Estaba en el centro de la ciudad paseando por sus calles cuando encontré una librería semi oculta metida en un inmenso callejón y en medio de una ruma gigante de viejos libros. Entré a su espacio y caminé ante los ojos del vendedor y de los millares de libros.
Encontré a mi paso a dos libros que amaba. Los miré y ellos me miraron, y se dejaron coger por mis tibias manos. Comencé a hojearlos y el brillo de una de su páginas iluminó a mis dormidos demonios.
Levanté las velas de mi alma y respiré profundo y me llené de esperanza. Guardé los libros en mi bolso y pagué una monedas al librero, y me fui.
Tomé un coche hacia el hogar, la cloaca, el oculto refugio que llamaban la biblioteca...
Cuando llegué, como la boca de un dragón hambriento, la inmensa puerta de la casa se abrió de par a par, y escuché:
- ¿Qué has traido?
Sonriente y mirando los millares de libros que cubrían la desordenada pieza, le mostré uno de ellos. Se lo abrí y todo el salón pareció alumbrarse, y todos los libros residentes despertaron y anunciaron la llegada de otro hermano, de uno que tiene el brillo de la belleza y la vida entre cada página, cada linea, cada letra...
Luego, me puse a limpiar los dos libros y sentí que los demás se me acercaban hasta mi hombro y observaban al recién llegado. Abrí nuevamente sus páginas, y escuché un frío silencio, y en medio, un sumbido, y al final, una voz sibilante, que decía:
- Un hemano más en nuestro hogar, en el espacio del librero.
Cerré los dos libros y los coloqué con los demás. Caminé hacia la puerta y creí escuchar sus murmullos. No le di demasiada importancia, y cerré la puerta...
JOE 06/05/04