Salió de su casa muy tarde aunque estaba de mañana… Se veía por todos lados a gente con los rostros preocupados, apurados, como si el suelo que pisase quemara…
Miró a su alrededor y sólo escuchaba ruidos de autos, trozos de charlas, y empezó a caminar. Fue allí que una brisa fría le baboseó el perfil, y por ello se detuvo un momento, como si aquel soplo fuese un pájaro o un ser animado con alas etéreas… “¿Por qué me persigues?”; le dijo la brisa. “¿Deseas saber de dónde vengo?” “Si es así… tendrás que buscarme muy lejos”. Le encantó aquel murmullo, y como un trampero de sueños se puso a seguirla…
Ya muy lejos de la ciudad y en la sima de una montaña, la brisa se transfiguró en ventarrones que rozando las filosas rocas, asustaban, detenían y empujaban su curioso caminar, sintiéndose como un hoja de papel en medio de aquellas arrogantes fuerzas…
No se dio cuenta que una sierpe se arrastraba hacia él. El silencio y el umbral de un camino repentino le avisaron que alguien se acercaba con extrañas intenciones… “¡Bah!, no temas… Me extraña tan solo tu presencia…”; le dijo la sierpe. “¿Es que acaso, no encuentras calor en tu rebaño… Qué buscas en lo simplemente extraño, a tus manías?”…
Anonadado, escuchaba el gemido de la sierpe y, cogiendo un palo de madera pensó en protegerse… “¡Bah!, es que no has aprendido que el miedo es tu escondido enemigo… No sabes bien que me arrastro por aquello que temes y que despides de ti?... No temas que, aquello, es también nuestro enemigo”; terminó diciendo la sierpe.
Dejó el palo que lo protegía y, con una sonrisa, extendió su amistoso brazo hacia ella…
Fue entonces que una manada de animales empezó a acercársele. Y cuando todos ellos respiraban el compás de su tranquilidad, del cielo salió una nube, y de la nube un trueno, y del trueno un sonido, y del sonido un grito intenso que detuvo su luminoso mensaje sobre una gris roca… La piedra se volvió de color carmesí y se transformó en diamante, y de aquella hermosa piedra brotó infinitas luces… que iluminaron los rostros de todos los seres animados, causándoles gran contento…
Cuando terminó aquel mensaje luminoso, todos quedaron parados uno junto al otro. Enemigo junto a enemigo, hermano junto a hermano… Luego, todos vieron que del cielo, infinitas perlas de agua caían sobre ellos…
Bajo la protección de una cueva, todos esperaron que el cielo dejara de rociarles con su lluvia. Apenas terminó de llover, aún nadie se movió…
Se puso delante de todos y observó al cielo cambiar lentamente de color, mientras las nubes se diluían en los cielos, como el río en el mar. Cuando el Sol empezó a brillar y a dorarlos, un arco iris salió anunciando la señal del creador…
Cada ser animado empezó a retornar a sus moradas… Todos alababan el mensaje y su reserva, gorjeando la vieja sinfonía natural…
Vio que en su soledad, la oscuridad empezó a teñir cada espacio de todo el valle… Amó aquel momento en que todo se esconde, pintándolo de romance y de misterio… Y como si alguien lo observara, la luna llena se abrió como el párpado del creador, alumbrando su escarchada y sonora oscuridad…
Los cantores de la noche empezaron su balada, y mientras observaba la mortecina función, el cansancio lo esperaba en un rincón… “Ya has visto demasiado, mas, no todo guardarás y asimilarás…”; le dijo el cansancio. “Ve a tu lecho, que tu hermano sueño te espera para contarte sus secretos…”; continuó.
Cerró los ojos y otro espacio se abría ante él… que como nubes coloridas empezaron su inmediata ceremonia…
Joe 27/03/03