Dos Lagrimas
Hacia tanto calor ese dÃa, Tania podÃa sentir sobre su piel esa sensación de fuego que recorrÃa todo su cuerpo y no habÃa modo de eliminarla, tal vez fuera que el aire estaba demasiado cargado, demasiados aromasen conjunto como una marabunta subiendo por su nariz hasta instalarse en el cerebro, quizá fuera que – y esto era extremadamente extraño – Tania estaba sola, su madre habÃa salido de emergencia y no regresarÃa hasta la semana siguiente; su padre, bueno hacia mucho desde la ultima vez que tuvo la certeza de donde poder encontrarlo; sus hermanos, ellos si habÃan aceptado pasar el verano fuera, en casa de su tÃa; pero ella no, no podÃa apartarse de la casa, no podÃa separarse de Daniel, lo amaba tanto , o al menos eso creÃa ¿En verdad lo amaba?, todo habÃa comenzado tan rápido, en realidad no llevaban tanto tiempo juntos y sin embargo no podÃa recordar el inicio...
En fin fuera la razón que fuera el dÃa se sentÃa tan raro, algo faltaba, o quizá algo estaba de mas, se respiraba por encima del bochorno. Comenzaba a sentir miedo, era extraño, no recordaba haber sentido miedo nunca antes, tal vez siempre habÃa sido una chica muy extraña, nada le daba miedo, pero tampoco sentÃa emoción, excitación, o alegrÃa, es mas ni siquiera recordaba haber llorado nunca antes, su madre tampoco hablaba de sus llantos de bebe, solo decÃa que tenia los ojos mas expresivos del mundo, y que en el preciso instante de verlos podÃa adivinar de un solo golpe lo que andaba bien o mal. “Bonito dÃa para pensar todo esto†pensaba Tania, pero las imágenes y las frases golpeaban su cabeza a tanta velocidad, que sentada el sofá no le permitÃan moverse y querÃa hacerlo.
Moverse??? Otra de sus rarezas, corrÃa tan rápido, brincaba como nadie, habÃa sido varias veces la campeona de atletismo; otra vez lo mismo jamás pudo sentirse feliz por ello, solo existÃa la certeza de haberlo logrado y lo peor de todo no recordaba haber sentido el cansancio obvio, ni las huellas que deja un esfuerzo como ese, recordaba los gritos las felicitaciones, pero las imágenes se perdÃan.
Un vez mas esa presencia, esa extraña sensación de ser acechada ¿qué era? Estaba perturbándola; si tan solo Daniel llegara, gracias a Dios siempre lo hacia en el momento preciso para salvarla, de hacia un tiempo a la fecha siempre se metÃa en problemas, pero nunca hubo miedo, solo la llegada de Daniel y arreglaba las cosas. Lo único que recordaba era su rostro presente, pero a decir verdad el timbre de su voz no estaba en su memoria, ¿ y entonces como recordaba tantas cosas que el habÃa dicho? Pensándolo bien, solo sabia pero jamás oyó nada.
Daniel!! Que tranquilidad inspiraba tan solo recordar su rostro, tan fino, tan luminoso, pero en realidad grababa esa imagen en su corazón, su mente no podÃa enumerar los detalles materiales de ese rostro; ya se estaba cansando de esto, o tenia muy mala memoria o... ¿O que? ... no habÃa una respuesta.
“¿ Daniel... por que no apareces?, ¿qué me esta pasando?, aun no puedo movermeâ€... nada ni siquiera contesta el eco. Tania cierra los ojos, la sensación de una mano tocando su brazo, una respiración, un beso ... ¿Daniel? Nada , habÃa empezado a soñar, pero sintió exactamente lo mismo que la primera vez que el se decidió a tocarla, Daniel era extraño también, en cierto modo se parecÃa tanto a ella, reservado, enigmático, como si viviera en su propio mundo, la única diferencia era la seguridad que reflejaba, la misma que Tania no tenia.
Esta casa, siempre la odio y ahora esa presencia, otra vez la misma sensación pánico, ahora si estaba asustada; un flashaso, algo extraño, Daniel, su mano, un beso.. ¡!al fin un beso!! Tan cálido, y tan frió al mismo tiempo, parpadea, que rostro tan bello, jamás terminarÃa de sentir ese rostro en su corazón.
“¿Daniel?, ¿Qué pasa, por que lloras?†una lagrima habÃa rodado por su mejilla y se poso en su cuello mientras ella lo abrazaba.
De pronto lo supo, Daniel se lo dijo ¿Se lo dijo?, mas bien hizo que lo supiera, por que nunca pronuncio palabra... tenÃan que irse, no pertenecÃan a este mundo, no eran de el mismo material que el resto de la gente; esa presencia; Daniel la habÃa buscado tanto tiempo, querÃa salvarla tenia que hacerlo, el momento habÃa llegado al fin. Frió por primera ves conocÃa el frió, demasiado doloroso. Pero era un frió en el alma, ¿tenia un alma? ¿ entonces por que no sentÃa nada?
La presencia se hacia mas grande, se acercaba, Tania comenzaba a temblar, al menos ya podÃa moverse, de nuevo Daniel, sin decir nada hablaba con ella “ No te asustes, es nuestro tiempo, aquà estoy, nacimos juntos, y otra vez estaremos en nuestro lugar, en nuestro verdadero espacioâ€, mientras esto llegaba a la mente de Tania, Daniel se ponÃa de pie y elevaba los brazos. La presencia se acercaba, “ es la nada, dame tu mano, ¡No te asustes¡, ¡es ahora o moriremos¡ ¡ Nos perderemos para siempre¡ ¡ Tania dame un beso¡.....
Silencio, la sala quedo vacÃa en un parpadeo, sobre la alfombra dos gotas de agua se unÃan al tiempo que se evaporaban como si un fuego las obligara a elevarse como vapor al cielo.
Algunas veces damos tanta vida a los recuerdos que las lagrimas que se derraman por ellos cobran vida en nuestro propio espacio, unidas, nacieron juntas y al tiempo que perdemos la esperanza su vida va desapareciendo, y la ilusión se pierde en la nada; pero esos entes de vida ilusoria luchan por sobrevivir o por regresar al corazón donde comenzó su tiempo.
Alejandra Martos Maffey