Cuando lo vio pasar, su corazón se alegró.
Al día siguiente, salió temprano de su casa a buscarle. Era un día bellamente dorado por el Sol. Después de anunciarse en el Templo Sagrado, esperó. Dos horas después, el Santo le hizo pasar.
Ya frente a él, el hombre tímidamente sonrió.
- ¿Por qué ríes? - le preguntó.
No supo que responder, y sintiéndose triste, dejó escapar una lágrima que roció sus mejillas, pues no se atrevía a empezar a contarle su pesar.
- ¿Por qué lloras? - nuevamente le preguntó.
Anonadado, nada respondió; mientras el Santo comenzó a sonreírle. El hombre se soltó de aquel nudo que le embargaba, y alegremente comenzó a reír. De pronto, el clima comenzó a cambiar; y aquel soleado día, se transformó en un día lluvioso y gris... Y el Santo dijo:
- Así como el Sol brilla sin saber que sus nubes lloran. Así, el hombre, vuelve a brillar como un niño cuando entiende lo que no puede entender.
El hombre se postró a sus pies. Y después de recibir sus bendiciones, se fue en paz a su hogar...
Apenas salió, el Sol volvió a brillar...
JOE 22/10/03