Un pájaro voló muy alto y se lanzó planeando para acercarse a la gente que lo estaba contemplando. Trinó cuando se poso en un árbol cercano, tenía ritmo su trinar y todos lo escuchaban encantados.
¡Que bonito pájaro!, Decían, ¡Qué lindo su canto!, Parece que quiere decirnos algo.
Y así era, el pájaro quería decir algo para que aquella buena gente oyera, ese algo lo decía cantando, pero ¿quién entiende a un pájaro? Entonces él, que se dio cuenta que su canto era en vano aunque era escuchado, empezó a revolotear y con su vuelo iba formando las letras de su cantar para que aquella gente se enterrara de lo que les estaba contando.
Con los ojos desorbitados la gente contempló aquello y qué entusiasmo, el pájaro les hablaba de Dios al que él había visto allí en lo alto. Perplejos estaban, también un poco asustados pero su mirada no apartaban porque querían aprender algo.
A Dios había visto aquel pájaro, ¡Qué maravilla!, Pensaron, ¡Quién pudiera ser pájaro!.
Pero no todos los pájaros podían decir que habían visto a Dios. Este se veía claro que era un iluminado. ¡Qué sensación de contento!, Que entusiasmo le quedo a aquella gente de que de Dios les hubieran hablado.
Saber sabían que existía, pero así contado parecía cosa distinta y felices se quedaron. El pájaro volvió a emprender el vuelo pero más elevado, hasta llegar al cielo que es de donde bajó planeando.