Bajo el cielo estrellado un viejo carromato andaba lentamente, chirriando sus herrumbrados y oxidados ejes, bamboleándose torpemente de uno al otro lado del camino y golpeando su valiosa mercancia sin cuidado alguno. A lomos de tan singular cabalgadura iba un no menos peculiar personaje, con sus manos ajadas y su cuerpo desvencijado. Su tez alumbrada por la noche sacaba mil matices y ahondaba en los misterios de su mÃsera vida, una vida solitaria errando por esos extraños mundos, en busca de un preciado tesoro que perdió y deseaba recuperar.
TenÃa una edad indetyerminada, era dificil incluso el tantear una fecha, un año, una década, en su rostro no habÃa expresión alguna, llena de tersos surcos su cara no reflejaba el paso del tiempo pero si estaba ajada al igual que sus manos y lo que mas confundia era su expresión, era como si en algún momento de su vida alguien le hubiera metido una mano dentro, muy dentro y le hubiera arrancado el alma, era un hombre desalmado.
Siguió su lento caminar, por la mañana seguro que llegarÃa a su destino, siempre un destino distinto, pues por donde pasaba ya nunca volverÃa a pasar. Iba por los pueblos y ciudades buscando la alegrÃa de la gente, siempre era bien recibido, cuando el llegaba las calles normalmente estaban adornadas con cientos de guirnaldas, luces de colores, flores adornando cada balcón y una alegrÃa desmesurada, sin duda estaban de fiesta, él aparcaba su carromato en la plaza, siempre rodeado de otros puestos de donde salÃan ricos olores de buena comida, era su comida, siempre comÃa de prestado.
A media tarde transformaba el carromato y sacaba su valiosa mercaderÃa, sin ella nunca recuperarÃa su apreciado tesoro.
Aérquense, niños y mayores, acérquense para disfrutar del hermoso mundo que acontinuación les mostraré, son cuentos , historias, fabulas llenas de vida.
Pasaba el tiempo y poco a poco docenas de niños y algún que otro mayor somnoliento se agolpaban a su alrededor, entonces sacaba su mercancÃa, sus valiosos tÃteres y comenzaba con el espectáculo, poco a poco iba metiendose en el alma de cada uno de los niños, uno por uno, ya no tenÃa prisa, y sacarsela sin que se dieran cuenta, tan absortos se quedaban con aquellos maravillosos tÃteres que era un trabajo relativamente sencillo. Cunado las tenÃa, las guardaba como un tesoro e iba a ofrecerselas al mejor postor, dios o el diablo, y asà pagar el precio para poder recuperar su ansiado tesoro, su alma.
Se despide de vosotros un titiritero, que vagará por los caminos, alguna vez puede que nos encontremos, ten bien cuidada tu alma es el más preciado de los tesoros, estas seguro que todavÃa la llevas contigo?.
EL CAPTURADOR