Hace unos días escuché a un anciano decir que la vida es una mierda. Su voz sonó tan honesta, tan pesada, tan vivida que tuve que mirarlo un momento a los ojos para saber si eran ciertas sus palabras. Un impulso me arrastró hacia sus brazos, y ya pegado a él, oliendo aquel saco ajado de grasa, polillas y, del tiempo que arrastraba, le dije:
- Anciano, la vida es muy hermosa.
Él me miro y, su rostro comenzó a arrugarse y a oscurecerse; luego, me empujó de su lado y me escupió al rostro.
- ¡Basura! ¡Eres una basura! ¡Lárgate de mi vista... Drogadicto de mierda! – me dijo.
Me puse helado y, aún en shock, amarillo del susto; luego, lentamente comencé a alejarme del viejo. De pronto, sentí un aguijón en mi alma, y retorné a su lado. Cuando ya estuve casi frente a él... lo vi llorando como un niño, tenía un carrito de juguete que lo mecía de un lado a otro, un perro sucio que le lamía sus nudosas manos y un arcaico bastón de madera que lo meneaba con el pie... Al sentirme acercarme, se levantó, irguió el rostro y, reposadamente me dijo:
- Es verdad lo que dices muchacho, pero, será mejor que no regreses nunca mas, pues yo, ya no puedo ver, ni regresar a tu paraíso, pues ya no tengo fe, ni ganas de vivir...
Me di media vuelta y comencé a caminar sobre mis huellas, y cuando ya lo había perdido de vista, miré hacia el Sol, y sentí tanta dicha de estar vivo que... hubo un momento en que era demasiado y comencé de dicha a llorar...
Joe 17/12/03