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Categoría: Infantiles

El gato y los ratones

EN CIERTO LUGAR, HACE MUCHO TIEMPO, VIVÍA UNA NIÑA LLAMADA ANA. COMO YA ERA UN POCO MAYORCITA, DESPUÉS DE SALIR DE LA ESCUELA, AYUDABA A SU MADRE EN LOS QUEHACERES DE LA CASA.

-¡UN RATÓN! -SE ASUSTÓ UN DÍA LA NIÑA, MIENTRAS LIMPIABA LA COCINA.

-¿QUÉ TE OCURRE, HIJA MÍA? -ACUDIÓ PRESUROSA SU MADRE-. ¿A QUÉ VIENEN ESOS GRITOS? -¡HE VISTO UN RATÓN, MAMÁ!

-¡HUM! -DIJO LA MADRE-. NO ME GUSTA TENER EN CASA A ESA CLASE DE HUÉSPEDES. TENDREMOS QUE COMPRAR UN GATO.

AL DÍA SIGUIENTE, CUANDO EL PADRE DE ANA FUE AL MERCADO DEL PUEBLO, UN VENDEDOR LE ENTREGÓ UN HERMOSO GATO A CAMBIO DE UN CESTO DE MANZANAS.

-¿ES BUEN CAZADOR? -PREGUNTÓ EL PADRE DE ANA.

-¡NO LO HAY MEJOR! -LE RESPONDIERON-. NO HAY RATÓN QUE PUEDA ESCAPAR DE SUS GARRAS.

CONTENTO SE FUE EL HOMBRE A CASA, DONDE MOSTRÓ A TODOS EL GATO QUE HABÍA ADQUIRIDO.

-¡YA PODREMOS DORMIR TRANQUILOS! -ASEGURÓ-. A PARTIR DE ESTE MOMENTO, SE ACABARON LOS RATONES.

-¡MIAU! -AFIRMÓ EL GATO, MUY ORGULLOSO DE SU PAPEL DE TERRIBLE CAZADOR.

AL LLEGAR LA NOCHE, LOS RATONES, QUE NO SABÍAN NADA DE LA PRESENCIA DE SU TERRIBLE ENEMIGO, COMO DE COSTUMBRE, SALIERON EN BUSCA DE COMIDA.

-¡ADELANTE, COMPAÑEROS! -GRITÓ EL JEFE DE LOS ROEDORES, ANIMANDO A SUS AMIGOS-. ¡NO VAMOS A DEJAR NI UNA MIGAJA DE PAN!

PERO, CUANDO ESTABAN MÁS ENTRETENIDOS SAQUEANDO LA BIEN PROVISTA DESPENSA, ¡ZAS!, EL GATO SE LANZÓ SOBRE ELLOS.

 

 

-¡SOCORRO! -GRITARON LOS RATONES, ESCAPANDO A TODA PRISA HACIA SUS AGUJEROS.

SIN EMBARGO, MUY POCOS PUDIERON REFUGIARSE EN SUS MADRIGUERAS. EL GATO, QUE ERA MUY ÁGIL Y ASTUTO, SE ZAMPÓ A LA MAYOR PARTE DE ELLOS, DÁNDOSE UN GRAN BANQUETE.

-¡MIAU, MIAU! -SE RELAMIÓ EL GATO, SATISFECHO DE SU HAZAÑA-. ¡BUEN LUGAR ES ÉSTE, POR CIERTO!

-¿NO OS LO DIJE? -HABLÓ EL PADRE DE ANA AL DÍA SIGUIENTE-. ESTE GATO ES UNA VERDADERA MARAVILLA.

PERO, ADVERTIDOS LOS RATONES DE LA PRESENCIA DEL MININO, YA NO SE DEJARON ATRAPAR TAN FÁCILMENTE. LOS ROEDORES SÓLO SALÍAN EN CONTADAS OCASIONES, PASÁDOSE LA VIDA EN EL INTERIOR DE SUS AGUJEROS.

-¡HUM! -SE DIJO EL GATO-. TENDRÉ QUE IMAGINAR UNA TRAMPA PARA ATRAERLOS.

SUBIÓ EL GATO SOBRE UN MONTÓN DE TRONCOS QUE HABÍA JUNTO A LA CHIMENEA Y GRITÓ:

-¡SOY UN TRONCO! ¡SOY UN TRONCO!

-¡JA, JA, JA, JA! -SE BURLÓ DE UNO DE LOS RATONES, ASOMANDO EL HOCICO.

-¡SOY UN TRONCO! -REPITIÓ EL GATO.

-NO LO DUDO -REPUSO EL RATÓN, PRECAVIDO-. PERO AUNQUE FUERAS UN LADRILLO, NO ME ACERCARÍA. ¡LOS TRONCOS Y LOS LADRILLOS NO TIENEN GARRAS, AMIGO!

DEMUESTRA ESTA FÁBULA QUE LOS HOMBRES SENSATOS, CUANDO HAN EXPERIMENTADO LA MALDAD DE ALGUNAS PERSONAS, NO SE DEJAN ENGAÑAR POR SUS TRETAS.

 

FIN

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