-Quiero vengarme.
-Eso no es bueno amor.Esa mujer no va a molestar nunca mas, ya no existe. Los doctores dijeron que tendrÃas que estar calmado, y que no podes abandonar la medicacion si no queres volver a la clÃnica; la verdad es que no quiero tenerte lejos por mas tiempo, y menos pensar que ese recuerdo no nos va a dejar tranquilos nunca más. Tenemos que superar esto, Luis. Tomá la medicación, que voy al super.
Miró la medicacion. Esa pastilla le causaba nauseas, pero igual la tragó. Después de todo su mujer lo queria. Se recostó y prendió el televisor, pero no habÃa nada que le interesara. Cerró los ojos, quiso dormir, pero la claridad de la mañana se lo impidió. intentó ojear un libro, pero era inútil. Un pensamiento recurrente se inflitraba en su mente.
Estaba indignado.TodavÃa la querÃa, pero no podÃa darse el lujo de perdonarla, no después de esa traición. DebÃa evitar pensar en ella, como le recomendaron sus doctores.
Fue hasta el baño, se mojo la cara, y miró fijamente el espejo.
-No vale la pena.- dijo en vos alta
-¿Eso realmente no te importa, verdad? Querés que pague el daño que te causó, que pase por lo que vos pasaste, que sienta la tración en su piel, en su sangre, en su corazón.
-Pero todavia la quiero, la medicación puede hacer efecto, podrÃa funcionar, podrÃa hacerme olvidar lo que hizo.
-No seas tonto. No vamos a volver a pasar por lo mismo sólo porque no podes ponerle un punto final a las cosas. Es necesario un disparo, una pequeña bala, un misero acto de hombrÃa es lo que demando de tu patetica existencia, Luis. O dejame tomar el control, por un momento, prestame tu mano, tu ser, un instante para que seas libre por siempre, para dejar todo atrás.
-Es muy dificil verla y no amarla. Se que vos nunca la quisiste, pero yo la amo con todo mi corazón,no puedo desprenderme de todos los momentos, las caricias, esos besos. No, no puedo.
-Bueno, entonces tampoco vas a poder olvidarte de lo que paso, de lo que hizo. Juan era tu mejor amigo, no?
-¡basta! Eso es pasado, ella cambió
-Solo por afuera, en apariencia
El ruido de la entrada rompió la monotonÃa.Él se volvió a mirar en el espejo, humedeció su cara nuevamente, pero el mareo que lo invadÃa no cesaba. SentÃa un hormigueo en las manos.Temblaba.No podÃa pensar, no podÃa reaccionar, no tenia el control.
Alucinaba, se tambaleaba,sin poder detenerse, sabia donde se dirigÃa. Sin desear detenerse, encontró lo que buscaba.
-Dulce, estás en la habitación? Gritó ella, mientras abrÃa la puerta.
La miró fijamente. Su pelo era color fuego otra vez.Ya no se escondÃa bajo ese falso dorado con quién pretendió ocultar su verdadero yo.
-Te gusta? Pensé que era hora de volver a mi color natural. Ya era hora, no necesito parecer otra persona para mostrar que cambié. Creo que ya dejamos atras mi error.
No podÃa responderle.O no querÃa. Su visión era borrosa, se sentÃa ajeno. Estaba ahÃ, veÃa que sus labios se movian, pero no escuchaba. No comprendÃa.
- Que te pasa? Respondéme, no te quedes ahi parado.
El sonido del disparo ahogó su grito. Cuando comprendió lo que sucedió, aunque no quiso, Luis sonrió.