, ella es la que nos ha pintado así para vengar sus celos con sus amigos y para escribir una página en la historia de los Ovíparos. No os canséis dejándoos engañar por ella. Si queréis que las cosas cambien es a ella a la que tenemos que atrapar y no a mí, que soy tan víctima como todos vosotros.
La Odiosa dijo estas últimas palabras en un tono dramático y con la voz temblorosa como si estuviera a punto de echarse a llorar, para que todos la vieran como una pobre víctima.
En ese momento se formó un gran alboroto. La gente ovacionó a la Odiosa por primera vez en la historia de los Ovíparos. Todos entendían que de la manera que fuese iba a cambiar para siempre el rumbo de sus vidas.
Ani y Leonardo empezaron a sentir rabia porque creyeron que la Odiosa tenía razón, que Maribel había querido vengarse de ellos. Lucía estaba muy contenta porque toda la algarabía que se había formado con los aplausos y los vivas le recordaba las fiestas de su cumpleaños. Laura, en cambio, no paraba de llorar. Ahora sí que podía pensar que todo estaba acabado. Estaba convencida de que los matarían a todos. Maribel estaba confusa. Ella quería comenzar su discurso para rebatir a la Odiosa pero se había convertido en el centro de todas las miradas y no eran precisamente las miradas de alguien que quisiera escuchar un discurso. No obstante empezó a hablar:
- Queridos ovíparos, hemos llegado en estos momentos al punto culminante de aquello que nos trajo aquí. Hemos conseguido liberar a todos los ovíparos que injustamente estaban en la mazmorra húmeda y pestosa y ahora tenemos la oportunidad de derribar para siempre a la causante de vuestras desgracias.
Los ovíparos comenzaron a abuchear a Maribel y le resultó imposible continuar su discurso. Como un solo hombre se lanzaron contra ella y atraparon también a Laura, Lucía, Ani y Leonardo. Intentaron defenderse pero eran muchos y no había ninguna posibilidad de escapar.
- Traedlos aquí- Gritó la Odiosa. - La única causante de nuestras desgracias es ella. Vamos a someterlos a una vergüenza pública. Los obligaremos a cantar para nosotros "la tía Mónica", y harán un ridículo espantoso. Nos reiremos de ellos como ellos se han reído de nosotros todo este tiempo. Que paguen por el sufrimiento que han causado.
Maribel comprendió que las cosas no habían salido como ella había pensado. Pero no por eso se iba a dar por vencida. A pesar de lo engorrosa que resultaba la situación, todavía fue capaz de sonreír.
- Esperad- Dijo Maribel- seguro que existe un modo de arreglar este asunto. Tengo el lápiz con el que os he dibujado, puedo cambiar las cosas, puedo hacer que seáis felices y guapos, puedo hacer que la Odiosa sea una reina maravillosa, puedo hacer que se acabe para siempre la mazmorra húmeda y pestosa. Yo haré lo que me pidáis.
- Por supuesto que harás lo que te pidamos. ¡No faltaría más! Pero no os vais a escapar de nuestro furor. Cogedlos a todos. - siguió gritando la Odiosa.
La Odiosa estaba radiante. Nunca había sentido una satisfacción más grande.
Ciertamente ya después de todas estas cosas Maribel se encontraba algo confusa. Porque es verdad que es muy optimista pero ten en cuenta que las cosas se le están poniendo ya demasiado difíciles. De todos modos, también hay que decirlo, confiaba que todo terminaría bien. Ella sabía que mientras tuviera su lápiz no le podía ocurrir nada malo. Los que no veían de ninguna manera la solución eran sus amigos. Pero a fin de cuentas lo único que les podía pasar de malo era tener que cantar la tía Mónica delante de todos, que tampoco es que se fueran a desmayar por eso.
La Odiosa hizo que los introdujeran en una de las habitaciones de su palacio. Les hizo señas a los Ovíparos para que esperaran y al cabo de un rato apareció Leonardo con un ridículo disfraz de mujer del siglo XVIII con la cara pintada de blanco. Todos comenzaron a reír a grandes carcajadas. Leonardo no paraba de llorar. La Odiosa le gritó:
-Empieza a cantar si quieres seguir con vida.
Leonardo quiso cantar, pero no le salía la voz del cuerpo. Miraba cómo se reían los Ovíparos y estaba a punto de morirse de vergüenza. Con una voz tenue cantaba:
- Tenemos una tía, la tía Mónica, que cuando va de compras le hacemos tralará.
Los Ovíparos se reían cada vez más al verlo tan agobiado. Para molestarlo más empezaron a decir:
- La guagua, que cante la guagua.
Leonardo se encontraba mareado, empezaba a perder la visión, le corría un enorme calor por todo el cuerpo. No pudo contenerse y empezó a llorar. La Odiosa lo hostigaba todavía más:
- Venga, es que no lo oyes, canta ahora mismo la guagua y no te olvides de hacer los gestos.
Empezó a cantar Leonardo, si apenas voz y llorando amargamente:
- Así le hace la guagua, la guagua le hace así...
Los Ovíparos se reían con tanta fuerza que se les saltaban las lágrimas a todos. A algunos hasta les dolía un poco la barriga de tanta risa como les daba.
Leonardo mientras tanto lloraba. Empezó a ver cada vez más borroso hasta que no pudo más y se cayó al suelo mareado.
Una vez que se desplomó lo arrastraron como si de un toro que acaba de se lidiado se tratara. Enseguida lo metieron adentro, donde estaban los otros.
Todos estaban vestidos con feísimos disfraces que los hacían sentirse humillados. Cuando Laura vio a Leonardo desmayado creyó que estaba muerto. No pudo evitarlo, dio un grito tan enorme, que casi perdió la voz por completo.
-¡Lo sabía! ¡Lo han matado! ¡Y ahora nos van a matar a todos!
En esos momentos entró uno de los esbirros de la Odiosa, de esos que tenían un horrible pico de buitre. Se acercó a Laura y le dijo:
- Es tu turno, venga, no hagas esperar más a la gente si aprecias tu vida.
Laura empezó a temblar como si hiciera mucho frío. Pero no es que hacía frío sino que tenía mucho miedo, porque se creía que le harían algo malo. Cuando salió todos los Ovíparos empezaron a reír. Ella estaba a punto de echarse a llorar como le pasó a Leonardo, pero como tenía tanto miedo y temblaba tanto no le salían ni las lágrimas. Los Ovíparos gritaban:
-¡Que cante la guagua, que cante la guagua!
Laura se puso los brazos sobre el pecho, como si tuviera en brazos a un bebé. Y comenzó a cantar:
- Así le hace la guagua, la guagua le hace así...
Los Ovíparos no paraban de reír pero Laura se fue quedando un poco más tranquila cuando vio que no le hacía daño, que tan sólo se reían de ella.
Después de Laura cogieron a Ani y luego a Lucía. Pero Lucía en realidad se divirtió mucho cuando vio que todos estaban pendientes de ella. Por último se llevaron a Maribel. Maribel pensó que era una magnífica ocasión para demostrar sus cualidades como animadora. Los Ovíparos gritaron:
-Que cante la guagua, que cante la guagua.
Y Maribel empezó a cantar sin ningún miedo. Los Ovíparos se reían a mandíbula partida. Pero eso no le importaba a Maribel, al contrario, empezó a hacer tonterías. Por ejemplo, fingió que tropezaba y se caía estrepitosamente, ponía una cara muy graciosa, entonces los Ovíparos reían todavía más. Después empezó a contar chistes. Todos se divirtieron tanto que la Odiosa estaba cada vez más enojada. Ella quería ver a Maribel humillada pero ella sabía descubrir el lado bueno de todas las situaciones.
Por fin Maribel les hizo una interesente propuesta:
- Yo os cambiaré con mi lápiz. Haré que seáis guapos y simpáticos. Vuestra alcaldesa ya no será Odiosa sino una hermosa y simpática reina. Vuestras mujeres no tendrán que poner huevos sino que tendréis unos fantásticos gallineros y podréis tener los huevos que queráis.
Todos los ovíparos estuvieron de acuerdo con las propuestas. Maribel escuchó todas las sugerencias que le daban y se puso manos a la obra con su lápiz.

Volver a pintar a todos los Ovíparos, incluida la Odiosa, no fue una tarea fácil. Maribel tuvo que trabajar duro. Con los jóvenes tenía que estar enseñándoles constantemente el espejo para que vieran como habían quedado y empezaban a decirle: Arréglame el pelo de esta manera, ponme un vestido de esta otra, esta boca que me has puesto es muy grande y no me gusta, quiero ser rubia con ojos azules. Ya te puedes imaginar con eso de poder elegir hasta la cara que podían tener no paraban de darle trabajo a la pobre Maribel.
Maribel estaba muy contenta. Las cosas no habían salido como ella se había programado pero no por eso dejaba de ser divertido todo lo que habían vivido. Con ella estaba de ayudante su digamos amiga Ani que se encargaba de dar los números para que no se formaran demasiadas colas. Laura se quedó cuidando de Lucía y a Leonardo le dieron el encargo de animar un poco a Laura. Pero Laura no sólo que no se animaba sino que había conseguido desanimar por completo a Leonardo.
- No nos han matado, pero está claro que no volveremos a casa nunca. Nos hemos quedado para siempre perdidos en un dibujo. – dijo Laura.
- No pienses eso – decía Leonardo – ya verás como Maribel consigue arreglarlo todo.
- ¿Es que no te has dado cuenta de que Maribel no ha controlado la situación en ningún momento?
- Es verdad, pero ahora es diferente.
- No, ahora no es diferente. Todo sigue siendo igual. No sabemos lo que estarán tramando esos dibujos pero seguro que nos hacen algo malo.
- Tienes razón. Todo nos ha salido mal y no podemos pensar que ahora pueda salir bien.
Creo que queda claro como Laura consiguió desanimar a Leonardo. Aunque, también hay que decirlo, Leonardo no estaba muy animado que digamos. En fin, mientras Laura y Leonardo estallaban en un llanto amargo, Maribel y Ani trabajaban duro para dejar el dibujo totalmente renovado.
Por fin después de un intenso trabajo todo quedó listo. Tú puedes estar pensando que no tenía porqué ser tan difícil, que no tiene por que tardar más que cuando dibujó todo por primera vez. Pero ten en cuenta que la primera vez que dibujó los Ovíparos todavía no estaban vivos y no eran tan exigentes, y no tuvo que organizar colas ni tenía que ir llamando a quien le tocaba. Esta segunda vez había sido todo más difícil.
Lo más difícil de todo fue cambiar a la Odiosa. Como te puedes imaginar, le ponía pegas a todo y decía las cosas con muy mal humor. Bueno, las decía con muy mal humor al principio, por que después del cambio era al revés, tenía muy buen humor.
Después de la renovación tan radical del dibujo fueron convocados de nuevo todos los Ovíparos pero esta vez no por la Odiosa sino por la reina. Todos acudieron muy contentos. Estaban muy cambiados: eran guapos, ya no tenían picos ni plumas, las mujeres eran hermosas y los hombres eran elegantes.
Todo era distinto. No existía el miedo. Se podían demostrar su amor por todas partes: los padres podían abrazar a los hi
Datos del Cuento
  • Categoría: Infantiles
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2 comentarios. Página 1 de 1
Angie Belen
invitado-Angie Belen 24-05-2003 00:00:00

te felicito, es muy buen cuento, creo que uno de los mejores que he leido.que bueno que todavia aya gente que escribe tan bien como vos.besitos de An(Argentina)

Angel L. Blanco
invitado-Angel L. Blanco 11-05-2003 00:00:00

es muy dibertido,lastima que la gente no escriba mas cuentos infantiles

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