Cuando uno siente que no tiene un lugar adónde ir, que todas las puertas que habitan en su ilusión se disipan como las cenizas de un fuego, sucede un milagro.
El tiempo deja lugar a los recuerdos más amados, los fantasmas se proyectan a sus ojos y se visten con siluetas perfumadas, es la magia de la vida.
La gente se abre paso, y uno va ante aquel usado teatro, encontrando el placer más grande.
Escuché decir que la música es el puente del sentimiento, o el canto de la eternidad. No lo sé.
Estaba perdido por las calles y aquel perfume me arrastró hacia un café. "No hay atención - me dijo el mozo -, pero le puedo servir un café"; asentí.
Comencé a pasear mi vista por aquel lugar y en una esquina vi un viejo piano que estaba con la tapa abierta mostrándome sus insinuantes dientes. “¿Puedo usarlo? – pregunté al mozo”; “Puede – respondió”
Me senté sobre su banca y la toqué, con timidez primero, y con afecto después. No supe cuanto tiempo pasó, solo era yo navegando en la música que brotaba como olas en aquel café. Cuando terminé de tocar aquella vieja pieza con el piano, un soplo de otro espacio me inundó, sentí paz.
No quisimos alejarnos, pero, fue inevitable, ya era tarde y el café cerraba. Toque una tecla mas y la cerré…
Mientras me alejaba de aquel café hacia mi hogar, aún el sonido del viejo piano resonaba en todo mi interior… “Sí, - me decía – la música es el sonido del sentimiento…”
MON 30/05/04