Un grito desgarrador, inaudito y aterrador se elevo ante lo desconocido. Fiero instante fue y atronador desconcierto ante tal impetuosa incertidumbre. Fue difícil, muy difícil el momento, el tiempo cayendo como hojas muertas ante sí, inclemente segando con fiero ademán cualquier primicia de esperanza.
Muertas las hojas, muertas las esperanzas, muerto todo por la inclemencia del tiempo. Llegó, alarmando llegó, pero como el tiempo todo pasó. Después de aquellos trágicos momentos se cebo la quietud que suele acompañar al trueno. Quietud aterradora también, porque la quietud espanta, como el bullicio o el fuego.
Siguieron percibiéndose alaridos, eran de gran desconsuelo, surgió de pronto una nube blanca como espuma de Cielo. La incertidumbre siguió reinando, fueron momentos eternos de angustia, dolor, algo negro, que pavor daba con sólo escuchar los lamentos.
Pasados grises inciertos tirando a negro, fueron todos los instantes que percibí contemplando el espejo en el que intuí tanto desconcierto.
El grito desgarrado y aterrador me puso inquieto y tuve que mirar aquello tan tremendo, que paso como nube en el Cielo, pero que no dejo de cortar como un cuchillo fiero haciendo gritar ante el dolor intenso.
Desgarro intimo, ante el enfático duelo que provoco el grito que sentí y que me indujo a mirar en el espejo. Todo empezó con aquel grito, luchas, pensamientos. Todo con un rítmico sentir de un gran sentimiento.
Aquello pareció una guarida de lobos hambrientos, acuciaba la prisa, había que hacer todo ligero, fatídicos momentos fueron, pero interminables parecieron.
De roble, el palo mayor hecho, dirigía la orquesta que se monto ante el desconcierto. El gran río remontaron con sacrificios, con empeño, luchando siempre pero acompañados por el amor que tenían en su adentro. Caminaron, claro que caminaron, siempre atentos, siempre todos dispuestos como cadena eslabón a eslabón hecho, hecho ante un hecho por el amor que llevaban dentro.
Sólo lo percibí en el espejo, ante aquel grito atronador que el inclemente tiempo urdió para una elevación superior. La guadaña del tiempo fue tan sólo horrorosa por el desconcierto.