Aquella mañana ante el espejo tuvo por primera vez conciencia de su edad.
Dibujó círculos con sus dedos alrededor de sus ojos, sonrió y sus blancos dientes se reflejaron en el espejo, pero aquello no era una sonrisa, era una mueca, un ejercicio facial de los muchos que hacía cada mañana.
Sonó el timbre del teléfono. Corrió hacia el aparato dejando caer una silla a su paso.
Descolgó el auricular, la expresión de su cara fue cambiando a medida que su interlocutor hablaba, la expectación del principio se fue tornando en tristeza. Cuando colgó sus ojos brillaban reteniendo unas lágrimas que estaban a punto de salir.
Le habían ofrecido un papel en la nueva obra del autor de moda, pero no era el de protagonista. Su nombre ya no sería el primero en figurar en el afiche, ni en las luces de neón de la entrada del teatro pero después de muchos meses se subiria de nuevo a un escenario. Mejor eso a que se olvidaran de ella.
Otra vez ante el espejo vió pasar como una película retazos de su vida, de su explendor como actriz, de sus muchos éxitos y de nuevo aquella mueca que quería ser una sonrisa se dibujó en él. Y allí ante el espejo de la memoria tomó su última desición. La recordarían como primera actriz.
Es estupendo cómo logras contar algo de la vida normal de una forma tan bella. Felicidades.