Regando en llanto crisantermos que duermen a la sombra de cipreses resecos, vaciando botellas de ginebra, por si en el fondo de alguna se esconde el olvido. Rezando al primer dios que me haga caso un apartamento en el cielo para estar contigo. Te conocí el mismo dia que conocí el amor, vestido de rosa, y te fuiste un día que San Pedro te llamó por tu nombre casi sin avisar , cruzando una calle plagada de conductores daltónicos que no distinguen el rojo del verde. Y se abrieron las puertas de los jardines del Edén, y para mí se abrió un infierno artificial de soledades ajenas y de dolor propio. Un epitafio en lágrimas sobre piedra, para decirte que el amor no murió contigo, ni el olvido toca el timbre de mi casa sin ventanas, ni contesta a mis llamadas de pedir auxilio desesperado, ni la tristeza abandona mi salón deshecho, bebiendo cervezas en lata y viendo programas de marujas televisivas. Dicen que la vida sigue, pero la vida ya no es vida, ni sé si volverá a serlo. Prefiero decir adios, prefiero llamar a Dios por el intercomunicador para que alguien me abra la puerta, combinado de pastillas y un vaso de ginebra, pasaporte hacia el Cielo, donde se esconde el amor.