Una hoja prendida de la rama de un árbol se hizo amiga del aire, y cada vez que el viento empujaba el aire con fuerza, éste se guarecía con la hoja del árbol, la cual haciendo oposición al viento, lograba que el aire fresco no fuera arrastrado por la ventisca. Siempre ocurría lo mismo, hasta que un día la hoja se desprendió por la fuerte brisa y quiso apoyarse en su amigo el aire, para evitar males mayores, y fue precisamente el quedar danzando en el aire, la oportunidad que tuvo el viento para batirla con fuerza y arrojarla a gran distancia del árbol.
A veces aquellos a quienes brindamos nuestra ayuda son los menos indicados para ayudarnos cuándo estemos en apuros.
así sucede en la vida diaria más cuando tú eres dirigente político.