El destino es un pequeño grano de arena postrado entre la inmensidad de una playa, mezclado entre formas y colores de apariencia similar. Una figura en el inmenso mar azul regido por las olas, cambiante y sumiso ante el resplandor de tu ser, olor a tierra mojada que ensucia tu rostro. Masticas, matas y escupes el amanecer, y entre tus parpados piel escondes mi negro destino, el cual, está distante pero alcanzable.
El amor es un ángel, perdido entre el oscuro cielo y la clara paz del alma, borrando el final, para así destrozar el glosario vivo y rojo de tu abuela, que utilizas ante el inminente peligro de vejez. El amor es un palpitar del hombre, necesario para el milagro latente llamado vida, si no cuentas con él, serás un robot que llora ante la soledad del alma, comida de cuervos que con su negro plumaje se anidan en tu pecho.
En fin, el destino amoroso de mi pérdida vida, lo resumen unas cuantas negativas respuestas a mi incesante búsqueda de ti.