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Categoría: Infantiles

Diminuto deseo

Vaya este cuento dedicado a una hermosa familia construida con respeto, mimo e ilusión que por un detalle de esos especiales que un día me regaló la vida, me tiene atrapado el corazón aunque jamás lleguen a saber el motivo de tal sentimiento. Les agradezco la foto que hace unas semanas me enviaron del nuevo miembro de su familia, un lindo bebé que acunado en los brazos de su madre acompaña en belleza y dulzura a su hermanita.
Tal vez un día esas dos pequeñas se duerman en sus camitas escuchando alguno de mis cuentos.

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Había una vez un pájaro, un diminuto pájaro con grandes aspiraciones; él quería ser un pájaro de esos que se dicen tienen grandes vuelos, pues su mayor sueño era poder volar lo suficientemente alto para posarse encima de la rama más elevada que se hallaba en el poderoso árbol en el qué había nacido.

Todas las mañanas aquel pájaro miraba a lo alto y se decía: bueno, vamos a intentarlo, a ver si hoy consigo llegar hasta la más alta rama, la vista desde ahí debe ser espléndida. Y con gran entusiasmo agitaba su alitas y comenzaba su vuelo. Subía y subía y subía pero a la altura ya de unas ramas intermedias su cuerpo comenzaba a dejar sentir el esfuerzo y tras unos aleteos más, se dejaba mecer por el suave viento hasta que regresaba a su nido de rama baja con el pico bajo y las alas entregadas en su decepción.

Así fue transcurriendo mucho tiempo sin que el pájaro apenas lograra en su vuelo rápido alcanzar unos metros; hasta que un buen día llegaron a ese jardín un montón de pájaros y se posaron alegres en distintas ramas de aquel hermoso árbol, eran tantos que el alboroto que causaron era muy grande. Aquel pajarito viendo a tantos y tantos compañeros de especie pensó: estos pájaros tal vez me ayuden a llegar hasta lo alto de la más alta rama de este árbol, voy a pedirles que me dejen subirme a sus espaldas y así me llevarán volando hasta la rama más alta, voy a pedir esa ayuda, sí ellos pueden ayudarme fijo!. Y terminado su pensamiento remontó decidido su vuelo desde la baja rama en que vivía llegó hasta una de las ramas intermedias, se posó y trató de hablar con uno de esos ruidosos pájaros que reposaba plácidamente.
¿podrías dejar que me coloque en tu espalda y me lleves a la rama más alta del árbol, por favor?
Y ¿para qué quieres tú llegar a la más alta rama?, le preguntó el otro pájaro con tono irónico sin atender a sus palabras. Con lo pequeño que eres mejor será que te quedes en las ramas que te corresponden, las más bajas, el viento que sopla allí arriba podría matarte de un susto, ja, ja, ja, reía el pájaro sin más miramientos ni consideración hacia la moral del pajarillo que se entristecía con tanta carcajada.

El pequeño ave apenado por tal desprecio, cabizbajo, se alejó al extremo de aquella rama. Pero al mirar hacia arriba, apreció que un poco elevado, en otra rama, otro pájaro descansaba con los ojitos cerrados con gran serenidad y creyendo que tal vez podría ayudarle hacia él levantó el vuelo. Llegando a su lado le hizo la misma extraña petición. El pájaro apenas le miró y le contestó: déjame tranquilo, ¿no ves que estoy descansando? es mejor que te ocupes en regresar a tu nido y no hagas peticiones tan raras, los pajaros pequeños siempre viven en las ramas más cercanas a tierra, así ha sido siempre, sólo los grandes pájaros, las águilas, por ejemplo, se posan sin dificultad en las altas ramas, solo ellos dominan el paisaje. Los demás hemos de conformarnos con vivir en una menor altura de rama y envidiar a quienes pueden surcar los cielos sin limitaciones.

Aquello al pajarillo le apenó mucho y le restó mitivación, pero lejos de desesperanzarse, pues era muy terco, él seguía creyendo que alguno de esos pájaros sí que accedería a prestar sus espaldas. Así que mirando a su alrededor, viendo que en otra rama superior había otro compañero hacia allá fue. Esta vez el pájaro le dijo, qué bonito deseo tienes!!, pero... qué pena!, yo no puedo ayudarte... eso que pides es imposible... es imposible... mis espaldas son débiles y están cansadas. Sabes?, yo muchas veces he soñado con ver el paisaje desde lo alto, pero eso me dijeron que no era posible así que ya olvidé mi deseo y vivo tranquilo y sin alteraciones en la rama en la que alcanzo a posarme y no pido más, es de tontos esforzarse y cansarse en lo que no se va a conseguir, olvídate de ello, vivirás más feliz, le dijo como consejo y tras estas palabras siguió con sus pensamientos y le dio la espalda.

El pajarillo se apenó de nuevo ante tal confidencia y actitud, era escaso el espíritu de sacrificio de aquel otro pájaro pero viendo que era imposible convencerle de que lo intentaran juntos se alejó de su lado. Tras varios intentos y rechazos, lo que no pudo percibir el pajarito es que en sus múltiples escaladas de rama en rama apenas estaba ya a unos metros de alcanzar la rama más alta, pero, sin embargo, aquel pájaro diminuto, pendiente de que alguna de esas aves se apiadara de él y le ofreciera las plumas de su lomo, seguía preguntando sin percatarse de tal hecho. Tal era su empeño que a escasa distancia del punto más alto de aquel árbol, vio otro pájaro y mientras se acercaba a él pensaba: este parece más grande y fuerte, seguro que este tiene anchas espaldas y puede ayudarme, tal vez éste incluso haya estado allí arriba y pueda decirme qué se ve. Y mientras se espernzaba con tal idea, de repente se oyó un poderoso agite de alas y todos los pájaros salieron volando asustados de sus ramas. El pajarillo no entendía que pasaba cuando de pronto vió un ave majestuosa posarse con gran elegancia en una rama contigua a la suya. Tras unos segundos de puro pánico y tratando de no sentir miedo ante su envergadura el pajarillo entendió que un pájaro tan enorme no tendría dificultad en cargale a sus espaldas y ayudarle a cumplir su sueño. así que precavido pero armándose de valor se acercó al gran pájaro y le hizo su acostumbrada petición, aunque con la voz más temblorosa de lo normal pues le intimidaba mucho su tamaño. El gran ave bajando su gran cabeza se quedó boquiabierto viendo a semejante pequeño ser, que casi ocupaba de tamaño de una de sus patas, posado en una de esas ramas tan altas pero, sin embargo, sonriendo tras lo escuchado le dijo: tienes suerte, yo puedo ayudarte. Ah, exclamó el pequeño pájaro mostrándose confiado y tranquilo, gracias!, dime ¿cómo hago para poder subirme a tu espada y que me acerques hasta la rama más alta? Y entonces, el noble pájaro con una serena sonrisa de sabiduría abrió una de sus alas y le dijo: ven, súbete a mi ala. El pajarito sin pensarlo dos veces de un saltito se posó en el mullido plumón de aquel ave y éste sin ningún esfuerzo estiró su ala completamente llegando a tocar con la punto de sus plumas la rama más alta de aquel enorme árbol.

El pajarillo solo tuvo que andar unos pasitos por la pasarela de plumas y llegó así a la rama más alta de aquel frondoso árbol. Estaba tan contento, tan henchido de gozo, que no sabía como dar las gracias, gracias! decía una y otra vez, muchas gracias por ayudarme!!! y saltaba y saltaba y volvía a saltar y brincaba sobre aquella rama, dando muestras de la enorme felicidad que le embargaba. Qué paisaje tan bello, ya sabía yo que desde aquí arriba iba a ver algo muy bello!!, decía el pájaro emocionado y con la voz temblando por la ilusión conseguida.
En el resto de las ramas ya se había corrido la voz de la poeza de aquel pajarito tan diminuto y poco a poco el resto de aves, curiosas y siguiendo su rastro, iban escalando más y más ramas, tal y como lo había hecho aquel pequeño ser alado que sin saber que pedía un imposible, cumplió su elevado sueño.

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Moraleja:

No nacemos con nuestros sueños cumplidos y siempre soñamos lo que deseamos alcanzar. Solo aquellos que piensen que su sueño no es imposible serán ayudados en su esfuerzo para hacerlo realidad. Aunque la forma de conseguirlo sea lo más inesperado y alejado a su ilusionado esfuerzo.
La constancia es virtud de los fuertes y reconocimiento de los más sabios.
Datos del Cuento
  • Categoría: Infantiles
  • Media: 5.35
  • Votos: 77
  • Envios: 4
  • Lecturas: 2325
  • Valoración:
Comentarios


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1 comentarios. Página 1 de 1
Angel F. Félix
invitado-Angel F. Félix 28-10-2005 00:00:00

El pajarito escalaba, Y detrás iba dejando A los que de él burlaban, Hasta que fue llegando A la cima anhelada. Porque es bien cierto Qué, quién busca con tesón, Logra alcanzar el puesto Que es de su predilección. (“Diminuto deseo”, de Lágrima Azul) Bonito y educativo cuento que bien merece un 10