El amor hay que cuidarlo, hay que mimarlo, hay que ganarse día a día el derecho a tenerlo entre los brazos, hay que vigilar el sustento que alimente ese cariño, porque sino ese amor es hueco, tan solo superficie plana de toda la profundidad y belleza que un día pudo llegar a tener. El amor hay que cuidarlo, hay que sanearlo de mentiras, hay que despojarlo de tierras secas de envidias y lejanías para que afloren las húmedas raices cercanas de sus realidades y aunque siempre reservemos un trocito de fantasía para poder elevarnos y soñar y creer que nos aman de la misma manera y con la misma intensidad con la que amamos... el amor hay que sentirlo igual al partirlo en dos, hay que notarlo en la piel compartiéndolo en cada beso, en cada abrazo, hay que enredarlo en las sábanas para juguetearlo como divertida realidad, para sacar sus cosquillas de amor niño y apreciarlo en toda su ilusión para que llegue a ser amor crecido, amor sano.
El amor hay que cuidarlo día a día, mes a mes y año a año, para poder ir a su paso y de la mano, para gritarle al viento que se ama con todo el corazón, es necesario que dos personas unan sus labios y estrechen en sintonía sus abrazos, es necesario ese contacto, esa forma de decir con los ojos, con las sonrisas, con los silencios, con los dibujos de las estrellas en nuestras manos... te amo.
El amor hay que cuidarlo, hay que comprender cuando aún es un amor niño, torpe en sus pasos, travieso, lioso y liado, vulnerable, despreocupado, hay que entender cuando va creciendo como se vuelve precavido, más serio, más fuerte, más asentado y sobre todo hay que saber cuando está en ese punto de madurez en el que todo... todo lo vuelve fácil, lo vuelve justo, lo vuelve valiente, lo vuelve sabio.
El amor hay que cuidarlo y quien necesite acallar o ridiculizar ese sentimiento tan puro porque no soporte ver cómo otros han amado en libertad sin ni tan siquiera pedir su trocito de amor correspondiente a cambio, hace tiempo que su amor se volvió díscolo, desobediente, cruel, desalmado y ya tan solo lo viven así, sin creer en él, como un amor mal educado.
Si el amor no se cuida, si es amor del bueno, de ese que nos despierta a veces como si nos fuera la vida en ello necesitarlo a nuestro lado, si es amor del bueno no se muere, se queda como amor niño, como amor sensible y sensibilizado, llora por cualquier cosa, se siente mal, rechazado y tras un tiempo amargo para superar la frustración de no poder amar ni ser amado, busca refugio y cobijo en otro amor más crecido, más responsable, más maduro y entregado, que sepa cómo valorarlo, como alimentarlo para que crezca en besos, pasiones, ilusiones, alegría y abrazos.
Quien piense que el amor puede pervivir solo de unos bellos recuerdos, sin más aliento en un escondido fuego enamorado, sin más comunicación que un guardar silencio como respuesta, sin más alimento de caricias que un poema entre letras adivinado, tan solo se ama a si mismo y vive feliz pensando que amar es solo sentirse enamorado, pero en la realidad cuando necesita amar se acobarda ante un amor niño que nada le pide a cambio o se calla ante un amor valiente que desea saber de qué forma es amado, porque no está dispuesto a compartir un amor a medias... para crecer con él... ya amor de familia, de pareja, de amigos, amor propio, personal, especial o elevado, el amor siempre... hay que cuidarlo.
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Nota de autor: para todos aquellos que aman con amor niño, con amor valiente o con amor reposado.
No permitáis nunca que vuestro amor se vuelva egoista, despreciativo, vulgar... maleducado.