Cuando despertó, aún seguía allí, tiesa… La corriente de ideas y pensamientos perforaron la paz de su alma, y el temor lo dominó.
- No – se dijo – No puedo más…
Salió de su cama y la cogió, pesaba bastante. Usó sus dos brazos, y, con fuerza, la colgó sobre su espalda, y partió.
Era de noche, una que otra luz escapaba de las casas del pueblo, reservados testigos de sus pasos temidos. Llegó al campo santo, la echó y, aún seguía allí, tiesa... Con arte y discreción, empezó a cavar con su ajada pala.
Cuando hubo perforado la medida necesaria, con angustia la miró y, aún seguía allí, tiesa… La tiró a la fosa y la sepultó. Sudado y agotado caminó hacia su casa.
Aún era de noche, las luces de las casas del pueblo estaban ocultas, respiró con alivio y el temor lo soltó. Ya en su hogar, se bañó, se acostó y trató de dormir… pero, cuando abrió los ojos, aún seguía allí, tiesa…
Joe 21/05/04
¿Un crimen pasional?¿Por qué la mató? De hecho... ¿la mató o nunca estuvo viva? Me encanta el relato, sigue así. Saludos. APH