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Categoría: Infantiles

El inventor de monstruos

Ramoncete no quería aprender a leer. Tantas letras juntas le parecía un aburrimiento enorme, y no terminaba de entender por qué todos los mayores y muchos otros niños, disfrutaban tanto con la lectura.

Él miraba las letras y no veía nada interesante, a él que tanto le gustaban las historias de monstruos y bichos terribles. Un día paseaba por la tienda de disfraces de don Mostrocho. Le encantaba aquella tienda, porque don Mostrocho era capaz de inventar los monstruos más alucinantes, y cada año tenía muchos nuevos monstruos, ¡con lo difícil que era sólo inventar uno nuevo! Aquel día el dueño de la tienda leía, y a Ramoncete le llamó la atención:

- ¿Por qué lee tanto? ¡si los libros no dicen nada interesante!

- ¿Cómo que no? - respondió don Mostrocho.

- Pues claro, no dicen nada de monstruos ni bichos- añadió el chaval.

- ¡No puedo creerlo! - exclamó sorprendido el tendero- ¿Aún no te he contado mi secreto?

Entonces don Mostrocho tomó el libro que estaba leyendo y se lo enseñó a Ramoncete.

- ¿Qué ves aquí?

El niño comenzó a leer con cierta dificultad y desgana.

- ¡No, no! , así no. Tienes que mirarlo todo. Si quieres puedes alejártelo un poco, o incluso darle la vuelta. ¿No ves algo diferente?

Al momento Ramoncete lo vio: ¡las líneas y letras de aquella página formaban un gran dibujo que le recordaba a un dinosaurio!, y una enorme sonrisa se dibujó en su cara. Comenzó a pasar las hojas y descubrió muchas otras figuras en cada página, según se largaban y acortaban las líneas, al derecho, de lado y al revés, y sin dejar de imaginarse que podían ser monstruos, animales o fantasmas...

- Ahora ya sabes cómo invento tantos monstruos- dijo don Mostrocho guiñándole un ojo.- Lo único que tienes que hacer es leer la página, y luego mirarla para descubrir el monstruo que esconde. ¿Sabías que casi todas tienen algo especial? sólo hay que saber verlo.

Ramoncete se despidió ilusionado con su nuevo descubrimiento, y desde aquel momento era raro no encontrarle con un libro en la mano, buscando las figuras que escondía, y sin siquiera darse cuenta de las miles de cosas nuevas que aprendía, cada día, a través de sus libros.

Datos del Cuento
  • Categoría: Infantiles
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