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EL ATREVIDO

9 de la mañana

Algo de curioso tiene… algo de esos momentos… durmiendo… mientras el chofer manejaba… rumbo a vender la carga de la fábrica… el sol estaba fuerte… por suerte uso lentes de sol… no pongo mi música clásica… que adormece… solo miraba las calles… la gente emprendedora… carretillas de café y panes… autos sucios y limpios… las pistas llenas de autos… apurados… policías de verde… con celular en la mano… mientras el auto los dejaba en la memoria… el cielo inédito… las aves asustadas…. Camiones blancos… cargando sus cosas que no se ven… rostros de mujeres… labios rojos… cabellos sueltos… cuellos largos…. Sonrío… el anhelo me abraza… pinta escenas triviales… sonrío… y cierro los ojos… quedo dormido… no sueño… solo respiro… en automático… abro los ojos… bajo los paquetes… y camino sobre veredas sucias y viejas… árboles llenos de polvo… entro en la galería… puestos abarrotados de productos… en un espacio pequeño… seres que respiran ambientes comerciales… niños que van y vienen… suben y bajan escaleras… padres que hablan con sus niños… los veo cargar… tan pequeños… bañados de polvo… sudor… comida en sus labios… imágenes suburbanas… suspiro… llega el hombre del café… sonrío… hablamos poco… tomo el café… se va… y hago las cuentas… veo piernas que pasan por mis ojos… caballos enjaulados… salgo a respirar… autos que pasan… alcaldes que salen por los postes… suspiro… salimos… rumbo a otra merced… más gente… más regional… extranjeros en mis ojos… y sigo sudando… salgo… y sigo… sigo… llego al local… voy a casa… silencio… llega la noche… llega la voz de mi ser… y… escribo…

 

Las siete de la noche

Conversaba acerca de los grandes escritores… le dije que en mi experiencia son aquellos que viven con quien lo lee… caminan por lugares en donde uno no se ha atrevido… y me dije… esos son los libros… compañía… mas… en esta parte de mi vida… ya casi no leo… una que otra vez cojo un libro… y lo ojeo una que otra hoja… luego de sentir lontananzas… lo cierro… bajo a mi cuarto y siento que… no debo hablar nada… solo vivir esta soledad… tan rica de memoria… y el silencio que calma cualquier problema… me siento… enciendo la PC… y escribo de aquello que vivo… eso no es nada especial… como hablar con quien nadie te quiera escuchar… sigues y sigues… cuando la noche cobró peso… las luces se prenden… y veo en donde estoy… veo las huellas de todo cuanto pasé… el dinero en la cuenta… el dolor de cabeza… y sabes que todo ha sido maravilloso… sigues escribiendo… y ves lo que pueda pasar… el mañana se presenta… cambia de trajes… luminosas… y sigues escribiendo… mientras suena un cuento de Bukowski… hablando de mujeres… de lujuria… de humildad… y poesía en sus palabras… sonríes… sabes que lo que escriban… aún sigue respirando… como el sueño… y en mi vida… escuchar… se ha vuelto hermoso… pues… cada cual tiene una historia que contar…

 

EL ATREVIDO

El atrevido… cogió lo que tenía… y salió a la calle… el corazón iba por su lado… las piernas sin dudar… en sus manos un papel… letras de un poema… caminó hasta llegar a su casa… el tiempo se detuvo… sudor en su frente… avanzó sin saberlo… tocó la puerta… salió una señora… qué desea?... le entregó una hoja escrita… se dio media vuelta… y corrió… la mujer miró al joven… llamó a su hija… y con la hoja en las manos… no supo qué ocurrió… la hija miró las manos de su madre… qué tienes?... la mujer recordó la hoja… la abrió… y leyó… “te veo siempre… tus ojos alumbran los míos… andas por las calles… y queman mis pensamientos… no sé quién soy… no sé quién eres… solo sé… que sueño con verte… en tus ojos… en tu hablar… y en los pasos que das… te amo… y no sé por qué…”… ambas sintieron cada palabra… y sin decir nada… la madre entendió… que una vez fue joven… y el atrevido… le llevó de vuelta a esos momentos… mientras que la joven… miró a su madre… y se puso a ver la tv…

 

BONDAD

Luego de un tiempo… pienso en el camino… en aquella voz… “la oportunidad de una donación”… no dije nada… recordé a esa persona… joven… con sus padres… llegando con sueño… escuchando… volverse una fiel… mientras observaba… el tiempo pasaba… hasta sin saber cómo… dejé el dogma… la soledad se llenó de mi soledad… mis letras fueron vida… luces en sus pasos… no dije nada… qué decir… solo gratitud… y un vacío hondo… la duda ante el paso a seguir… ¿donación?... suspiré… no dije nada… colgaron… se esfumaron… como una balsa alejándose de mi orilla… la duda se encarnizó… vi… cómo llegué… sin madre… sin maestro… sin fieles… nadie… a mi lado… sentimientos… como niños atentos… vestidos a jugar… allí… uno cayendo… otro ayudando… sonriendo… abrazados… sí… mi orilla era pequeña… cálida…

Uno de los no fieles… escribió su dolor… el estafador… guiando ciegos… hiel en sus letras… qué decir… escucharle… solo eso… aquí… en mi orilla… escucharle… y decir que lo olvidé… fuego al fuego… seguí escuchándole… hasta pasar las horas… aquí en mi orilla…

Qué dudar… solo andar… sin mirar atrás…

La realidad es dura y blanda… el mundo aprieta el sentir… ser duro… no sé… ser como el fuego… en mi orilla… solo hay mar… qué responder… solo escuchar… y ver… que la nada… que la bondad… tome cuerpo… y nos abrace… y así… vivir… un día a la vez… pues… dudo… y solo sé escuchar… ver al golpe apagarse… en la orilla del mar…

Cerraré el sentir… dejaré las realidades… y descansaré… como los niños… que agotados por el juego… duermen con un cuento… en la orilla de su mar…

 

LA CULTURA DE LOS DESPOSEIDOS

fuimos a ver nativos... vestían trapos... la altura de la sierra... golpeaban mi cabeza... ellos me dieron un té... el dolor se fue... les miré a los ojos... brillantes como la luna... dientes blancos... piel cobriza... cuerpos pegados al hueso... el frío quema... hablé... me escucharon... sonrieron... me tomaron de la mano... hasta un río... hermoso... como sus dientes... se tiraron... desnudos... eran peces... el río les mojaba... los miraba... mi hermano los miró.... trajo libros... comida... dinero... madera... construyó un puente... hizo un altar... rezaron allí... una cruz... un cristo... la mirada de mi hermano... la mirada de la tierra... del cielo... eran bondad... como luz de árbol navideño... los nativos se unieron... cogieron flautas... música brotó... bailaron niños... mujeres... ancianos... hasta los árboles... armonía... dentro del hambre... de un lugar donde dormir... les vi... eran sonrisas vivas... mi hermano... les guiaba... a su mundo... donde hay cultura... puentes... medicinas... ellos sonreían... les observaba... por días y noches... saliendo a cazar... me tomaron del brazo... me dieron carne... de un venado... crudo... lo comí... la sangre la bebí... sentí su luz... era un nativo más.... me tiré al río... nadé... fui un pez... una gota más... hasta salir... y sonreír... mojado... libre...

 

EL PAN SOBRE LA MESA

hay veces me escucho demasiado... rumbo a casa... y en el viaje... los impulsos cobran resonancia... tratando de vestirse de conciencia... mirar la actitud... les observo... y luego... a través del aliento... como olas... deshago sus catillos… llega la calma... y me escucho... ¿ocurre algo?... todo está bien... y si está mal... veremos qué hacer… cuando lleguemos a la realidad... imagino que muchos pasan este viaje... quizás no se escuchan... lo han olvidado… no peco de vanidad... solo canto esta realidad… quizás pocos lo entiendan… quizás pocos me escuchen… quizás puedas escucharte… y si es así… la realidad… tendrá el brillo… de un regalo… que se abre… como el pan sobre la mesa… y sabe bien… si… sabe bien…

 

EL AMOR MAS GRANDE

en la vida... hay amores grandes... y cuando maduran... su sabor es dulce... y sientes que algo nace.... en ti... sin posesión... solo amor... desbordándose... hasta sentir... que una vela se apaga... y una casa se enciende... y allí... ya no hay dudas... caminas solo... sabiendo que el corazón llora... pero es así.... lo que duele... es amor... quizás nunca sepas cuánto le amaste... quizás no entiendas todo lo que pasaste... pero... ya en tu hogar... solo queda continuar... mirando tu verdad... la que nace del dolor... como un bebé... su llanto es dulce... para luego... abrazar la vida... continuar amando... sin carga ni cruces... libertad... con el corazón vibrando... y con ganas de cantar... a ti, que aprendiste a perdonar... pues tu andar no acaba... hasta el sueño final... con la luz en tus ojos... y el aliento en tu corazón... quizás nadie te recuerde... tú les recordarás... vives en paz... sin ataduras... con punzadas... así es la vida... una herida... que no termina.... hasta que... no lo sé... no lo sé… quizás así es la vida… no entenderla…
Datos del Cuento
  • Autor: joe
  • Código: 71028
  • Fecha: 13-10-2026
  • Valoración:
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