Érase un niño, aprendiz de mago, que creó un universo con cuatro “mundos†a los que llamó: Tierra, donde vivÃan conejos; Aire, habitado por hermosas palomas; Agua, poblado de peces multicolores; y Estrella, radiante por sus deslumbrantes luciérnagas.
El pequeño mago se dedicó a observar su creación y se entristeció al ver que no habÃa logrado imitar, con su magia, lo maravilloso del gran universo donde él vivÃa.
Crecieron las poblaciones, se desarrolló la sabidurÃa; pero nacieron las luchas por territorios, por ejercer el gobierno, y tantas actitudes que el niño no conocÃa. Su asombro fue mayor al observar a Tierra: estaba colmada de miseria, rivalidades, resentimientos, deslealtad; nombres que fue dando a cada sentimiento que fue surgiendo.
En Tierra vivÃa una coneja -llamada Madre-, que guiaba a los pequeños conejos en su aprendizaje para ser útiles a ellos mismos, a la familia y a su mundo. Madre no tuvo más noticias de los primeros conejitos que habÃa enseñado a leer y, después de largos años, supo que muchos de ellos viajaron fuera de Tierra.
Un dÃa su corazón se inundó de emoción al recibir una invitación para visitar un mundo, que ya comenzaba a nombrarse en todo el universo, donde no existÃan fronteras y cuyo principal ideal no era ser uno mejor que otro. Este mundo que llamó Alma, fue creado, gracias al poder mágico del pequeño mago, por sus primeros alumnos y conducido por un conejo llamado Gobierno.
La coneja Madre partió hacia Alma, y en el camino vio que Tierra tenÃa tres aros: gris, rojo y marrón; y un arco verde; Aire, Agua y Estrella tenÃan, cada uno, cinco aros: marrón, naranja, azul, amarillo y verde; mientras que el mundo construido por sus conejitos, como siempre los llamaba, lo adornaban siete aros de colores: amarillo, azul, verde, naranja, púrpura violeta y rosa.
Madre preguntó a su guÃa el por qué de la diferencia entre el número de aros y sus colores; a lo el guÃa respondió: -Los colores en Tierra representan los sentimientos y pensamientos de sus habitantes:
Gris, sus intenciones no claras.
Rojo, la agresividad
Marrón, el apego a las cosas materiales negándose a la espiritualidad, y
El arco verde simboliza las riquezas naturales que posee.
De los aros de Aire, Agua y Estrella – siguió diciendo el guÃa-, vemos:
Marrón, igual al que tiene Tierra.
Naranja, existencia de alegrÃa y salud.
Verde, poseedores de riquezas naturales, y verdad.
Azul, tienen consolidada una formación social, económica, polÃtica y cultural.
Amarillo, cultivan los principios morales.
Madre, sorprendida con la explicación del guÃa, le preguntó: -¿A medida que van naciendo virtudes cambian de colores los aros o aparecen otros nuevos?
-Si, -contestó el conejo guÃa.
Veamos, -reflexiona Madre-Tierra tiene tres aros y un arco verde; Aire, Agua y Estrella tienen cuatro aros y sólo tienen en común con Tierra el de color marrón. -Si- reafirmó el conejo guÃa-. Con respecto al color verde, Tierra tiene un arco y Aire, Agua y Estrella tienen un aro. ¿Por qué? ¿Qué representan los aros de Alma?
El conejo guÃa contestó: -Tierra tiene un arco verde porque tiene riquezas naturales, pero a sus habitantes les falta verdad, mientras que los que viven en Aire, Agua y Estrella están entre la verdad y los mundos tienen riquezas naturales; por eso el aro. Guardó silencio por unos segundos y, con una sonrisa, continuó para explicar los aros de Alma. El azul, el amarillo, el verde y el naranja son iguales a los de Aire, Agua y Estrella; ganó tres aros más: violeta, por la demostración del poder comunitario y armónico; púrpura, indica sus pensamientos espirituales; y el aro externo rosado, sella el perfecto control entre la conciencia espiritual y la existencia material.
La manera de vivir en Alma, deberÃa ser imitada por aquellos mundos que tienen muchos años de haberse creado- añadió Madre-
Luego de un largo viaje Madre llegó a Alma y, durante los dÃas que estuvo, vivió maravillada con el orden, la amabilidad, el compañerismo, la prosperidad, el respeto a las leyes… la paz que se respiraba. Llegó el momento de regresar y pidió al conejo Gobierno ayudarla a construir ese ambiente en Tierra. Se le asignaron varios conejos, llamados guÃas, para emprender tan difÃcil tarea.
Por años, Madre y los guÃas, estuvieron educando a los habitantes de Tierra para imitar la forma de vivir de Alma. Llegó un dÃa de inmensa alegrÃa cuando advirtieron que los aros gris, rojo y marrón cambiaron sus colores a amarillo, violeta y púrpura, respectivamente; ya no existÃa un arco sino un aro verde, ya actuaban con la verdad. Además, le salieron los aros azul, naranja y rosado tal cual los tenÃa Alma, para no desaparecer jamás.
Viendo lo que se habÃa logrado, Madre y los guÃas, se dedicaron a ayudar a educar a los habitantes de los otros mundos -distintos de Tierra y de Alma-. Lograron su cometido. Ahora todos los mundos vivÃan en perfecta armonÃa.
El pequeño mago fue tan feliz cuando su universo mágico se pobló de globos multicolores, reinaba el amor… pero, una noche se estremeció al ver que su universo se rompió –cual cáscara de huevo- y los mundos dentro de él se juntaron para formar una esfera matizada y brillante, que se fue elevando hasta situarse en el cielo estrellado.
¡He creado un astro en nuestro universo!- expresó el pequeño mago a su maestro-. Con la mirada hacia el cielo y una sonrisa en sus labios, exclamó: ¡Vida!
De su roto universo mágico sólo quedó un rayo de luz azulina y en él un mensaje: “armonÃa globalâ€.