Esto le sucedió una vez a un amigo en un viaje por carretera de esos
larguísimos que uno nunca sabe cuando va a llegar, cuenta él que ya
llevaba como diez horas seguidas manejando, cuando de pronto miró
por el espejo retrovisor y vió una figura vestida de blanco que estaba
sentada en el asiento de atrás, la cual se movía como con ganas de
tocarlo.
Cuenta mi amigo que cuando vio aquello, se le erizó el cuerpo y un
sudor frió le mojó la ropa, entonces decidió imprimirle más velocidad
al auto para ver si podía llegar a un puesto de carretera, o a una
estación de servicio para bajarse.
Él seguía manejando con los nervios elevados a su máxima
expresión, de vez en cuando sin querer, volteaba hacia atrás para
ver si la figura seguía allí… efectivamente allí estaba.
Después de recorrer unos cuantos kilómetros, al fin llegó a una
estación de servicio, se bajó y entró corriendo a punto de
desmayarse, como pudo le dijo al hombre lo que le venia
sucediendo, éste muy solicito se dispuso a ir con él al carro a mirar,
tomó una linterna y ambos se fueron muertos de miedo a ver si el
espanto se había retirado.
Oh! sorpresa, no había nadie, la figura vestida de blanco que él
había visto, era su ropa que llevaba colgada de un gancho y con el
bamboleo de la velocidad se movía en forma fantasmal, no se
imaginan la vergüenza que pasó, que creo que poco le faltó, o si lo
hizo, no lo dice: Hacerse chichi en los pantalones del miedo.
Yo personalmente creo que eso fue producto del cansancio de tantas
horas de manejo, que lo hicieron ver y creer lo que no existía.