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La historia que enseguida voy a relatarles, me acaba de suceder hace unas pocas semanas. De hecho, fue comenzando junio fecha en la que me mudé de casa. Mi apartamento es pequeño, pero tiene muchÃsimas ventanas y como está ubicado en el quinto piso de un edificio, la vista es inmejorable.
Una tarde, el cielo se ennegreció y en cuestión de segundos se comenzaron a escuchar truenos fortÃsimos. A mà en lo particular me gustan las tormentas fuertes, pues hasta cierto punto el sonido del agua y del viento golpeando contra las paredes me parece relajante. Tomé un libro de la repisa, me acomodé en un sillón y justo cuando me disponÃa a leer empecé a escuchar unos golpecitos en la ventana del comedor.
Fui hacia ella, pero no habÃa nada, ni siquiera una rama que por efecto del viento rosara el vidrio. Apenas habÃa regresado a mi lugar cuando volvà a escuchar aquel sonido, sólo que ahora con mayor fuerza. Era como si con un dedo de la mano estuvieran golpeando, como cuando le tocas al cajero para que te atienda. En fin, esta situación se repitió varias veces, hasta que apareció la figura de un hombre. Lo que llamó mi atención es que éste llevaba la ropa ensangrentada.
Desconozco la razón, pero no sentà miedo, al contrario, abrà la ventana y le pregunté:
– ¿Qué es lo que necesitas?
– Ayuda… ayuda. Era todo lo que decÃa.
– ¿Quieres que te siga?
Él asintió con la cabeza. Me puse una chaqueta y salà corriendo. Cuando llegué a la puerta del edificio, aquel hombre estaba esperándome. La sangre de su vestimenta, habÃa desaparecido por completo.
Me dijo: – ¡No hay tiempo, corre hay que sacarlo!
Lo seguà lo más rápido que pude, hasta que se detuvo frente a un auto que se habÃa estrellado contra la caja de un tráiler. De momento, empecé a escuchar gemidos provenientes del asiento trasero. Se trataba de un niño pequeño, como pude lo saqué de ahà sin hacerle daño. En eso, un escalofrÃo aterrorizante recorrió todo mi cuerpo al percatarme de que aquel hombre que pedÃa auxilio, yacÃa con el cráneo completamente destrozado dentro del vehÃculo.
Poco después llamé a la policÃa informando del accidente. A partir de ese dÃa creo en fantasmas.
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