Las luces de la sala se encendieron y ella envuelta aún por las últimas notas de la banda sonora se ovilló en el asiento y disimuladamente se seco una lágrima.
Al salir del cine sintió frio y se puso el jersey azul que llevaba anudado a los hombros, al hacerlo la llenó el olor de la loción que usaba él después del afeitado, el jersey era de Martín.
Cuando llegó a su casa eran las diez de la noche. Abrió la puerta y se dirigió a la cocina.
-En pocos minutos estará la cena- dijo mientras dejaba el jersey en el respaldo de una de las dos sillas que había a cada lado de la mesa.
Antes de irse al cine había dejado la mesa preparada, los platos,los cubiertos y las dos preciosas copas de cristal tallado y largo tallo en las que tan bien se paladeaba el vino. Descorchó una botella y sirvió un poco en una de las copas, lo probó y aspiró con deleite el aroma.
Abrió el grifo del fregadero y mientras el agua se deslizaba por sus manos pensó en la película que había visto.La protagonista tenía una vida muy parecida a la suya.
Descolgó el teléfono y pulsó el botón del contestador, la voz de Martín le decía que lo sentía pero que tenía que cenar con unos clientes y llegaría tarde a casa.
-Buenas noches- le dijo al jersey azul que estaba en el respaldo de una de las sillas, apagó la luz
y como tantas otras noches se fue a dormir sin cenar.