Esto de ver morir a toda la gente que he conocido, amado y odiado, me hace sentir, con los años, en algo como inmortal… Cada ser que enterraba le ponía una rosa en su tumba y al cabo de algunas semanas brotaba una hierba buena, o mala, pero siempre algo salía… Ante esto, yo me acercaba y las regaba hasta ver que todo este campo de gente durmiente se volviera en un jardín especial.
Desde que se fue el último de todos no he vuelto a acercarme al pueblo, es que es feo pasear por las calles desoladas, y si aparecen siluetas tras una ventana, o los ojos de alguien por el hueco de una puerta, mas parecen parásitos, o tímidas sombras… No sé, pero no me agrada salir de mi cabaña… Además que tengo todo. Si deseo comer, camino hacia un árbol, lo sacudo y caen sus frutos; lo mismo con la vaca a la que diariamente hay que ordeñar, tal como mis padres me enseñaron. Y si uno desea divertirse, tan solo basta mirar el atardecer, o ver volar los pájaros, o escalar la montaña más alta para sentirse renovado y lleno de aventuras realizadas…
Uno nunca está solo, pareciera, porque no hay nadie con quien hablar, pero, desde que estoy escribiendo, me he sentido como si hablara con alguien, con otro hermano… Diariamente escribo una, o dos, o tres, o diez páginas… Las doblo, las meto en una botella, camino durante tres horas hasta llegar al mar y las echo, esperando que algún día, alguien pueda leerlo… Te cuento que si tú estás leyendo estas letras, es que mi vida ha valido la pena… Uno no puede dejar de contar lo que le sucede, siempre busca a alguien para hablar… en este caso: escribir. Y yo, gracias a que mis padres me enseñaron a leer y copiar, he descubierto que escribir es mucho mejor que hablar, pues uno miente de lo más fácil, y si es bueno en esto, parece una gran verdad. Hay veces en que leo lo que escribo y me gusta, pareciera que fuera otra persona, por eso es que antes de botar mis cartas al mar, la guardo dos o tres días y las leo… No se imaginan lo bien que uno se siente al saber que hay tanto en uno mismo, que uno es más de uno, es como dice en la Biblia: Mi nombre es legión…
Seguro quieren saber quien soy yo. La verdad es que no lo sé, puedo decirles mi nombre, edad, oficio, y un montón de cosas que realizo, pero eso es lo que hago o me han puesto desde que nací en esta isla; pero, mirando las montañas, los animales, las plantas, me doy cuenta que nadie tiene un nombre ni nada, simplemente ellos son como son, sin nombre ni edad… por eso me he dado cuenta que todos somos legión, o mejor es decir que todos somos hermanos, como dedos de una mano… Sin embargo, hay algo que yo sí tengo que los demás no tienen, eso es que puedo viajar muy lejos con tan solo cerrar los ojos. Yo puedo imaginar. Ser un ave y sentirme como ellos, es decir, una persona es fantástica… Sí, todos somos una cosa, como hermanos, pero uno como yo, se da cuenta de eso, y tiene que contarlo a sus otros hermanos…
Lima, 16/12/04