Como cada tarde sali a despedirme del hijo de la noche. No existia mayor placer que sentir la penetracion de su rojizo resplandor en mis afligidos ojos. tu estabas alli, sentado esperandome, con tu abrigo azul. el contraste de los tonos convierten tu presencia en una imagen espectral, y nunca estoy segura de sentirte realmente a mi lado, hasta que no rozo tus languidas manos.
esperamos que su madre, la dulce noche le arrope, y con su descanso, los dos nos separamos, de nuevo a casa, al igual que nuestro niño, el atardecer, durmimos solos