.
.
El tiempo de mi perro no es mi tiempo.
No hay quien cronometre los olores, el picor,
las sensaciones...
Con igual trato me recibe si vengo
de una ausencia de minutos
que si no me ve hace meses.
El perro se queda quieto de repente
con la cabeza gacha y apuntando hacia esa esquina
que yo supongo nada interesante,
quemando un lapso de su vida, y me sorprende.
Media hora humana es tan valiosa en apariencia,
que lo miro un rato y me da risa.
Pero el tiempo suyo no es mi tiempo.
Nunca mi perro, que sepa,
llegó tarde ni pronto a una cita.
Y cuando se tumba una tarde entera
colgando la cara del primer peldaño,
dominándolo todo quieto en el rellano,
entonces desde mi reloj observo
sus desmayadas pupilas y me pregunto
si estará mi perro acaso mirando.
.
.
Ese perro, tu buen perro, Bien se merece tu verso, Que es hermoso y sincero Ya que en tu amor está inmerso. Ya era hora, Luis Jesús, saber de ti. Me tienes abandonado. Un fuerte abrazo Angel